De biología y desigualdades: la pobreza menstrual en México

Ignorando las recomendaciones internacionales, la Cámara de Diputados en México acaba de atentar contra la igualdad entre hombres y mujeres al desechar una iniciativa por el acceso a la menstruación digna. ¿Cuándo importarán las mujeres y sus cuerpos?

“La lógica no tiene nada que ver con la opresión… si los hombres pudieran menstruar y las mujeres no … la menstruación se convertiría en un evento masculino envidiable y digno … los productos sanitarios serían financiados con fondos federales y serían gratuitos”.
—Gloria Steinem, 1986

 

En la conversación pública, hablar de menstruación está mal visto y genera incomodidad. La menstruación se trata como si fuera un asunto desagradable o del que las mujeres deberían apenarse. El manejo de la menstruación es un tema olvidado por la salud pública, que debería ser abordado a partir de una perspectiva de género, interseccional e incluyente para evitar las consecuencias que puede tener en la profundización de la pobreza y la desigualdad.

En 1994, durante la histórica Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD), un año después, en la Plataforma de Acción de Beijing, y recientemente  en,  Cumbre de Nairobi que conmemoró los 25 años de la CIPD; el derecho a los servicios de salud sexual y reproductiva de calidad se estableció como fundamental para la participación de las mujeres y las niñas en la sociedad, así como para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible propuestos por las Naciones Unidas.  Entre estos derechos se establece específicamente el acceso a una menstruación digna y segura.

En México, si bien los 64 millones de mujeres constituyen más de la mitad de la población del país, sus necesidades a menudo se pasan por alto. Otras veces, como en el caso de la menstruación, se ignoran de forma deliberada ya que, históricamente, y según los hacedores de políticas públicas, el tema pertenece y debe mantenerse en el ámbito de lo privado.

Ilustración: Alejandro Alia

Sin embargo, diversas investigaciones han revelado que el acceso desigual a los productos de gestión menstrual tiene un impacto significativo en la vida de las mujeres y otras personas menstruantes.1 Parafraseando a Jennifer Weiss-Wolf, la capacidad de acceder a productos menstruales, así como a espacios para gestionar la menstruación de una forma segura, afecta la libertad de una persona para estudiar, trabajar, mantenerse saludable y desarrollarse plenamente.2 Por ejemplo, la experiencia escolar de las niñas se ve afectada negativamente debido a distracciones e incomodidad derivados de la ansiedad que genera mancharse.3 Si bien, la educación menstrual es importante, y podría contribuir a mejorar el desempeño académico de niñas en países de ingresos bajos y medianos, ésta aún no se ha incluido dentro de los currículos educativos.4

La menstruación importa porque es una amalgama de lo personal y lo político. La pobreza menstrual, que se define por la falta de acceso a productos para la gestión menstrual la falta de infraestructura de agua, saneamiento e higiene (WaSH facilities); la falta de dignidad derivada de la estigmatización; y la falta de educación al respecto, es algo que atañe tanto a países desarrollados como en vías de desarrollo y que exacerba las desigualdades como resultado  de políticas sociales y fiscales carentes de perspectiva de género e interseccionalidad. Por ejemplo, la pobreza menstrual, misma que desata un espiral de precarización, es un problema generalizado en Kenia: UNICEF encontró que el 7 % de las mujeres y niñas encuestadas dependen de telas viejas, mantas, plumas de aves, barro y periódicos para “gestionar” su menstruación. El 46 % usa toallas higiénicas desechables y el 6 % usa toallas higiénicas reutilizables.5 Por su parte, en el Reino Unido, una de cada 10 niñas entre los 14 y 21 años no puede acceder a productos de gestión debido a su precio prohibitivo, generando ausentismo escolar recurrente.6

Contradictoriamente, en diversos países, incluyendo México, los productos para la gestión menstrual, como toallas sanitarias desechables, toallas de tela, compresas, copas menstruales, tampones, entre otros, se gravan como si no fueran artículos de primera necesidad. Además de ser un impuesto discriminatorio en términos de género, encarecer el precio de estos productos y gravarlos con IVA se convierte en un obstáculo para muchas mujeres en situación de pobreza. Al día de hoy, en México, el IVA del 16 % es una de las tasas más altas para este tipo de productos en el mundo. Por eso mismo y derivado de un movimiento global que lo exige, se ha determinado que se necesita trabajo político para impugnar leyes y políticas públicas que son discriminatorias y están arraigadas en una concepción limitada, si no errónea, de los cuerpos menstruantes.

Como efecto dominó de la creciente participación de las mujeres en el mundo laboral y en los espacios de poder, la conciencia sobre la pobreza menstrual ha llegado a la conversación espacio público y su erradicación a la agenda global.

Hasta ahora, veinte países han reconocido que el impuesto a los productos de gestión incrementa las desigualdades. Colombia, a través de la campaña Menstruación Libre de Impuestos que empezó en el año 2015 y cumplió su objetivo en 2019, se convirtió en el primer país de la región libre de impuestos a la menstruación. En el Reino Unido (freeperiods.org) se discutió sobre la pobreza menstrual, y se definió que atajarla  requiere de normalizar  la conversación que rodea a la menstruación para así lograr el objetivo de eliminar de los llamados impuestos rosas (tampon tax) en 2020 En Estados Unidos, (Periods gone public/taxfreeperiod.com) se habla de “equidad menstrual”, misma que se refiere a la igualdad de acceso a los productos de gestión, pero también a la educación sobre la salud sexual y reproductiva. Las activistas se preguntan: ¿si el gobierno no grava productos como el champú anticaspa y la pastilla azul, por qué no hacer lo mismo con los productos de gestión menstrual?

En México, la agenda es impulsada por una iniciativa de la sociedad civil llamada #MenstruaciónDignaMéxico, que tiene como propósito posicionar la gestión menstrual como un asunto público. Para lograr este objetivo, el colectivo ha trabajado una estrategia tripartita que busca garantizar la gratuidad de los productos de gestión menstrual; eliminar el IVA a dichos productos y generar investigación y datos sobre la menstruación y la gestión menstrual en el país.

Respecto al segundo eje, el pasado 8 de septiembre, desde la iniciativa #MenstruaciónDignaMéxico, diputadas federales de todos los partidos políticos presentaron una propuesta de reforma a la Ley del IVA para implementar una tasa 0 % de IVA a productos de gestión menstrual. Argumentaron que la tasa vigente del 16 % a estos productos representa un impuesto discriminatorio que atenta contra los derechos humanos de las mujeres a la no discriminación, el mínimo vital, la salud, trabajo, educación, vida digna e igualdad. Sin embargo, el 21 de octubre, en el marco de la discusión de la Miscelánea Fiscal 2021 en la Cámara de Diputados, con 185 votos a favor, 218 en contra y 11 abstenciones se desechó la adopción de la tasa 0 a productos de gestión menstrual y, por lo tanto, una iniciativa que cerraría la desigualdad entre hombres y mujeres. 

El argumento es que aprobar la expresión de este derecho, generaría un boquete en las finanzas públicas para el 2021. La realidad es que el dinero que se dejaría de recaudar representa el 0.5 % del presupuesto, en contraste con el 5 % de los gastos de una persona del decil más pobre. Las mujeres y personas menstruantes adquieren productos de higiene durante cerca de 40 años de sus vidas y, al día de hoy, seguirán pagando, en conjunto, alrededor de 400 millones de pesos anuales, recibiendo un trato desigual con base en el sexo o la biología, un hecho que en sí mismo es inconstitucional por discriminatorio.

Desde la presentación de la iniciativa ha surgido repetidamente dos argumentos: el primero, que es “mejor optar” por productos reusables y “ecológicos” y, el segundo, que la tasa 0 beneficiaría a las empresas que hacen negocio con los productos de gestión menstrual. Vamos por partes. Los productos reutilizables y ecológicos también se encuentran gravados con un IVA de 16 %. Además, las copas menstruales, que están disponibles de forma limitada en el mercado mexicano, no necesariamente son la mejor opción para muchas mujeres que carecen de acceso al agua y saneamiento, y los precios de estos productos biodegradables o elaborados con materialesorgánicos” resultan prohibitivamente costosos para la mayoría. Además, como argumenta Archana Patkar, Coordinadora de Género y Derechos Humanos en UNAIDS: “las experiencias de las mujeres con la menstruación han sido negadas y estigmatizadas … y ahora se supone que debemos decirles que tienen que pensar en el medio ambiente y los Objetivos de Desarrollo Sostenible… ¿Por qué? ¿Las mujeres siempre tienen que asumir la responsabilidad, la doble carga de todo? ¡Por el medio ambiente, los niños, las familias, todo!”.7 Todas las personas que menstrúan merecen opciones de acuerdo con sus necesidades físicas y sus circunstancias culturales y socioeconómicas.

Por su parte, la tasa 0 plantada en la propuesta legislativa por #MénstruaciónDignaMéxico tiene como finalidad preponderante proteger a la población social y económicamente más desprotegida. Aplicar una tasa 0 parte de una visión de derechos humanos y perspectiva de género ya que evitará que las empresas trasladen ese 16 % a las consumidoras. Lograr una menstruación libre de impuestos el próximo 31 de octubre en el Senado abriría paso a una discusión aún más profunda alrededor de la justicia menstrual: la gratuidad, la sustentabilidad y la infraestructura necesaria para vivirla con dignidad.

Desafiar la infraestructura política y social que considera que la menstruación no es importante puede abrir la discusión de otros temas que atañen a las poblaciones más vulneradas. La lucha para apoyar a todas las mujeres y personas que menstrúan es parte de la búsqueda por la igualdad de género y de un proyecto duradero para construir una sociedad más inclusiva. La menstruación como asunto público es, sin duda, el comienzo de una conversación más amplia sobre la igualdad de género, el feminismo y el cambio social.

 

Sofía Sánchez Velasco
Consultora e investigadora. Maestra en Políticas Públicas por la Universidad de Cambridge y miembro de #MenstruaciónDignaMéxico.


1 Aylward, P., Little, K., Sharma, V., et al., 2018. “Expanding Access to Menstrual Hygiene Products in India”. PSI. Consultado el 20 de octubre de 2020.

2 Weiss-Wolf, J., 2017. Periods Gone Public: Taking a Stand for Menstrual Equity. Arcade Publishing.

3 Mason, L., Nyothach, E., Alexander, K., Odhiambo, F.O., Eleveld, A., Vulule, J., Rheingans, R., Laserson, K.F., Mohammed, A., y Phillips-Howard, P.A. (2013). “‘We keep it secret so no one should know’ —a qualitative study to explore young schoolgirls attitudes and experiences with menstruation in rural Western Kenya”, PLoS ONE, 8: e79132. DOI: 10.1371/journal.pone.0079132

4 Sommer, M., Caruso, B.A., Sahin, M., Calderon, T., Cavill, S., Mahon, T., y Phillips-Howard, P.A. (2016a). “A Time for Global Action: Addressing Girls’ Menstrual Hygiene Management Needs in Schools”, PLoS Med, 13(2), e1001962.

5 Oppenheim, M. (2018). “Kenyan girls forced into sex in exchange for sanitary products”, The Independent.

6 Tingle, C. y Vora, S., 2018, Break the barriers: our first-of-a-kind report documents girls’ experiences of periods in the UK. Plan International UK. Consultado el 22 de octubre de 2020.

7 Bobel, C., 2018. The Managed Body: developing girls and menstrual health in the global south. Palgrave Macmillan.

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Un comentario en “De biología y desigualdades: la pobreza menstrual en México

  1. Un reportaje muy completo con mucha precisión y antecedentes a nivel mundial, felicidades Sofia, sigan luchando.

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