Hoy el cuerpo atraviesa por una crisis epistémica. A partir de una genealogía del cuerpo, de las teorías que sostiene el psicoanálisis sobre éste y con el complejo de Edipo de fondo, Fernanda Magallanes presenta la necesidad de encontrar nuevas formas para pensar al cuerpo. Este texto se basa en su libro Psychoanalysis, the Body and the Oedipal Plot: a Critical Re-Imaging of the Body in Psychoanalysis (Routledge, 2018), descrito por Judith Butler como “un trabajo novedoso y vigorizante que amplía los vínculos entre el psicoanálisis y la literatura a la luz de nuevos entendimientos de la sexualidad y el deseo”.


En el dominio cultural de la actualidad aparecen varias formas de pensar la diferencia sexual, diferentes prácticas que delimitan lo que es o no posible para un cuerpo. Desde el hecho de que el ser humano pueda viajar por el universo hasta el uso de nuevas tecnologías, las cirugías de reasignación de sexo o las prácticas de reproducción asistida, hoy aparece una noción de cuerpo que aún está por pensarse.

Esto representa un reto para el psicoanálisis en tanto disciplina que trabaja con el cuerpo. Para cambiar el estatuto de no representabilidad en los cuerpos no tradicionales para la clínica –aquellos que “no pertenecen al complejo de Edipo”– necesitamos preguntarnos por el lugar que tiene este concepto como eje central del psicoanálisis. Nuevas formas de narrar el cuerpo permitirían pensar la diferencia sexual y las neosexualidades contemporáneas, al tiempo que proponer una idea política de no violencia y de trabajo con los cuerpos diferentes.

Freud dijo que el complejo de Edipo es el shibboleth (uso de lengua particular a un origen social o regional determinado) del psicoanálisis, al grado de sugerir que aquellos que no se adscribiesen al concepto no podrían llamarse a sí mismos psicoanalistas. Hacer de la interpretación del Edipo de Freud una matriz universal bajo la cual pensar a los sujetos implica una cierta forma de interpretar en psicoanálisis y de comprender las estructuras psíquicas que se configuran a través de los mecanismos de represión, repudio y renegación. En la trama edípica, algunos cuerpos son pensados como legítimos mientras otros son abyectos, expulsados de los límites de inteligibilidad del aparato social.

En lugar de que Edipo sea un eje interpretativo, es la base fundacional de los conceptos que distribuyen a los cuerpos según una normalización disciplinada e idealizada. Es por esto que el Edipo como trama debería trabajarse en su iterabilidad (cualidad de no comparación) dentro de la teoría psicoanalítica. El psicoanálisis debería tener un carácter liberador y de escucha al sufrimiento que padece un sujeto, no de constricción. La preeminencia del Edipo diferencia a los cuerpos que son legitimizados como cuerpos que importan y necesariamente hace de otros cuerpos, cuerpos abyectos, especialmente aquellos que no son hombres cisgénero.

Para Freud, Edipo es la trama inconsciente universal, pero yo sostengo que hoy esa es una construcción inteligible porque ha sido pensada y apalabrada y por tanto ya no puede ser considerada del todo inconsciente. Si Freud pudo utilizar al complejo de Edipo como una metáfora del desarrollo de la sexualidad humana es porque ese complejo es del dominio de lo pensable. Lo inconsciente no inteligible es aquello que resiste a la representación, pero la representación es necesaria para tener la idea de que tenemos un cuerpo y de representar al rededor de la imagen inconsciente del cuerpo.

Siguiendo al propio Freud, pero también a Richard Wollheim, Joyce McDougall, Piera Aulagnier y Preciado hago una lectura del cuerpo archivo que guarda prácticas políticas y sociales. Para devenir cuerpo, necesariamente nos adscribimos a entramados narrativos que permiten pertenecer a la cultura. Los cuerpos estamos sujetos a cambios históricos y a diferentes narrativas. Esto es reiterado en la teoría psicoanalítica pero ha sido cuestionado por el hecho  de que la trama edípica de Freud se entiende como el entramado necesario en la era moderna para dar cuenta de cuerpos que no encontraban representabilidad.

Cuando los cuerpos no encuentran un orden simbólico que los represente, los límites se vuelven borrosos y su unidad se rompe. Freud tuvo la genialidad para pensar en un entramado tomado de la tragedia griega que pudiera dar cierto orden a los cuerpos en crisis y funcionó. El problema es que dentro del psicoanálisis esta trama se convirtió en una representación univoca de lo que se supone que debe ser el cuerpo.

En diferentes aproximaciones al problema que Edipo aporta a la teoría como ordenador de los cuerpos, así como a toda una forma que  le ha funcionado a nuestra cultura, Élisabeth Roudinesco y Paul B. Preciado proponen que algunas de las manifestaciones que se observan hoy en los sujetos no responden a la trama edípica. Preciado dice que estamos frente a una “nueva crisis epistémica del cuerpo” y propone un estudio de la genealogía del poder implícito en el cuerpo, lo mismo que a la necesidad de crear nuevos mitos acerca del cuerpo. Por otra parte, para Roudinesco debemos dejar de pensar en Edipo para comprender a los cuerpos y la diferencia sexual del día de hoy. Frente a la noción de que las familias homoparentales no corresponden a la trama edípica, su respuesta es cambiar de mitos.

El complejo de Edipo devino universal y se pensó dentro del psicoanálisis como un indisputable organizador de las pulsiones. Esto eventualmente significó que el precio de convertirse en cuerpo en la cultura occidental implica adscribirse al orden androcrático que la trama edípica caracteriza. Con orden androcrático me refiero al lugar central que se le ha otorgado al varón y a su punto de vista. El complejo de Edipo ha girado en torno a la problemática de tener, perder o no tener pene; e incluso cuando se ha dicho que no se trata del pene sino del falo (un representante de lo que no hay), la imagen sigue siendo masculina.

La imposición de dicho aparato androcrático bajo el que funciona hoy la cultura funciona es violento. Los cuerpos que resisten este orden androcéntrico son abyectos; su resistencia a adscribirse a la trama edípica podría hablar de otras tramas que no han sido pensadas hoy. Mi trabajo implica decir que la violencia del ser humano no solo nace de sus pulsiones sino también de sus ideales androcráticos que en psicoanálisis se han perpetuado a través de la escena edípica. Con ello quiero decir que la violencia en nuestra cultura emerge no solo de nuestra dificultad para ligar representaciones de imagen con palabras, esto es, de apalabrar y simbolizar; sino también como una consecuencia de los entramados que utilizamos para representar nuestros cuerpos en las palabras.

No sostengo que la creación de una nueva trama o narrativa pueda representar a todos los cuerpos completamente (los de hoy y los del futuro). Más bien sostengo que se debe trabajar con Edipo como un signo dentro del pensamiento psicoanalítico y trabajar los significados de ese signo, por la relación recíproca entre signo y cuerpo.   Esto cambiaría el marco en que el psicoanálisis ha pensado a Edipo como una figura de representabilidad y no como aquel que ha sido abyecto. En este sentido, también propongo otras formas de reconocimiento de la diferencia que no producen violencia cuando nos damos cuenta de que el acto continuo de representar la imagen del cuerpo y lo que retorna de lo inconsciente.

La trama edípica ha influido en el concepto de diferencia en psicoanálisis y en la manera en que pensamos diversidad sexual y género. Para Freud, los niños tienen teorías sexuales que le atribuyen un pene a todos los seres humanos, por lo que la diferencia sexual en el psicoanálisis borra cualquier categoría de diferencia que no sea  explicada por el pene como representante. Como sabemos, Freud comprendió los cuerpos femeninos como cuerpos que desean algo que el hombre tiene. Es un entramado, en donde sólo los hombres participan del dominio de lo que no ha de ser abyecto. La trama edípica posiciona a la heterosexualidad masculina en el dominio de lo inteligible y cualquier cosa que no se le parezca acaba en el dominio de lo no pensable.

Para cambiar el estatuto de cuerpos abyectos, propongo pensar en Edipo como ese que sufría de no-representabilidad. Esta estrategia no inventa nuevas tramas pero expone los límites de la trama edípica y revela como la abyección de otros cuerpos es una mera proyección de la ruptura de la imagen del cuerpo.

En Edipo en Colona, Antígona lleva a Edipo ya ciego a la ciudad. Él ya había cometido el parricidio y el incesto y se había arrancado los ojos como autocastigo. Ahora, quería tener un lugar en donde descansar por siempre. Edipo ya no se preguntaba a sí mismo quién era el rey o de qué trata ser rey o ser padre. Su preocupación sería donde encontraría hospitalidad para que su cuerpo descanse para siempre. En este punto de la historia, Edipo era un extraño cuya presencia no era legítima dentro de la casa del lenguaje. Si hay algo universal en la tragedia de Edipo, es su estatuto de extraño. Universal en el sentido de que todos los cuerpos son vulnerables a su ruptura pues al depender de entramados para representar nuestro cuerpo, el statu de ser extraño está dentro de cada uno de nosotros.

Las transgresiones de Edipo rompieron con su lugar dentro de las leyes de parentesco y lo dejaron sin lugar donde ser enterrado. Esto es, no sólo perdió un espacio material para que su cuerpo descansara sino también las coordenadas simbólicas dentro de su parentesco. Ser parte de su linaje dejó en Antígona la herencia de no tener un espacio simbólico para su cuerpo, un estatuto de extrañeza. Eventualmente, Antígona cometió suicidio y su muerte puede ser vista como una reedición transgeneracional de su dificultad para tener un cuerpo. Como aquellos cuerpos que hoy se describen como difíciles para la clínica hoy, la imagen de su cuerpo no encontró forma de ser representada.

El status de extrañeza de Edipo y su parentesco nos confronta con ese extraño que hay en cada uno de nosotros. Este status de extraño es universal pero se manifiesta de maneras más fuertes si uno es abyecto del aparato social. Negar esa parte de nosotros que es un extraño, borra la diferencia y posiciona al extraño como un cuerpo abyecto. No preguntarnos quiénes somos y quién es el otro, nos hace a nosotros o a esos otros parásitos. En el psicoanálisis, Edipo es la figura que nos permite ver que lo que hacemos abyecto regresa de lo inconsciente para ser cuestionado y representado. Pero si no tomamos a nuestro cargo la responsabilidad de preguntar a ese extraño que retorna quién es dentro de nosotros, se borra la posibilidad de ser hospitalarios con nosotros mismos.

 

Fernanda Magallanes
Psicoanalista y profesora en el departamento de filosofía de la Universidad Iberoamericana. Doctora en Filosofía, Arte y Pensamiento Crítico por The European Graduate School

Psychoanalysis, the body and the Oedipal Plot puede conseguirse en la Ciudad de México en La Increíble Librería (Jalapa 129, Colonia Roma) y fuera del país en cualquier librería internacional. Este también puede ser enviado directamente por Routledge.

Leer completo