A ocho años de la muerte de Ernesto Sabato, este texto hace un homenaje al autor argentino recordando su obsesión con la pérdida de visión.

Larga vida es la que tuvo Ernesto Sabato. Murió el 30 de abril de 2011, a los casi cien años de edad. Le tocó la transformación de Argentina. Fue testigo de la terrible dictadura, presidió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas y, en 1984, mismo año que recibió el Premio Cervantes, entregó la investigación Nunca más, que llevó a las juntas militares a juicio.

Nunca más se conoce también como Informe Sabato, pero mi informe favorito del escritor argentino es el dedicado a los ciegos: “¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato? Esta feroz lucidez que ahora tengo es como un faro y puedo aprovechar un intensísimo haz hacia vastas regiones de mi memoria”. El que escribe es Fernando Vidal Olmos, un hombre desalmado que insiste en la existencia de la Santa Sede de los Ciegos, que trama un complot para destruir al mundo. ¿Los responsables? Personas ciegas. La clave del texto es la dualidad humana (a partir de la decadencia de un hombre, Vidal Olmos). La ceguera en Sabato puede considerarse una metáfora de lo que nos esclaviza –esta idea la expone con más profundidad en Hombres y engranajes a partir de cómo progreso tecnológico nos supera–.

Ilustración: Oldemar González

El “Informe sobre ciegos” forma parte de Sobre héroes y tumbas. Estoy releyendo esta novela y han pasado veinte años desde la primera vez. Mi ejemplar de segunda mano no es la misma edición de ese entonces. La Biblioteca Estatal Miguel N. Lira de Tlaxcala contaba con este libro de Ernesto Sabato únicamente para préstamo domiciliario. ¿Cómo llegué a él? Supongo que fue mi necedad de ir más allá de la narrativa de Jean Paul Sartre y Albert Camus. No estoy segura, pero me atrevo a afirmar que algún sitio de GeoCities, con un primitivo diseño de fondo negro con letras en amarillo chillón, debió preséntarmelo. Conociéndome o conociendo a la Karen de trece años lo más seguro es que leyera una frase que me impactó de tal manera que no pudiera sacarla de mi cabeza: “Es digno de ser meditado el hecho de que, cada vez que es posible, el hombre elimina apresuradamente el infinito” o “El hombre es conservador. Pero cuando esa tendencia se debilita, las revoluciones se encargan de renovarla”.1 Fue así que me convencí de buscar al también físico argentino entre los estantes de la biblioteca de mi terruño.

En The Story of Blindness, Gabriel Farrell indica que “hay que recordar que la ceguera humana es tan antigua como la vida misma. Y desde tiempos ancestrales, el ciego ha despertado una compasión basada principalmente en dos emociones casi conflictivas: el miedo y la lástima. El miedo, no del ciego, sino hacia la pérdida de la propia vista, genera en las personas una compasión que les hace querer ayudar a los ciegos y hacerles la vida lo más fácil posible”.2

 Las referencias literarias a la ceguera son variadas y parece que parten de esa misericordia. En El hombre que ríe, Victor Hugo aborda lo que él consideraba “un drama del alma”. Uno de los personajes, Dea, es una niña rescatada del frío que se quedó ciega por la nieve: “La gota serena había paralizado para siempre las pupilas de aquella niña convertida a su vez en mujer. En su rostro, a través del cual no pasaba la luz, las comisuras de los labios tristemente rebajados expresaban esa contrariedad amarga.” El poeta John Milton, en su Sansón Agonista, se lamenta:

¡Estar ciego entre crueles enemigos
es peor que cadenas y mazmorras,
peor que edad decrépita o pobreza!
Primera obra de Dios, la luz no existe
para mí, ni sus objetos de deleite
que hubieran aliviado mis angustias;
ahora menos son que los más viles
hombres o gusanos; me superan,
los más viles se arrastran pero ven;
a oscuras, en la luz, expuesto estoy
a engaños y desprecio, abuso y males,
afuera y dentro, siempre como un necio,
en poder de otros, no en el mío nunca;
vivir parezco apenas, medio muerto.

Lo más conocido que escribió Ernesto Sabato es “Informe sobre ciegos” y se origina, al contrario lo que afirma Farrell en su libro escrito en 1956, del miedo a los ciegos. El escritor argentino se apropió, en su obra, de la ceguera. El origen de la obsesión fue prácticamente desconocida para el autor: “No se porque lo tengo [este interés]. Todo lo que sé [sobre la ceguera] es lo que he escrito en Sobre héroes y tumbas […] Y la palabra “sé” debe ir entre comillas. Mi conocimiento de la ceguera no es uno conceptual. Estos mensajes vinieron desde la parte más profunda de la Inconsciencia”.3

Sus miedos más primitivos se encuentran en esta parte de la novela: “Si fuera un poco más necio podría acaso jactarme de haber confirmado con esas investigaciones la hipótesis que desde muchacho imaginé sobre el mundo de los ciegos, ya que fueron las pesadillas y alucinaciones de mi infancia las que me trajeron la primera revelación. Luego, a medida que fui creciendo, fue acentuándose mi prevención contra esos usurpadores, especie de chantajistas morales que, cosa natural, abundan en los subterráneos, por esa condición que los emparenta con los animales de sangre fría y piel resbaladiza”.

¿Quiénes son esos ciegos? Son los que forman parte de una “Organización”. Podemos ser víctimas de ellos pero no hay que tomárselo literalmente. El potencial interpretativo de este pasaje narrativo de Sobre héroes y tumbas hace que pensemos en la diferencia. La ceguera metafórica es la que domina nuestra pésima relación con el mundo y cómo somos arrastrados hacia la decadencia.4 El escritor, entonces, es el intermediario entre lo tangible y lo pesadillesco. Hace uso de la figura de los ciegos para criticar el oscurantismo que persiste. Sabato se refiere a que estamos para los demás. La mirada que tenemos corre el peligro de cegarse y, entonces, todo nos parecerá imperceptible y marcharemos “ hacia el horror, (…) penetrando en las regiones prohibidas donde empieza a reinar la oscuridad metafísica, vislumbrando aquí y allá, al comienzo indistintamente, como fugitivos y equívocos fantasmas, luego con mayor y aterradora precisión, todo un mundo de seres abominables”. Mirar y ser mirados es el corolario del humanismo. Y Sabato fue uno de sus mejores representantes. 

El especialista en literatura latinoamericana Günther W. Lorenz consideró que Sobre héroes y tumbas era “la novela del siglo”. El crítico alemán escribió esa afirmación en Die Welt, un periódico conservador de Hamburgo. Era 1967 y la segunda novela de Sabato fue elogiada como “un testimonio sumamente asombroso de nuestro tiempo” y “un hito que señala rumbos hacia el porvenir de la prosa del pensamiento científico”. Sabato tardó diez años en escribirla pero, antes de hablar más acerca del desolado universo que caracteriza su escritura, hay que remontarnos al inicio que él mismo describe en sus memorias tituladas Antes del fin: “Me llamo Ernesto, porque cuando nací, el 24 de junio de 1911, día del nacimiento de san Juan Bautista, acababa de morir el otro Ernesto, al que, aún en su vejez, mi madre siguió llamando Ernestito, porque murió siendo una criatura.” Bajo el nombre de su hermano muerto a los dos años de edad, Sabato apunta que llamarse así “tal vez haya sido la causa de mi existencia tan dificultosa, al haber sido marcado por esa tragedia”. De su apellido, el cual le provoca una animadversión que encontramos en las páginas de Abaddón el Exterminador, cuenta que Sabato es “derivado de Saturno, Ángel de la soledad en la cábala, Espíritu del Mal para ciertos ocultistas, el Sabath de los hechiceros”. El argentino tenía fama de pirómano y abonaba a esa creencia. En “A fondo”, un programa de Televisión Española, reconoció ante el entrevistador que: “Todo lo que he escrito antes (de El túnel) fue condenado al fuego”.

Esta primera novela de Sabato, escrita en 1948, la leí cuando tenía veinte años. Era una lectura obligatoria para la clase de Literatura latinoamericana. El profesor que impartía la materia hablaba con una desmesurada emoción de la historia del asesinato de María Iribarne. El feminicida era Juan Pablo Castel, un pintor que cuenta las sinrazones que lo llevaron a cometer semejante crimen. Un hombre extremadamente solo, que confiesa que "existió una persona que podría entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté". El victimario desarrolla una relación malsana con María Iribarne, que la obsesiona a tal grado de que sus exigencias de “amor verdadero” son inverosímiles.

Presa de una “insalvable soledad”, el asesino pasea por “un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida”. Aquí también Sabato se acerca a la ceguera, en este caso, moral de Castel. Esa soledad llamaba poderosamente mi atención, pues su faceta como ensayista la descubrí poco después de mi primera lectura de Sobre héroes y tumbas. Compré La resistencia, una edición de Seix Barral, donde terminé prendada de sus reflexiones sobre la soledad:

La vida es abierta por naturaleza, aun en quienes la barrera que han levantado en torno a lo propio pareciera ser más oscura que una mazmorra. El latido de la vida exige un intersticio, apenas el espacio que necesita un latido para seguir viviendo, y a través de él puede colarse la plenitud de un encuentro, como las grandes mareas pueden filtrarse aun en las represas más fortificadas. O una enfermedad puede ser la apertura, o el desborde de un milagro cualquiera de la vida: una persona que nos ame a pesar de nuestra cerrazón. O como una gota que golpeara incesantemente contra los altos muros. Y entonces la persona que estaba más sola y cerrada puede ser ella misma la más capacitada por haber sido quien soportó largo tiempo esa grave carencia.

Ahora, con los años, encuentro esa incomunicación del protagonista como un pretexto para retratar el amor romántico (y sus mitos perniciosos):

—¿Qué vas  a hacer, Juan Pablo?
Poniendo mi mano izquierda sobre sus cabellos, le respondí:
—Tengo que matarte, María. Me has dejado solo.
Entonces, llorando, le clavé el cuchillo en el pecho.

La formación universitaria de Sabato inició en la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas de la Universidad Nacional de La Plata en 1929, de donde se doctoró nueve años después. Esos estudios fueron los que lo condujeron a la literatura pues obtuvo una beca para residir en París, donde se topó con el movimiento surrealista. Su tercera novela, Abaddón el exterminador, es, me aventuro a afirmar, deudora de esa influencia: la estructura fragmentaria es un recorrido por las obsesiones del igualmente ensayista. Está colmada de digresiones, en ausencia de un argumento y en medio de personajes de El túnel y Sobre héroes y tumbas, donde Sabato es protagonista: “—A ese Sabato que me hizo trabajar en su novelón sin pagarme díganle que sería mejor que escriba un Informe sobre Palomas, en lugar de ese retórico discurso sobre no videntes”.

¿Por qué le tenemos tanto miedo a quedarnos ciegos? Rosemary Mahoney dice que los ciegos “han sido percibidos (…) como idiotas lamentables incapaces de aprender, como maestros artísticos del engaño o como místicos que poseen poderes sobrenaturales”. Estas ideas falsas los relacionan con la oscuridad espiritual (hay creencias dañinas de que la persona ciega es así por una maldición divina debido a sus acciones malas pasadas).

La tercera sección de Sobre héroes y tumbas es una indagación de los miedos humanos. "Hay una cierta belleza en el horror" es una de las frases célebres del escritor. En una entrevista a El País en 1989, tras diez años de retiro de la escritura para dedicarse a pintar, Sabato aseguró que no había “accedido a la plena lucidez. Por el contrario, cada día más que pasa siento el mundo y sobre todo la realidad del hombre –que es el objetivo de un escritor– más inexplicable, más confusa, más ambigua. En todo caso, el precio que se paga es alto, muy alto y doloroso. Al menos en mi caso”.

Ernesto Sabato, en lo que parece ser una profecía autocumplida, perdió la vista. Durante los últimos años de su vida, bien pudo protagonizar su propio “Informe sobre ciegos” como si hubiera sido castigado por revelar el secreto de la Santa Sede de los Ciegos: “Se volvió cada día más desconfiado. Claro: ni era todavía un auténtico ciego, dotado de ese poder de moverse en las tinieblas y de ese sentido del oído y del tacto; ni era ya un hombre capaz de ver con sus ojos corrientes”. Hasta el final, supo reflejar la penumbra. Desde la trinchera de la pintura, su expresión plástica es alucinante y, con tonalidades brillantes, retrata el infierno humano.

Es en El escritor y sus fantasmas, donde el escritor confiesa que los ciegos le hacen sentir “un extraño y antiguo sentimiento, como si estuviera ante un abismo en medio de la oscuridad. Sí, siento algo en la misma piel que no puedo precisar ni explicar”. Si recurrimos al psicoanálisis, la ceguera es símbolo del útero de la madre que, si dejamos a un lado la misoginia de la afirmación, es la brutal noche: es hasta que somos dados a luz que podemos ver.

Volvamos a mi libro favorito de Sabato, que empieza la noticia de un parricidio: Alejandra Vidal mata a su padre con cuatro disparos y después se suicida, no usando la misma arma, sino quemándose viva. (Eso sucede en 1955, en Buenos Aires. En 2019 yo pienso en el inquietante cuento “Las cosas que perdimos en el fuego” de Mariana Enríquez, en el que se reflexiona sobre la violencia de género a partir del retrato de mujeres que se incendian a ellas mismas como una manera de protesta y resistencia).

Uno de mis poemas favoritos de Cristina Peri Rossi me recuerda a Alejandra Vidal, la que me acompañó en mi adolescencia y que, en mi nueva lectura de Sobre héroes y tumbas, reencuentro con cariño: 

Y el psiquiatra me preguntó:
-¿A qué asocia el nombre de Alejandra?-
El dulce nombre de Alejandra
el olor de los pinos y cipreses
casas rojas castillos medioevales
una dama en el umbral
muebles púrpuras
la prodigiosa simetría de los parques
una hoja siempre en blanco
delante del ojo que acaricia
la falta de sonido
las lilas de los muros
un dolor enfermizo por casi todo
el muelle gris
las cosas que sólo existen en jardines
para decir cuyos nombres
es necesario empezar por Alejandra
la antigüedad de algunas piedras
respiración entrecortada
la dificultad
para hacer amigos,
en fin, medianoches fatales
en que todo nos falta
especialmente
un amigo
una amiga
Inolvidables.

No quiero cerrar este pequeño homenaje sin antes aceptar que a obra de Sabato persiste en mí porque él escribió “para eternizar algo” acercándose peligrosamente a las tinieblas humanas. Apenas sale ileso pero deja un legado.

 

Karen Villeda
Escritora Su libro más reciente es Visegrado (Almadía/INBA, 2018) con el que obtuvo el Premio Bellas Artes de Ensayo José Revueltas 2017. Su página web es poetronica.net


1 Estos son fragmentos de Uno y el Universo, publicado en 1945.

2 La traducción del inglés es mía.

3 La traducción también es mía y la declaración original la encuentran en: Desson Howe, “The Vision of Ernesto Sabato”, The Washington Post.

4 Como lo que defiende José Saramago en Ensayo sobre la ceguera: “la responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron”.

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Hay múltiples violencias al cuerpo de la mujer normalizadas y justificadas desde la tradición. La mutilación genital femenina sigue realizándose en distintos países con criterios de religión, adultez, feminidad y hasta higiene. Este texto habla de la necesidad de combatir esta práctica.

En su libro ¿Nos oyen cuando lloramos? (1998) Fauziya Kassindja relata cómo huye de Togo para evitar ser víctima de la kakia: “La mayoría de la gente lo llama circuncisión femenina. Pero eso no describe lo que es una kakia en realidad (…) he oído a algunas personas referirse a la kakia como mutilación genital femenina. Mutilación. Sí, esa es la palabra correcta”. La Organización Mundial de la Salud la describe como “todos los procedimientos consistentes en la resección -extirpación quirúrgica- parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos” y la cataloga en distintos tipos.1

A nivel internacional se reconoce como una violación a los derechos de las mujeres y una forma de abuso infantil a las niñas2 pero la OMS estima que más de 200 millones de mujeres y niñas en el mundo han sido sujetas a estos procedimientos. Y no solamente son ciudadanas de países en África, Oriente Medio y Asia, que es donde se concentra esta práctica tradicionalmente, sino que hay casos en países occidentales como Estados Unidos o Alemania. El año pasado, en Michigan dos médicos y la esposa de uno de ellos fueron acusados a nivel federal de los siguientes cargos criminales: conspiración, mutilación genital femenina, complicidad e incitación. Se sentó un precedente legal para lidiar con esto, sin embargo, es común que durante el verano cientos de familias de migrantes en Estados Unidos y otros países regresen a sus lugares de origen con la finalidad primordial de realizar la MGF. Tan extendido está el fenómeno, que el evento se conoce como la “cutting season o “temporada de corte”.

Ilustración: Kathia Recio

En 2017, en el Reino Unido se contaron cinco mil casos de víctimas de MGF y, si bien un tercio era somalíes3 viviendo en ese país, había también 112 ciudadanas británicas descendientes de migrantes. Jackie Doyle-Price, la ministra de salud mental, inequidad y prevención de suicidio de Reino Unido, declaró sencillamente que “la mutilación genital femenina devasta vidas”.

En Monólogos de la vagina, la obra de teatro para la que Eve Ensler recogió 200 testimonios de mujeres con respecto a su sexualidady la vida doméstica, escuchamos que lo equivalente a la MGF en un varón “iría desde la amputación de la mayor parte del pene” a la extirpación total de éste y el tejido blando y partes de la piel escrotal. Esa es la dimensión.

Esta mutilación tiene efectos en la salud a corto, mediano y largo plazo. La salud física (sexual) no es la única que sufre daños irreversibles como se puede revisar en este vínculo de la Oficina para la Salud de la Mujer de Estados Unidos. Un estudio publicado en BMC Psychiatry señala que las secuelas psicopatológicas de esta práctica son muchas: trastorno de estrés postraumático, disociación de bloqueo y otros efectos secundarios relacionados con el estrés. Simplemente haber pasado por este procedimiento aumenta el riesgo de desarrollar una enfermedad mental.

El testimonio de una niña de 14 años da cuenta del crudo procedimiento: “Yo tenía seis años cuando me sucedió (…) También era el momento de mi hermana de ocho años. La mujer que nos cortó era la hermana de mi abuela, y nos iba a cortar en una tienda cerca de un árbol enorme. Usaron cuerdas para atar nuestras piernas y había muchísimas niñas allí.” Cuenta que podía escuchar los gritos, de las niñas. “Yo me estaba resistiendo como podía, pero ellos eran más fuertes (…) La anciana, mi tía abuela, usaba una cuchilla de afeitar que estaba limpia y nueva, pero no había anestesia cuando me cortó. No tengo memoria de cuando me cortó cortado, eso está en blanco. Pero luego vino otra mujer (…) y me dio una inyección antes de que me cosieran. Me ataron las piernas (…) para que no pudiera abrirlas, estuve así durante tres o cuatro semanas”. Esto conlleva problemas para orinar y más tarde con la menstruación. “Mucha gente de mi comunidad cree que si estás “abierta” [no has sido sometida a la MGF], ningún hombre querrá casarse contigo”.

La Declaración de Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en su artículo 4 impide a los Estados “invocar ninguna costumbre, tradición o consideración religiosa para eludir su obligación de procurar eliminar la violencia contra la mujer”. La mutilación genital femenina está fuertemente arraigada y extendida como una práctica tradicional, a pesar de que es un grave atentado a la integridad de las niñas y mujeres. Es una forma de violencia de género, que incluye otras prácticas y tradiciones perjudiciales como el matrimonio arreglado y precoz. En el caso de la mutilación, al preservar de la salud concurren otros derechos humanos como el derecho a la libertad religiosa o los derechos culturales.

¿De dónde viene la mutilación genital femenina? En resumidas cuentas, en su práctica subyacen:

“[D]istintos mitos de legitimación que pueden reconducirse a razones de índole sexual y reproductiva, como la creencia de que mejora la fertilidad, o que si no se corta el clítoris este puede crecer y ser peligroso para el varón que mantiene contacto sexual con la mujer o que si el clítoris roza la cabeza del hijo al nacer puede morir. En otros casos, se aluden razones de estética o de belleza, como que los genitales femeninos son feos y hay que cortarlos, o que son una parte masculina en el cuerpo de la mujer y por ello deben ser cortados, para así reintegrar a la mujer a su plena feminidad. Frecuente es también la alusión a la ablación como un acto de purificación, que hace más digna a la mujer que se somete a él y sobre el que reside su honorabilidad o respetabilidad y la de su familia. En algunos grupos se trata de justificar como un precepto religioso del Islam, sin embargo, el hecho de que no se practique por la inmensa mayoría de fieles de esa religión aboga por su caracterización como una práctica ancestral de origen africano desvinculada de un origen religioso”.

Reconocer la validez universal de los derechos humanos, que suelen tener una impronta occidental, es complejo. Sin embargo, si estamos luchando contra toda forma de discriminación contra las mujeres la mutilación genital femenina no puede prevalecer en nombre de la soberanía, ni las creencias pueden privilegiarse frente al estatus inalienable de ser persona. Considerar siquiera un supuesto choque cultural (países como Sierra Leona insisten en que esta forma de mutilación es “parte de la cultura”) impide pensar en la posibilidad que tienen las mujeres de su propia sexualidad y reproducción. Y si las voces de estas mismas mujeres están manifestándose en contra, hay que escuchar. Aquí podemos encontrar una decena de ONGs que buscan erradicar la mutilación genital femenina, muchas de las cuales trabajan en el continente africano, como Forward  y la Desert Flower Foundation de Waris Dirie, una etíope que fue sometida a los cinco años al tratamiento.Incluso en Nigeria, en donde la  la MGF está prohibida y tiene una pena de cárcel de cuatro años, hay organizaciones comprometidas con la desaparición total de la práctica. Es el caso de Value Female Network.

Regreso al libro de Fauziya Kassindja: “Él tenía cogida de la mano a mi madre, que estaba llorando por una de sus hermanas pequeñas, mi tía Amina, que acababa de morir a causa de la kakia”.

 

Karen Villeda
Escritora Su libro más reciente es Visegrado (Almadía/INBA, 2018) con el que obtuvo el Premio Bellas Artes de Ensayo José Revueltas 2017. Su página web es poetronica.net


1 La cataloga en cuatro tipos: clitoridectomía, que es la resección parcial o total del clítoris, la escisión que es lo anterior más la resección parcial o total de los labios menores con o sin escisión de los mayores, la infibulación que es la reducción de la abertura vaginal con o sin clitoridectomía y otros procedimientos lesivos a los genitales femeninos. El recuadro que los explica se encuentra en el documento Comprender y abordar la violencia contra las mujeres.

2 La MGF vulnera una serie de instrumentos internacionales que señalan las obligaciones de los Estados respecto al derecho a la salud. La Declaración Universal de Derechos Humanos, específicamente en su artículo 25 señala que: “(2) La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social” (ONU, 2011). La Convención sobre los Derechos del Niño reconoce el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud; su el artículo 37 prohíbe que las niñas sean sometidas a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. La Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer reafirma su derecho al goce, distinción de  raza, color y origen nacional o étnico, y ante la igualdad ante la ley de la salud pública, la asistencia médica, la seguridad social y los servicios sociales. La Declaración de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena en 1993, en su párrafo 18 establece que: “La violencia y todas las formas de acoso y explotación sexual, en particular las derivadas de prejuicios culturales y de la trata internacional de personas son incompatibles con la dignidad y la valía de la persona humana y deben ser eliminadas” (ONU, 2011). La Asamblea de la OMS lanzó la resolución 47.10 “Salud de la madre y el niño y planificación de la familia: prácticas tradicionales nocivas para la salud de las mujeres y los niños” en la que señala los riesgos sanitarios de la MGF e invita a los Estados a poner fin a la misma. Hay otros instrumentos internacionales, como la Declaración de Beijing y la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, la Declaración sobre la Eliminación de todas las formas de Violencia contra la Mujer y la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, que son sumamente exhaustivos respecto al derecho a la salud de las mujeres.

3 Se calcula que el 98% de la población femenina que tiene entre 15 y 49 años de edad ha sido víctima de MGF en Somalia. El año pasado, se realizó el primer enjuiciamiento por MGF en ese país.

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En este espacio hemos empezado una reflexión sobre la soledad, definida recientemente como una de las “enfermedades” de nuestros tiempos (“Curar la soledad”). Este ensayo explora la relación entre este estado y la escritura: ¿la soledad lleva a escribir o es que la escritura ha de ser siempre solitaria?

Alone one is never lonely
Fragmento del poema “Canticle 6” de May Sarton

Para escribir la que es considerada la primera novela inglesa, Daniel Defoe se inspiró en la historia de Alexander Selkirk, un escocés que vivió durante cuatro años y cuatro meses en una isla desierta cercana a Chile. Selkirk no fue precisamente un naufrago. Tenía fama de ser problemático y con frecuencia huía de la ley. En 1703 se une como corsario a la expedición comandada por William Dampier. Como contramaestre del Cinque Ports, Serlkirk practicaba con experticia el bandolerismo marítimo —hay que recordar que países como Inglaterra extendían patentes de corso a diestra y siniestra— y el barco se resintió al cabo de un año más o menos, por lo que ya no daba para más ataques. Al navegar al archipiélago Juan Fernández, Serlikirk insistió que lo más prudente era encallar en una isla y esperar a ser rescatados. El capitán del Cinque Ports, Thomas Stradling, no estuvo de acuerdo con él y, entonces, Selkirk se amotinó. Ante sus amenazas, Stradling decidió abandonarlo en un sitio desolado,1 como el marinero Benn Gunn de La isla del tesoro. En mayo de 1704, Selrkik —arrepentido pero impedido a abordar— fue dejado a su suerte con un mosquete, un hacha, un cuchillo, una olla, una Biblia, un lecho y un poco de ropa en Más a Tierra —actualmente conocida como la isla Robinson Crusoe—.

Ilustración: Kathia Recio

Regreso a los libros, fieles cómplices. Mis amigas escritoras, que también se someten voluntariamente a la concentración exigente que surge en plena soledad porque, como lo dijo Susan Sontag: “uno nunca puedo estar lo suficientemente solo para escribir. Para ver mejor”, me recomiendan algunos textos literarios al respecto. La soledad que deja la partida de un ser querido, la soledad como condición humana o incluso como alienación aparece en La invención de la soledad que Paul Auster comenzó a partir de la muerte de su padre (“Soledad como forma de retirada, para no tener que enfrentarse a sí mismo, para que nadie más lo descubriera”); la existencialista Nada de Carmen Laforet, escrita a sus 23 años, que refleja la España de la posguerra (“La vida volvía a ser solitaria para mí. Como era algo que parecía no tener remedio, lo tomé con resignación”), o La pasión según G. H. de Clarice Lispector, una mujer constreñida a su propio hogar que, a lo kafkiano, se reafirma a través de una cucaracha:

He perdido esa tercera pierna. Y he vuelto a ser una persona que nunca fui. He vuelto a tener lo que nunca tuve: solo dos piernas. Sé que únicamente con dos piernas es como puedo caminar. Pero la ausencia inútil de la tercera me hace falta y me asusta; era ella la que hacía de mí algo hallable por mí misma, y sin necesitar siquiera inquietarme por ello.

Poemas de Rosario Castellanos, que trasmutan el yo lírico en su soledad, como “Lamentación de Dido” (“Ah, sería preferible morir. Pero yo sé que para mí no hay muerte. Porque el dolor —¿y qué otra cosa soy más que dolor?— me ha hecho eterna.”) y “Malinche” (“Yo avanzo hacia el destino entre cadenas / y dejo atrás lo que todavía escucho: los fúnebres rumores con los que se me entierra”). La ruptura, el desengaño y el abandono amoroso suelen sumirnos en una soledad. La escritora de Balún Canán lo expresa así en “Los adioses”:

Para aprender a irnos, caminamos.
Fuimos dejando atrás las colinas, los valles,
los verdeantes prados.
Miramos su hermosura
pero no nos quedamos.
Levamos nuestros pies
donde la soledad tiene su casa
y allí nos detuvimos para siempre.
En silencio aguardamos
hasta aprender la muerte.

Pero, ¿qué sucede cuando es elegida? Arthur Schopenhauer nos insta a abrazarla porque “lo que un hombre es en sí mismo, lo que le acompaña en la soledad y lo que nadie puede darle ni quitarle, es indudablemente más esencial para él que todo lo que puede poseer o ser a los ojos de los demás”. En la soledad, según el filósofo alemán, encontramos todo lo que necesitamos para divertirnos en nuestros pensamientos e imaginación porque “el ser limitado, por más que varíe de fiestas, de espectáculos, de paseos y de diversiones, no llegará a sofocar el tedio que le atormenta”. En una carta a Robert Lowell, Elizabeth Bishop le pide a su amigo lo siguiente: “cuando escribas mi epitafio, debes decir que yo soy la persona más solitaria que jamás haya existido”. ¿Idealismo poético? Christopher Johnson McCandless, quien ahora es un ícono por emular Walden, la vida en los bosques, murió en Alaska a poca distancia de lo que pudo haberlo salvado. ¿La razón? No tenía un mapa porque estaba obstinado en “vivir fuera de la civilización”. ¿Necedad, imprudencia? Algunos piensan que esta visión romántica lo llevó a una muerte innecesaria. Lo último que escribió fue: “S.O.S., necesito su ayuda. Estoy herido, cerca de morir, y demasiado débil para hacer una caminata. Estoy completamente solo, no es ningún chiste. En el nombre de Dios, por favor permanezcan aquí para salvarme. Estoy recolectando bayas cerca de aquí y volveré esta tarde. Gracias, Chris McCandless. ¿Agosto?”

¿La soledad puede acabar con nosotros? Hay estudios que demuestran que puede llevarnos a una muerte temprana. También hay investigaciones insistentes en el peligro de la soledad como un factor relacionado con el estrés y las adicciones. Se sugiere que causa depresión, ansiedad. Las personas se suicidan por sentirse solas. La soledad, para muchas personas, es el peor sufrimiento. O la peor condena (en The Shining atestiguamos la transformación –o revelación– del verdadero carácter de Jack Torrance cuando es víctima, no solamente de fantasmas, sino de lo que se conoce como “fiebre de encierro”). Algunas vidas pueden arruinarse por el miedo a la soledad. En Inglaterra se considera a la soledad como un problema de salud pública pues existe un Ministerio para la Soledad. Esta, “una triste realidad de la vida moderna” se reveló en una encuesta, donde una quinta parte de la población británica, nueve millones, se siente sola: es el número de habitantes de Nueva York, que inspiró Lonely City. Adventures in the Art of Being Alone de Olivia Laing.

En An Intimate History of Humanity, Theodore Zeldin afirma que ese miedo es “como unos grilletes y cadenas restringiendo la ambición” y también puede ser “un obstáculo para una vida plena como la persecución, la discriminación o la pobreza”.2 Hay una parte de nuestra vida interior que siempre será inaccesible para los demás. Nuestra razón no alcanza para terminar de conocernos a nosotros mismos. La soledad forma parte de nuestra propia naturaleza. Ella puede llevarnos a un nuevo camino, darnos un nuevo comienzo. Hay que separarse del mundo un rato.

En su discurso de recepción del Nobel en 1954 (que leyó el embajador de Estados Unidos en Suecia ya que el escritor no pudo viajar a Estocolmo), Ernest Hemingway dijo: “Escribir, en el mejor de los casos, es una vida solitaria. Las organizaciones de escritores alivian la soledad del autor, pero dudo que mejoren su escritura. El escritor crece en estatura pública a medida que se deshace de su soledad y a menudo su trabajo se deteriora. Porque hace ese trabajo solo y, si es un buen escritor, debe enfrentar la eternidad, o la falta de ella, cada día”. Esta es una opinión compartida. En una clase de escritura creativa, Jonh Banville  aconsejo a los alumnos que dejaran de escribir. El ganador del Premio Booke en 2005 fue tajante: “les espera una vida de soledad y pobreza”. Rachel Carson escribió en una cara que “la ocupación del escritor es una de las más solitarias del mundo, incluso si la soledad es solo una soledad y aislamiento interiores”. Eso es lo que se necesita, según la autora de The Sea Around Us, para ser verdaderamente creativo. Alguien que aspira a escribir no debe temerle a la soledad. A su vez, en el blog de Salud de Harvard se afirma que escribir puede ser un antídoto para la soledad. El autor asegura que “tomar una pluma puede ser una intervención poderosa contra la soledad”.

Es cierto que la mayoría de los que escribimos buscamos “¡oh soledad! tu reino helado”. Este verso de “Soledad” de Federico García Lorca, quien considera este estado como “(… ) inaccesible / para la verde lepra del sonido, / no hay altura posible / ni labio conocido / por donde llegue a ti nuestro gemido”. El aislamiento es habitual cuando leo y escribo.

Estoy sentada ante la computadora y pienso en esa “soledad pensativa” sobre la que escribió el mayor poeta de la literatura española del siglo XX. Suelo pasar muchas horas sola dentro de mi cuarto propio (no cabe duda de que el libro de Virginia Woolf, escrito en 1929, marcó un hito para mí y todas las mujeres que escribimos). A veces creo que no me encuentro realmente sola. Leo, mi gato, hace acto de presencia: se apropia de mi regazo y, cuando una de sus patas se apoya en el teclado, yo salgo rápidamente de mi introspección para evitar que el felino sea el verdadero autor de los textos. También me acompañan las notas, unas libretas, mis libros. Aquí, a mi lado, está una edición infantil de Robinson Crusoe. Esta novela marcó mi infancia. Reviso las pocas páginas que contienen una serie de ilustraciones colonialistas. Me detengo en la que muestra cómo Viernes es rescatado de los caníbales por el protagonista y aparece un niño negro desnudo ante un gigante rubio, con una barba eterna y un sombrero de piel ¿de cabra?

 

Karen Villeda
Escritora Su libro más reciente es Visegrado (Almadía/INBA, 2018) con el que obtuvo el Premio Bellas Artes de Ensayo José Revueltas 2017. Su página web es poetronica.net


1 Ésta es la traducción más aproximada de marooning, un término en inglés que se deriva de una combinación de marron (esclavo fugitivo) y cimarrón en español.

2 Hay una edición en español, en Alianza Editorial. Yo traduje este fragmento del libro en inglés.

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“He visto sus caminos; pero le sanaré y le pastorearé,
y le daré consuelo a él y a sus enlutados” Isaías 57:18

It’s a revelation
There’s no hell in what I’ve found
No kingdom shout
How the tides are changing
As you liberate me now
And the walls come down
"Revelation", canción de Troye Sivan

 

Definir una condición como enfermedad considera mucho más que criterios médicos. Como lo demuestra este texto, los prejuicios tienen un rol fundamental en lo que queremos “curar”, a veces con consecuencias fatales.

Hace diez años una de mis mejores amigas de la infancia se alejó de mí de forma tajante. Específicamente me dijo: “no quiero volver a tener contacto alguno contigo”. ¿La razón? Que yo encarnaba “el Mal”. Mi amiga, amadrinada por una conocida nuestra (también lesbiana o, en su caso, “exlesbiana”), estaba asistiendo a una iglesia cristiana en donde la convencieron de “convertirse y alejarse del Mal” representado por la homosexualidad. Ella me había ayudado en mi propio proceso de salir del clóset y yo la admiraba por su capacidad de aceptación, pero en ese momento estaba sumamente decidida “a cambiar” porque ser “una persona enferma”. Esa deleznable labor de renegar de uno mismo tiene el nombre pseudocientifico de “terapia de reorientación sexual” y la historia que la explica no solamente tiene un trasfondo religioso.

Casos de intervenciones psicológicas supuestamente basadas en la ciencia y las salud —las lobotomías, electrochoques, terapia aversiva, medicación forzada, mutilaciones genitales, castración química, entre otros métodos cuestionables— han sido ampliamente documentados. Alan Turing, uno de los padres de la informática moderna fue condenado por “indecencia grave” en 1952 y le dieron a elegir entre la prisión o la castración química. Se sometió a lo segundo con un tratamiento hormonal que provocó que la aparecieran senos y padeciera de disfunción eréctil. En una carta a su amigo matemático Norman Routledge, Turing le escribió un falso silogismo sobre el rechazo social de la homosexualidad.

“Turing cree que las máquinas piensan
Turing yace con hombres
Luego las máquinas no piensan”.1

Le preocupaba que su vida privada invalidara en un futuro sus contribuciones a la ciencia y no estaba tan equivocado. Tampoco fue el único: se calcula que más de 50,000 hombres fueron víctimas de esta guerra química contra la homosexualidad de mediados del siglo pasado. Entre ellos, Oscar Wilde, quien también recibió un indulto gracias a la Ley Turing de 2017.2

El informe Violencia contra Personas Lesbianas, Gay, Bisexuales, Trans e Intersex en América elaborado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), señala que estas supuestas terapias “son dañinas, contrarias a la ética, carecen de fundamento científico, son ineficaces y podrían constituir una forma de tortura”.3 El órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA) , afirma que dichos tratamientos “carecen de indicación médica y representan una grave amenaza a la salud y los derechos humanos de las personas afectadas” porque “además de carecer de indicación médica, no existe evidencia científica de que los supuestos esfuerzos de cambio de orientación sexual sean eficaces”.4 Lo que se logra limitar es la expresión de la orientación sexual. Represión que tiene un alto costo para la salud mental, emocional y física. El Comité de Orientación Sexual y Asuntos de Género de la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry lanzó un comunicado en el que asegura que las terapias de conversión “(u otras intervenciones impuestas con la intención de promover una orientación sexual y/o [dentidad de] género en particular como el resultado preferido) carecen de credibilidad científica y utilidad clínica. Además, hay evidencia de que tales intervenciones son perjudiciales”.5 Lo anterior aclara que la también conocida como terapia de “deshomosexualización” no es un tratamiento de salud.

En Boy Erased, película dirigida por Joel Edgerton y basada en las memorias de Garrard Conley, un padre pastor le dice a su hijo gay, el protagonista: “quiero que te vaya bien. Quiero que tengas una vida genial. Te amo, pero no podemos ver una forma en la que vivas bajo este techo si vas fundamentalmente en contra de la fibra de nuestras creencias”. Conley, nacido en el seno de una familia bautista donde “todo (…) era una interpretación literal de la Biblia”,6 fue enviado a un centro de  ‘terapia de conversión’ en Memphis, Tennessee. En su libro Boy Erased: A Memoir, relata su experiencia: "Lo primero que debes hacer es reconocer cómo te has vuelto dependiente del sexo, de las cosas que no son de Dios […] Estábamos aprendiendo el Paso Uno del programa de doce pasos de Amor en Acción, un conjunto de principios que equiparan los pecados de infidelidad, bestialidad, pedofilia y homosexualidad con comportamientos adictivos como el alcoholismo o la ludopatía: una especie de Alcohólicos Anónimos para lo que nuestros consejeros se refirieron como nuestra ‘desviación sexual’”.7

La homosexualidad empezó a ser considerada como una patología entre los expertos de la salud en el siglo XIX y surgió una competencia entre las posturas “clínicas” con las de la religión y el derecho respectivamente: una persona enferma, o en su defecto tentada por el pecado, no es tan culpable como un criminal. Si bien el psiquiatra Richard von Krafft-Ebing, en su texto fundacional Psychopatia Sexualis (1886) clasificó a la homosexualidad como una enfermedad degenerativa (“El factor determinante aquí es la demostración del sentimiento perverso por el mismo sexo; no la prueba de actos sexuales con el mismo sexo (…) la perversidad no debe ser tomada por perversión”),8 para Sigmund Freud, creyente de la “bisexualidad psíquica”, era una elección:

“La homosexualidad no es, ciertamente una ventaja; pero tampoco es algo de lo que haya que avergonzarse. No es un vicio, ni una degradación, no puede ser calificada como una enfermedad (…) Nosotros la consideramos como una variante de la función sexual, ocasionada por ciertas deficiencias en el desarrollo sexual”.9

La postura del médico investigador de la sexualidad Havelock Ellis del siglo XIX era de aceptación. Para él, la homosexualidad era innata y, por lo tanto, no era inmoral ni tampoco una enfermedad. Sin embargo, el capítulo sobre la homosexualidad en el ámbito de las enfermedades mentales no deja de ser oscuro. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) incluyó a la homosexualidad en su primera edición, como una categoría para diagnosticar problemas de salud mental. Fue hasta 1973 que ésta se eliminó de la sección de “Desviaciones Sexuales”. Hace treinta años, la homosexualidad también aparecía en la Clasificación Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud de la OMS.

Lo anterior no ha erradicado la “ciencia del castigo”. En nuestro país, donde el 30% de las mujeres y el 35% de los hombres encuestados no vivirían con una persona homosexual según la Encuesta Nacional Sobre Discriminación 2017,  participa la organización Exodus Global Alliance, promotora de este tipo de “tratamientos”, que tiene tres misiones:

“–Proclamar que para quienes experimentan atracción al mismo sexo o están involucrados en la homosexualidad, la fe en Cristo y una vida transformada son posibles a través del poder transformador de Jesucristo.

–Equipar a los cristianos y a las iglesias a sostener la perspectiva bíblica de la sexualidad al mismo tiempo que se responde con compasión y gracia a quienes han sido impactados por la homosexualidad.

–Servir a la gente afectada por la homosexualidad a través de compañerismo cristiano, discipulado, congresos, consejería, grupos de apoyo y otros servicios”.

Expuestos al acoso y la persecución, la homofobia es el pan de cada día para los homosexuales. Los estereotipos nos deshumanizan y cuando somos mujeres, la situación es mucho más vulnerable. En Ecuador, donde abundan las llamadas “clínicas de deshomosexualización”, “los informes de la sociedad civil apuntan a que las principales víctimas han sido las mujeres jóvenes” que incluso son forzadas a “vestirse y comportarse como prostitutas para aprender el comportamiento femenino” y tener relaciones sexuales con otros internos hombres por órdenes de sus “terapeutas”.10

No hay que irnos tan lejos: Carmen, que acudió al Centro Evangelístico Emmanuel en la colonia Tránsito, cuenta que “dos ocasiones vomitó sobre la alfombra de la pequeña oficina en donde se llevaban a cabo las terapias. Se sentía aliviada momentáneamente (quizás inconscientemente sentía eso porque al fin terminaba la sesión) y con júbilo exclamaba: “¡Gloria a Dios, ya salió!”, pero después volvían los sentimientos de culpa por ser lesbiana y por fallarle a su iglesia y a Dios”.11 La dieron de alta después de dos años diciéndole: “puedes ir y buscar a tu varón y crear tu familia…”. La trataron de exorcizar y se le sigue invitando a participar en eventos como la Jornada de Restauración Integral Sexual “Caminos de Sanidad y Consuelo”. Un miembro de la comunidad, ahora “ex-gay”, apunta que “el homosexualismo no es creación de Dios. […] el homosexualismo nunca estuvo en el diseño de Dios. […] es una distorsión del hombre, no de Dios”.12

En The Miseducation of Cameron Post, basada en la novela coming-of-age de Emily M. Danforth,13 la protagonista es enviada al campamento “La promesa de Dios” donde hacen uso y abuso de métodos psicológicos y religiosos que se basan en la culpa. “El cambio surgirá de Dios pero dentro mío” se repite como el remedio necesario y hay “medicinas” aún más brutales.14 Las violaciones correctivas es escudan en prácticas pseudocientíficas que en la realidad siguen siendo avaladas en los medios de comunicación (¿cómo olvidar el “No existen los homosexuales, hay personas que tienen homosexualidad. Y la persona tiene un sentimiento de homosexualidad que se quita absolutamente y la heterosexualidad se desarrolla absolutamente” en el programa Venga la alegría en pleno mes del orgullo?) y apoyadas por voces públicas como del conductor Mauricio Clark, quien asegura haberse “curado” de la homosexualidad. A partir de esta serie de declaraciones, El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) garantizó que este tipo de terapias fomentan la discriminación y la violencia, y “transgreden los derechos al libre desarrollo personal”. La buena noticia es que, en septiembre del año pasado se presentó una iniciativa de ley para castigar con cárcel a las ‘terapias antigay’. La situación parece estar cambiando, pero la desigualdad persiste. La Encuesta nacional de discriminación, pero de 2010, señala que los “homosexuales, lesbianas y bisexuales viven hoy de manera más visible y con mayor participación pública; sin embargo, aún enfrentan muchos problemas por su preferencia sexual distinta a la de la mayoría de la población. La discriminación contra este grupo abarca ámbitos como el educativo, el familiar, el laboral, el de salud, el legal, el político y el religioso, entre otros”.15

Mi amiga volvió a buscarme al mes. Me ofreció una disculpa. Le pregunté qué la había hecho desertar. “Me dijeron que los dinosaurios, como la homosexualidad, también eran creación del diablo. Y así no se pinches puede”. Retomamos nuestra amistad. Puedo entender lo que le sucedió. Recuerdo que a una de mis exnovias, su padre le dijo al saber que era lesbiana: “Estoy rezando para que encuentres un buen hombre cristiano”. El Facebook del Centro Evangelístico Emmanuel en la Alcaldía Cuahutemoc está repleto de imágenes con frases como “Tu corazón tiene que enderezarse en la presencia de Dios”.

Lo que podemos enderezar es lo patituerto de la ignorancia y sostenernos, al menos en lo que hallan la vacuna contra el oscurantismo, con las muletas de la tolerancia. Porque si algo sí se puede curar es la homofobia: superando los prejuicios y desmontando la cultura machista, misógina y de estándares dobles.

 

Karen Villeda. Escritora Su libro más reciente es Visegrado (Almadía/INBA, 2018) con el que obtuvo el Premio Bellas Artes de Ensayo José Revueltas 2017. Su página web es poetronica.net


1 En Letters of Note: Volume 2: An Eclectic Collection of Correspondence Deserving of a Wider Audience.

2 El 10 de septiembre de 2009, el en ese entonces primer ministro Gordon Brown, emitió un comunicado disculpandose oficialmente por la persecusión a Alan Turing. El gobierno de David Cameron denegó el indulto en 2012 porque en la época de Turing “la homosexualidad era considerada como un delito”. Fue hasta el 24 de diciembre de 2013 que el científico recibe el indulto total  por orden de la reina Isabel II. A inicios de 2017, entró en vigor la Ley Turing de amnistía retroactiva para los varones condenados por actos homosexuales.

3 Violencia contra las personas LGBTI, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, p. 6.

4 Ibíd., p. 134-135.

5Conversion Therapy”, American Academy of Child & Adolescent Psychiatry.

6I was 19, gay and ready to be ‘cured’ by conversion therapy”, The Guardian, 10 de junio de 2018.

7 ‘The first thing you have to do is recognise how you’ve become dependent on sex, on things that are not from God,’ Smid said. We were learning Step One of Love in Action’s 12-Step programme, a set of principles equating the sins of infidelity, bestiality, paedophilia and homosexuality to addictive behavior such as alcoholism or gambling: a kind of Alcoholics Anonymous for what counsellors referred to as our ‘sexual deviance’.

8 Psychopathia Sexualis.

9 Carta de Freud a la madre de un homosexual citada en Cuestiones bioéticas sobre la homosexualidad.

10 Violencia contra las personas LGBTI, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, p. 136.

11Terapias de ‘conversión’ sexual: el daño a una mujer”, Milenio, 10 de octubre de 2019.

12Exodus: El grupo que en tres días promete recuperar la heterosexualidad”, Animal político, 24 de octubre de 2016.

13 Cabe señalar que en Estados Unidos existe un amplio mercado editorial bajo la etiqueta de LGBT Young Adult Fiction.

14 Violencia contra las personas LGBTI, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, p. 187.

15 Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, p. 12.

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Se sabe que la salud mental está intrínsecamente relacionada con el consumo de sustancias psicoactivas. Incluso, aunque sea un secreto a voces, cuando se trata de medicamentos psiquiátricos recetados.1 El uso de cualquier droga tiene un impacto en la salud aunque la sustancia dicta el grado. En la inmediatez, se ha encontrado que las personas con algún nivel de dependencia a sustancias suelen sufrir de ansiedad y depresión con consecuencias graves a largo plazo. En México, el número de consumidores de alcohol y drogas ilícitas ha aumentado considerablemente y se asume que su dependencia es alarmante. Sin embargo, sigue habiendo una serie de discrepancias en cómo se entiende y trata a los consumidores de sustancias ilíctias: frente a aquellos que consumen alcohol, en cuanto a las opciones de tratamiento públicas, e incluso de género.

Ilustración: Patricio Betteo

¿Salud para todos?

La reducción del daño (RD) en el consumo de drogas ilegales o legales engloba una serie de estrategias encaminadas deliberadamente a disminuir el impacto de éste, sin importar si el consumo es problemático o no. Contrariamente a lo que dictan los prejuicios, la RD no es un enfoque innovador. Los consumidores de alcohol y el tabaco se han beneficiado ampliamente por la RD con estrategias cuyo propósito es la contención de los daños asociados al uso. Es el caso del parche de nicotina, el Conductor Designado del grupo cervecero Cuauhtémoc Moctezuma, los cigarros electrónicos, el alcoholímetro o en su caso el Torito. Es así que la postura ante las bebidas espirituosas y los derivados del tabaco es tolerante y humanitaria.

Pero no sucede lo mismo con las drogas ilegales. Los consumidores de drogas duras (aquellas que tienen un alto potencial de adicción y, por consiguiente, son percibidas como las más dañinas),2 se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad. Un heroinómano, por ejemplo, solo puede aspirar a recibir un kit de intercambio de agujas y jeringas. El enfoque de política pública en este rubro es simplista.

Aunque hasta el momento, la RD en México ha sido una perspectiva efectiva solamente para prevenir y/o limitar la propagación del VIH/SIDA,3 los usuarios de drogas tienen una desventaja clara frente a los consumidores de tabaco y alcohol que sí han gozado de esfuerzos en este sentido.  Los segundos tienen la posibilidad de ejercer plenamente su derecho a la salud. La razón detrás de esto no es necesariamente la salud de los usuarios, sino el cabildeo incesante de las industrias multimillonarias, como las tabacaleras, que producen estas sustancias para recibir concesiones que no afecten su rentabilidad. Son agresivos al perseguir sus intereses y suelen burlar a las leyes de salud pública.   

Según la Encuesta Nacional de Adicciones 2011 (ENA),4 que mide la prevalencia del uso de alcohol y de drogas entre la población, “el abuso/dependencia (al alcohol) incrementó del 4.1% en el 2002 a 5.5%  para  el  2008. Por sexo, ambos tuvieron incrementos importantes (8.3% a 9.7% en hombres y de 0.4% a 1.7% en mujeres)”. La ENA 2011 “observa que el consumo de cualquier droga pasó de 2.2% a 2.8%, pero el cambio no es estadísticamente significativo”. La diferencia entre abuso y dependencia no solamente es conceptual sino práctica (aunque el glosario de la ENA puntualiza los términos “dependencia a drogas” y “dependencia dado el abuso”).5

La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (Encodat) 2016-2017 revela que la droga predominante es la marihuana, que ha sido probada al menos una vez en más de siete millones de mexicanos entre los 18 y los 65 años de edad. Siguen en consumo la cocaína (3.3% de la población adulta), los inhalables (1.1%), los alucinógenos (0.7%) y anfetaminas (0.9%). Según esta encuesta reciente, hay 8.4 millones de personas adictas a las sustancias que pueden llevar al abuso, por lo que hubo un incremento a comparación de lo encontrado en 2011 (5. 7 millones). Acá otras cifras.

El enfoque es en el “consumo problemático”,6 pues funciona como un término-abanico que da certidumbre al momento de realizar estimaciones sobre el uso de drogas en general. La doctora María Elena Medina Mora, directora del Instituto Nacional de Psiquiatría “Ramón de la Fuente” ha afirmado en diversas ocasiones que cinco de las enfermedades con mayor grado de discapacidad son neuropsiquiátricas: la depresión, la ansiedad, el déficit de atención, la bipolaridad y las adicciones. Su comorbilidad ha sido demostrada reiteradamente por diversas instituciones de salubridad. Estas cifras deben ser estar presentes al momento de elaborar políticas públicas cuyo objetivo principal sea el bienestar de la población, sin excluir a los consumidores de drogas. 

Sin tomar en cuenta el estatus legal de la droga a consumir, todo usuario en principio tiene el derecho a disfrutar del  nivel de  salud física y mental más alto posible. Sin embargo, “el goce del grado máximo de salud que se pueda lograr” es un derecho asimétrico: depende, a fin de cuentas, de la voluntad, las circunstancias y el contexto.

(Mal)tratarse

En relación a la percepción pública sobre las opciones de rehabilitación para las personas con dependencia a sustancias, la ENA 2008 reveló que la mitad de las personas encuestadas tiene la creencia de que, quienes se enfrentan a problemas de adicción, deben ser internados. Las dependencias en donde esto ocurre son las “granjas” (también conocidas como “anexos” o “casas hogar”) y tienen un largo historial de abusos en complicidad con las autoridades. Las opiniones acerca de aquello que los encuestados consideran como la “rehabilitación más efectiva para un adicto” son de perfil punitivo, e incluso ingenuo (aunque “Que los metan en la cárcel” y “Que se curen por su cuenta” tienen un porcentaje bajo de apoyo en comparación con la idea de internarlos en granjas). Sin embargo, todas estas instalaciones tienen al maltrato como común denominador (en un espectro que va desde la tortura psicológica hasta el asesinato) como revela Treated With Cruelty: Abuses in the Name of Drug Rehabilitation un reporte de Open Society Foundations, que desde 2011 advierte sobre el problema En la  portada se muestra a un usuario de heroína de Los Tesores Escondidos de Tijuana (un establecimiento que se rige por preceptos cristianos evangélicos), con el rostro compungido y signos de un evidente desgaste.

En la sección titulada “México: sin una mejor opción” se aborda la cuasi inexistencia de un tratamiento que sea accesible y asequible para los consumidores:

 “[d]ebido a los limitados y mal equipados servicios públicos [mexicanos] de tratamiento, familias y amigos de los usuarios de drogas a menudo se dirigen desesperados a instituciones privadas. Dada la alta demanda de tratamiento contra las drogas, casi cualquiera puede crear y administrar un negocio de “tratamiento” caro con poca o ninguna supervisión. A los familiares de los usuarios de drogas se les dice que se requiere poca evidencia (científica) para el tratamiento residencial”.7

Testimonios que recoge Ni socorro, ni salud: abusos en vez de rehabilitación para usuarios de drogas en América latina y el Caribe también publicado por OSF cinco años después, acusan que el tratamiento no suele ser por voluntad propia del usuario, sino una obligatoriedad muchas veces basada en el apego familiar:

“Llegué con base en mentiras de mi papá, me dijo que lo acompañara por unos polines a la casa de mi tío. Fui a su casa y llegaron unos hombres a quererme subir a una camioneta pues me les puse al pedo [a pelear] y me amarraron de a pescadito [con los pies y las manos amarrados por la espalda]”.

O, en el peor de los casos, a punta de pistola y con complicidad institucional: “Yo les dije [a los policías] que por qué me estaban agarrando, que qué les hice y me dijeron ‘Te llevamos a un lugar pa ́que te alivianes’”.

El ingreso involuntario también es tarea de las “pandillas espirituales” conformadas por los mismos residentes, que tergiversan el papel del sponsor (padrino o madrina) de Alcohólicos Anónimos, y someten a los posibles “clientes” con violencia. La coacción no hace  distinciones; sin embargo, esta se ve limitada por la posición económica y cualquier condición relacionada con estratificación social. Un tratamiento en clínicas privadas, como Oceánica o Monte Fénix, es un lujo: un mes de tratamiento cuesta, como mínimo, 150 mil pesos. Estos centros se basan en el programa de doce pasos de Alcohólicos Anónimos, cuya central en México es la segunda más grande a nivel mundial. También existe Narcóticos Anónimos, que se autodefine como “un programa de abstinencia completa de todo tipo de drogas (…) [s]ólo hay un requisito para ser miembro: el deseo de dejar de consumir”. Estos planes de recuperación, que han demostrado una eficacia mayor en los estudios comparativos frente a la terapia individual y la terapia grupal (cognitivo-conductual), oscilan, sin embargo, entre la recaída y la recuperación.

Este péndulo demuestra que la fuerza de voluntad, al momento de confrontarse con una adicción, está en entredicho. Hay dos verdades a contrastar: es cierto que la clave del funcionamiento del modelo de abstinencia está en el apoyo emocional y también es innegable el aspecto no volitivo del consumo problemático de sustancias (que se toma en consideración en la RD). En contadas ocasiones, el consumidor tiene una motivación clara y, aun así, la asistencia no se alcanza de inmediato. Ni siquiera a corto plazo. La reducción del daño no juzga esa ambivalencia y su impulso es noble: fomentar un estilo de vida lo más sano posible.

Bajo la premisa de “Sí a la atención, no a la exclusión”, la OMS lanzó el Manual de Recursos de la OMS sobre Salud Mental, Derechos Humanos y Legislación hace una década. En este instrumento afirma: “la experiencia clínica indica que las  personas  que  abusan del alcohol o de drogas generalmente no son buenos candidatos para el ingreso y el  tratamiento involuntarios, y se  requieren otras leyes para tratar de manera efectiva a este grupo de personas”. En este sentido, la legislación mexicana incorpora los Principios de Naciones Unidas para la Protección de los Enfermos Mentales y el Mejoramiento de la Atención de la Salud Mental. ¿En la práctica? Violaciones a derechos humanos y retrocesos en detrimento a la de por sí afectada salud mental de los usuarios de sustancias adictivas. A finales de 2013 se lanzó la iniciativa de Ley General para la Prevención, Tratamiento, Rehabilitación, Reinserción Social y Control en Materia de Adicciones, la cual es, en principio, una ampliación del marco normativo existente en la Ley General de Salud que busca reglamentar los servicios de atención relacionados. Sigue en espera.

La eterna disparidad

El Reporte 2016 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) revela que, a nivel mundial, uno de cada tres consumidores de droga son mujeres y niñas y sólo una de cada cinco personas que reciben tratamiento por abuso de drogas es del género femenino. En México el consumo ha aumentado más en ellas que en ellos, particularmente en el rango etario entre 12 y 18 años (el consumo general de drogas legales e ilegales se cuadriplicó durante las últimas dos décadas —del 4 al 16%— en mujeres. Las sobredosis han aumentado y también el arresto de mujeres por delitos relacionados con drogas. La disparidad también afecta a la salud mental. La JIFE afirma que los consumidores femeninos experimentan mayores niveles de estigmatización y son altamente vulnerables (suelen ser condenadas al ostracismo por parte de su familia y/o comunidad y ser víctimas de violencia emocional, física y sexual (para financiar su uso de drogas y/o el de su pareja).

Es un reto para la salud pública incorporar la perspectiva de género. Además de asegurar la disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad en materia de atención a las adicciones.  Una política pública ideal de reducción de la demanda de drogas ampliaría nuestra compresión de las adicciones para proporcionar una respuesta más humana y efectiva a las personas que las consumen.

 

Karen Villeda
Escritora. Su libro más reciente es Visegrado (Almadía, 2018).

Bibliografía:
Open Society Foundations, Treated With Cruelty: Abuses in the Name of Drug Rehabilitation, 2011.
Open Society Foundations, Ni socorro, ni salud: abusos en vez de rehabilitación para usuarios de drogas en América latina y el Caribe, 2016,
Organización Mundial de la Salud, Manual de Recursos de la OMS sobre Salud Mental, Derechos Humanos y Legislación, 2006.
Secretaría de Salud, Encuesta Nacional de Adicciones, 2002.
Secretaría de Salud, Encuesta Nacional de Adicciones, 2008.
Secretaría de Salud, Encuesta Nacional de Adicciones, 2011.
Secretaría de Salud, Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco,2016-2017.


1 Analgésicos, antidepresivos, pastillas para dormir, tranquilizantes, entre otros estimulantes.

2 Drogas como las anfetaminas, la cocaína, el crack, la heroína o drogas de prescripción médica como la morfina que se diluyen o disuelven para inyección se encuentran en esta categoría.

3 A comienzos de la década pasada, en 2003, el gobierno comenzó a implementar un programa para reducir los daños derivados de las personas usuarias de drogas por inyección a través del Centro Nacional para la prevención y control del VIH/Sida (CENSIDA).

4 A finales de noviembre de 2016, la Secretaría de Salud confirmó que los resultados de la Encuesta Nacional de Adicciones 2016 estarían listos para el primer trimestre de 2017. A la fecha de publicación de este artículo, no se ha presentado el estudio a nivel nacional.

5 El primero es cuando una persona reporta  haber tenido tres o más síntomas de dependencia asociados a su consumo de drogas. El segundo se refiere a las personas que reportaron haber usado una o más sustancias en más de cinco ocasiones y además presentan dependencia a las drogas.

6 Un consumo se define como “no problemático” o “recreativo” cuando no tiene la carga de dependencia física, psicológica o ambas y/o cuando la vía de consumo no supone el consumo vía parental.

7 La traducción es de la autora.

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“Presas de sus demonios interiores”, así es se ha explicado, injustamente, el suicidio de escritoras que transformaron el curso de la literatura. Una reflexión sobre sufrimiento y memoria literaria.

No logro dilucidar si la última entrada en el diario del escritor Cesare Pavese delata una inusitada lucidez o un miedo tremendo:

“Siempre sucede lo más secretamente temido. Escribo: Oh, Tú, ten piedad. ¿Y después?

Basta un poco de valor.

Cuanto más preciso y determinado es el dolor, más se debate el instinto de vivir, y se debilita la idea del suicidio. Parecía fácil, al pensarlo. Y sin embargo hay mujercitas que lo han hecho. Hace falta humildad, no orgullo.
Todo esto da asco.
No palabras. Un gesto. No escribiré más.”

Ese despectivo ”mujercitas”, ¿es en serio? ¿A qué se referiría el también traductor italiano al hablar de “mujercitas” nueve días antes de su muerte? El sufijo me revela una comparación odiosa: ¿es la sensibilidad un atributo característico de una personalidad considerada más débil? ¿O está hablando simple, llana y prejuiciosamente en función del género? Suena a que el autor de La luna y las hogueras insiste en la degradación peyorativa de ser mujer y, si soy malpensada, ser una mujer artista.

En 1950, año de la muerte de Pavese, también murió Edna St. Vincent Millay. Ella, que alguna vez fue considerada como ‘la mejor poeta desde Safo’, ha visto eclipsada su carrera por ser “una bisexual aventurera” y “adicta a la morfina”. Quien fuera la primera mujer en recibir el Premio Pulitzer de Poesía fue reemplazada –décadas después– por figuras como Elizabeth Bishop o Sylvia Plath. Sin embargo, en el caso de esta última escritora, el mito ha perseverado más que su brillantez poética. La voz nostálgica omnipresente en Edna St. Vincent Millay:

“Dos veces vi vuestras cabezas de adorable pelo corto / una al lado de la otra, la de ónice y la de oro, / y supe que no podría quedarme lo que fue mío. / Dos veces entré al cuarto, sin saber que ella estaba. / Dos ojos de ágata, dos ojos de malaquita, / dos veces se giraron hacia mí, brillantes, severos. / Y es así como sé lo que he perdido. / ¡Ah, dulce incienso / irrecuperable, cómo subes por la noche sin viento!”,

es reforzada por una irrefrenable ansia de libertad de Sylvia Plath:“Nunca podré leer todos los libros que quiero; no puedo ser todas las personas que quiero y vivir todas las vidas que quiero. Nunca podré entrenarme en todas las habilidades que quiero. Y ¿por qué lo quiero? Porque quiero vivir y sentir todos los matices, tonos y variaciones de la experiencia mental y física posibles en mi vida. Y estoy terriblemente limitada.”.

Edna St. Vincent Millay

Me parece que la visión de la escritora de La campana de cristal ha sido malentendida por una crítica facilona como “lucha con sus demonios interiores”. Ésta es una categoría recurrente y cómoda cuando es la hora de hablar del trabajo creativo de mujeres escritoras. Violeta Parra, Alejandra Pizarnik, Anne Sexton, Alfonsina Storni, Marina Tsvietáieva, Virginia Woolf fueronmujeres que, definitivamente, cambiaron el panorama de las letras. Mujeres que, como tomaron su propia vida, han sido condenadas a ser claros ejemplos de inestabilidad mental.

Es obvio que las circunstancias que las rodeaban contribuyeron a ese desequilibrio. El sexismo afecta la salud mental. La Organización Mundial de la Salud lo afirma:

“La depresión, la ansiedad, los síntomas somáticos y las altas tasas de comorbilidad se relacionan significativamente con factores de riesgo interconectados y concurrentes, como los roles basados en el género, factores estresantes y experiencias y eventos negativos de la vida Los factores de riesgo específicos de género para los trastornos mentales que afectan desproporcionadamente a las mujeres incluyen violencia de género, desventaja socioeconómica, bajos ingresos y desigualdad de ingresos, estatus social y rango bajo o subordinado y responsabilidad incesante para el cuidado de los demás”.

Algunas de ellas hacían labor emocional de sus parejas, sacrificando su tiempo y su trabajo por hombres como Ted Hughes, a quien recientemente se le ha acusado de violencia doméstica gracias a una serie de cartas que envió Sylvia Plath a su  psicoanalista. La poeta estadounidense recurrió a la “ayuda psiquiátrica” con altos riesgos y efectos colaterales como la terapia electroconvulsiva: “¿Por qué después del tratamiento ‘increíblemente corto’ de unas tres sesiones de electrochoques mejoré de pronto? ¿Por qué sentía que merecía un castigo, que tenía que castigarme a mí misma? Y ¿por qué siento ahora que debería sentirme culpable y desdichada, y me siento culpable por no sentirme culpable ni desdichada”. En Annie Hall, el personaje de Alvy Singer (interpretado por Woody Allen) se expresa así de Sylvia Plath: “Interesante poetisa, cuyo trágico suicidio fue malinterpretado como romántico por la mentalidad de las universitarias”.

El 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath se suicidó asfixiándose con gas.

“Los hallazgos revelaron que las mujeres tienden a elegir la sobredosis de fármacos y la exanguinación como método del suicidio mientras que los varones con mayor frecuencia usaban ahorcamiento y asfixia” afirma un artículo de The National Center for Biotechnology Information () acerca de la diferenciación de métodos de suicidio utilizados según el género. 50 pastillas de Seconal (un barbitúrico) acabaron con la vida de Alejandra Pizarnik el  25 de septiembre de 1972. Tenía 36 años. La autora de Árbol de Diana arremete contra la vestimenta femenil y el aspecto biopolítico que implica usarla con tal de cumplir con ciertos convencionalismos sociales:

“Quisiera ser hombre para tener muchos bolsillos. Hasta podría tener siempre un libro en un bolsillo. La ropa femenina es muy molesta. ¡Tan ceñida e incómoda! No hay libertad para moverse, para correr, para nada. El hombre más humilde camina y parece el rey del universo. La mujer más ataviada camina y semeja un objeto que se utiliza los domingos. Además hay leyes para la velocidad del paso. Si yo camino lentamente, mirando las esculturas de las viejas casas (cosa que aprendí a mirar) o el cielo o los rostros de los que pasan junto a mí, siento que atento contra algo. Me siguen, me hablan o me miran con asombro y reproche. Sí. La mujer tiene que caminar apurada indicando que su caminar tiene un fin. De lo contrario es una prostituta (hay también un “fin” (sic)) o una loca o una extravagante”.

Alejandra Pizarnik

La condición de ser mujer, y las supuestas obligaciones que plantea, es la verdadera “lucha interna” de estas creadoras. Poco antes de saltar al mar, Alfonsina Storni escribe lo siguiente: “Déjame sola: oyes romper los brotes… / te acuna un pie celeste desde arriba / y un pájaro te traza unos compases / para que olvides… Gracias… Ah, un / encargo: / si él llama nuevamente por teléfono / le dices que no insista, que he salido”. El poema, titulado “Voy a dormir”, es remitido a La Nación para ser publicado al día siguiente de su muerte el  25 de octubre de 1938.

Alfonsina Storni

Más de uno ha desmitificado a la protagonista de “Alfonsina y el mar”: “Hay mucho secreto en el suicidio de un poeta. El lector busca ingredientes extraordinarios en ese hormigueo penoso que empuja al creador más allá del abismo. Por esta senda, triunfa el cliché romántico”.1 Lo trágico es continuar abonando a la romantización de su muerte. Su reputación se ve arruinada por una sucesión de estereotipos de los que parece imposible escapar como mujer artista. Titulares como “El hombre que tuvo la desgracia de nacer mujer” para hablar de Alfonsina Storni o “Un amor más allá de lo racional” para referirse a su relación con Horacio Quiroga, de la cual no se sabe exactamente su naturaleza (probablemente eran amigos que se admiraban y compartían gustos en común como la música de Wagner). A él le escribió: “«No hiere cada hora –queda escrito-, / nos mata la final. » / Unos minutos menos … ¿quién te acusa? / Allá dirán. / Más pudre el miedo, Horacio que la muerte / que a las espaldas va. / Bebiste bien, que luego sonreías … / Allá dirán.” Y estas palabras fueron más que un vaticinio pues encontramos la descripción de una muerte imaginada.

Poetas visionarias que hablaban sin temor de su propia muerte. Reducirlas a esas “mujercitas” a las que denosta Cesare Pavese sería su verdadera muerte.

Al Álvarez en Un Dios Salvaje sugiere que Sylvia Plath quería seguir viviendo. En el poema “Melancolía”, Alfonsina Storni expresa sentimientos encontrados: “Oh muerte, yo te amo, pero te adoro, vida…” ¿Mujeres que no saben vivir o que no pueden vivir? Ellas sabían que había algo más pero el mundo en el que vivían no era capaz de dárselo. Lo que ellas eran distaba demasiado de lo que la sociedad sigue esperando de nosotras, las mujeres. Alejandra Pizarnik escribió en su diario: “Quisiera pensar en algo sublime (…) Quisiera electrizar mis ojos y sacudirles su inercia doméstica (…) subir a lo más alto, agitar los brazos como campanillas estremecidas y gritar a Todo: ¡Soy universal!”.

 

Karen Villeda
Escritora. Participó en el Programa In ternacional de Escritura de la Universidad de Iowa en 2015. Autora de Visegrado libro ganador del Premio Bellas Artes de Ensayo Literario “José Revueltas” 2017 de próxima publicación en Almadía y el Instituto Nacional de Bellas Artes.


1 Guzmán Urreño Peña, “Alfonsina vestida de mar”, Alfonsina Storni, Centro Virtual Cervantes.

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