Ni los parques ni la salud son para todos

Los problemas ecológicos del planeta sin duda afectan la salud de los seres humanos: la más reciente advertencia es la pandemia de covid-19. Con la nueva serie “El cuerpo ante la crisis ambiental”, los blogs Crisis Ambiental y (Dis)capacidades exploran las consecuencias de esta desestimada relación.

En las últimas décadas ha crecido el interés por los espacios verdes y su importancia en la sustentabilidad urbana, especialmente a partir de la enorme cantidad de evidencia científica que relaciona estos sitios con la salud física y mental de las personas. Esta relación se da a través de los beneficios indirectos y directos que las áreas verdes brindan a la población. De forma indirecta, estos espacios mejoran las características del paisaje, regulan el clima, proporcionan zonas para la infiltración de agua y purifican el aire, entre otros servicios ecosistémicos.1 De forma directa, los beneficios ocurren por el uso de la población de estos espacios a través de la actividad física o recreativa.2 El uso activo de estos espacios ha sido ampliamente relacionado con una mejora en la salud física y mental de sus usuarios ya que estimula la actividad física, pudiendo reducir enfermedades cardiovasculares y de otros tipos.3 De forma similar, al entrar en contacto con la naturaleza, las personas que utilizan estos sitios pueden reducir sus niveles de estrés, mejorar sus procesos cognitivos y su salud mental en general.4 Como si eso no fuera suficiente, existe cada vez más evidencia que demuestra que las áreas verdes contribuyen a mantener y reforzar el tejido social de una comunidad y en algunos casos incluso proveen alimentos a la población.5

Ilustración: Patricio Betteo

Sin embargo, la creciente consciencia de los beneficios de los espacios verdes también ha develado inequidades dentro en las ciudades que podríamos llamar injusticia ambiental. A pesar de que estas desigualdades han sido documentadas en diversas ciudades, esta situación no suele reflejarse en los datos oficiales que exponen algunos gobiernos. Por ejemplo, la Ciudad de México ha dicho que cuenta con 14.41 m2 de área verde por persona. Sin embargo, esta cifra no refleja la vivencia cotidiana de muchos habitantes de la ciudad. No es que los datos sean incorrectos, sino que los inventarios de áreas verdes no suelen considerar la accesibilidad a estos espacios, sin la cual difícilmente podremos experimentar los beneficios que ofrecen.6

Entre más accesibles sean los parques para las personas, mayor será la probabilidad de que las personas los usen. Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de accesibilidad? Existen por lo menos tres variables importantes, las cuales me dispongo a exponer aquí.

Cercanía y ubicación

El diseño y las características de los espacios verdes de las ciudades pueden facilitar o dificultar su uso. Existe vasta evidencia que confirma que la cercanía a estos espacios está directamente relacionada con su uso y, a su vez, con el incremento en la actividad física de las personas.7 Se ha visto que los adultos que viven a menos de cien metros de un parque realizan actividades físicas con mayor regularidad que aquellos que viven más allá de esa distancia, y que esto ayuda a los primeros a disminuir la probabilidad de sufrir sobrepeso u obesidad.8

Diversas recomendaciones internacionales han propuesto una distancia mínima a las áreas verdes para que cada ser humano pueda experimentar los beneficios que otorgan en su vida diaria. Por ejemplo, la Agencia de Medio Ambiente de la Unión Europea y la organización English Nature indican que los ciudadanos deben tener acceso a un espacio verde de por lo menos dos hectáreas a menos de trescientos metros de sus hogares.9 Otros autores señalan que las personas deben vivir como máximo a cuatrocientos metros (o diez minutos) de un espacio verde para que sus beneficios se vean reflejados en la comunidad, pues la mayoría de las personas no está dispuesta a caminar más de esa distancia para acceder a un parque.10 La cercanía es importante: la tasa de prevalencia de más del 60% de una amplia gama de enfermedades físicas y mentales disminuye en zonas que cuentan con espacios verdes en un radio de un kilómetro. Esta relación es aún más fuerte para los trastornos de ansiedad y la depresión, dolencias que se vuelven menos prevalentes en áreas con espacios verdes en un radio de hasta tres kilómetros.11 Estos datos demuestran que los beneficios de los espacios verdes como promotores de salud se desvanecen a medida que aumenta la distancia para llegar a ellos.12

Accesibilidad universal

Hoy en día, aproximadamente el 15% de la población mundial vive con algún tipo de discapacidad.13 Estos impedimentos pueden ser físicos, sensoriales, neurológicos, psiquiátricos, psicológicos, intelectuales o de otro tipo, y aumentan en prevalencia conforme aumenta la edad de las personas.

La actividad física juega un papel determinante en la salud de los adultos mayores y de las personas con discapacidad, ya que puede reducir la presión arterial, la diabetes, las enfermedades cardíacas y los niveles de colesterol, así como ayudar a mantener la salud de los huesos y las articulaciones e incluso reducir el dolor artrítico y la mortalidad.14 A pesar de estas ventajas, las personas con discapacidad y los adultos mayores suelen llevar estilos de vida sedentarios, ya que participar en actividades físicas supone mayores retos para estos grupos que para el resto de las personas.15 Los parques y las áreas verdes pueden facilitar el ejercicio y mejorar el bienestar emocional, físico y social de las personas mayores y con discapacidad, pero para que esto suceda los espacios deben estar adaptados para que estos grupos puedan acceder a ellos.16 Además de la cercanía al hogar, la existencia de senderos caminables sin obstáculos ni escaleras, buena iluminación, asientos cómodos, sombra, baños y mobiliario de ejercicio pensado para estos sectores de la población aumentan la probabilidad de que las personas con discapacidad o de edad avanzada hagan uso de los espacios verdes.17  Las condiciones de ambos grupos requieren de un diseño participativo de estos espacios en el cual se tomen en cuenta sus necesidades para maximizar los beneficios de salud pública.

Infraestructura para otros grupos vulnerables

La desigualdad en el acceso a los espacios verdes muestra una correspondencia con la desigualdad socioeconómica. Los grupos socialmente vulnerables (mujeres, niños, ancianos, personas de bajos ingresos, personas con discapacidad física, minorías étnicas y pacientes psiquiátricos) tienen menos acceso a los espacios verdes públicos que otras personas, que generalmente son más ricas o blancas.18 Esta asimetría es especialmente aguda en comunidades donde los espacios verdes públicos van en declive mientras que los espacios verdes privados aumentan. Esto, además de restringir el acceso de las personas más pobres a los espacios verdes, fomenta la separación física de los estratos socioeconómicos.19

Esta desigualdad ocurre en múltiples centros urbanos. En algunas ciudades de China, Estados Unidos y México se ha documentado que los grupos con mayor nivel educativo, de mayores altos ingresos y de tez más blanca tienen más acceso a espacios verdes que los grupos vulnerables.20 Este parece ser un patrón común. Por ejemplo, en la ciudad de Phoenix, Arizona, existen estudios que proponen que esta diferencia en el acceso se debe a la capacidad de los residentes de financiar el mantenimiento de estos sitios.21 De forma similar, en la Ciudad de México se ha reportado que, a mayor marginación, menos espacios verdes.22

El género de los usuarios es otro vector de desigualdad en el acceso a los espacios verdes urbanos. Algunos estudios han identificado factores que limitan el uso de los espacios verdes por las mujeres. Las mujeres reportan una percepción de inseguridad más alta que los hombres en los espacios verdes urbanos, lo que limita aún más su posibilidad de uso.23 Para contrarrestar este efecto, algunos sitios han comenzado a tomar medidas para generar espacios verdes inclusivos en términos de género. Por ejemplo, en Austria se han puesto a prueba proyectos para adaptar los parques existentes para que sean más acogedores para las niñas. Realizar algunos cambios en la infraestructura o diseño —como agregar senderos para accesibilidad y canchas de voleibol y bádminton— generó un cambio en los patrones de uso, con menos confrontación y más presencia femenina. Esta situación refleja la necesidad de una gestión de estos espacios centrada en su accesibilidad y no solo la cantidad de superficie verde por habitante como indicador principal, especialmente si la intención es avanzar bajo un modelo de sostenibilidad que reduzca la desigualdad ambiental.

Si bien la accesibilidad de los espacios verdes es un reto enorme, podría abordarse repensando el espacio público y respondiendo a necesidades sociales que propicien el diseño de espacios para el mejoramiento de la salud física y mental, así como para la recreación y la interacción social en donde todas y todos se sientan incluidos y seguros.

 

Cristina Ayala-Azcárraga
Doctora en Ciencias de la Sostenibilidad por la UNAM. Profesora de la Facultad de Arquitectura de la misma institución.

Marcelo Canteiro
Estudiante de doctorado en el Instituto de Biología de la UNAM.


Otros textos de esta serie:

La integridad ecológica en la salud y el bienestar” de Enrique Martínez Meyer.

Cuerpos y desastres naturales: las personas con discapacidad” de Alejandra Donají Núñez.

Los efectos de la actividad minera en la salud de los mexicanos” de Marlene Cortez-Lugo, Urinda Álamo-Hernández y David Hernández-Bonilla.

El calentamiento global y la salud” de Patricia Mussali Galante.

La crisis ambiental y las intoxicaciones alimentarias: el caso de la ciguatera”  de Erick J. Núñez-Vázquez y Antonio Almazán-Becerril.


1 Véase: Frantzeskaki, N. “Seven lessons for planning nature-based solutions in cities”, Environ Sci Policy. 2019;93: 101–111. doi:10.1016/j.envsci.2018.12.033. Véase también:  Tratalos, J., y otros “Urban form, biodiversity potential and ecosystem services”, Landscape Urban Plan. 2007;83: 308–317. doi:10.1016/j.landurbplan.2007.05.003

2 Véase: McPhearson, T., y otros. “Urban ecosystem services for resilience planning and management in New York City”, Ambio. 2014;43: 502–515. doi:10.1007/s13280-014-0509-8

3 Véase: Netz, Y., y otros. “Physical activity and psychological well-being in advanced age: a meta-analysis of intervention studies”, Psychol Aging. 2005;20: 272–84. doi:10.1037/0882-7974.20.2.272. Véase también: Shores, K. A. y West, S. T. “Rural and urban park visits and park-based physical activity”, Prev Med (Baltim). 2010;50: S13–S17. doi:10.1016/j.ypmed.2009.07.023

4 Véase: Hartig, T., y otros. “Restorative Effects of Natural Environment Experiences”, Environ Behav. 1991;23: 3–26. doi:10.1177/0013916591231001. Véase también: Martínez Soto, J., y otros. “Restauración psicológica y naturaleza urbana: algunas implicaciones para la salud mental”, Salud Ment. 2014;37: 217–224. doi:10.17711/SM.0185-3325.2014.025

5 Véase: Andersson, E., y otros. “Reconnecting cities to the biosphere: Stewardship of green infrastructure and urban ecosystem services”, Ambio. 2014;43: 445–453. doi:10.1007/s13280-014-0506-y. Véase también: Tallis, H., y Lubchenco, J. “A call for inclusive conservation”, International Journal on Disability and Human Development. 2014515: 27–28. doi:10.1515/IJDHD.2001.2.1.37

6 Véase: Cubukcu, E. “Walking for Sustainable Living”, Procedia – Soc Behav Sci. 2013;85: 33–42. doi:10.1016/j.sbspro.2013.08.335

7 Véase: Kaczynski, A. T., y otros. “Are park proximity and park features related to park use and park-based physical activity among adults? Variations by multiple socio-demographic characteristics”, Int J Behav Nutr Phys Act. 2014;11: 146. doi:10.1186/s12966-014-0146-4. Véase también: Paquet, C., y otros. “Are accessibility and characteristics of public open spaces associated with a better cardiometabolic health?” Landsc Urban Plan. 2013;118: 70–78. doi:10.1016/j.landurbplan.2012.11.011.

8 Véase: Bonnefoy, X. R., y otros. “Housing and Health in Europe: Preliminary Results of a Pan-European Study”, Am J Public Health. 2003;93: 1559–1563. doi:10.2105/AJPH.93.9.1559. Véase también: Coombes, E., y otros. “The relationship of physical activity and overweight to objectively measured green space accessibility and use”, Soc Sci Med. 2010;70: 816–822. doi:10.1016/j.socscimed.2009.11.020

9 Handley, J., y otros. “Providing accessible natural greenspace in towns and cities: a practical guide to assessing the resource and implementing local standards for provision”, Rep to Nat Engl. 2003; 1–36.

10 Barbosa, O., y otros. “Who benefits from access to green space? A case study from Sheffield, UK”, Landsc Urban Plan. 2007;83: 187–195. doi:10.1016/j.landurbplan.2007.04.004

11 Maas J., y otros. “Social contacts as a possible mechanism behind the relation between green space and health”, Heal Place. 2009;15: 586–595. doi:10.1016/j.healthplace.2008.09.006

12 Véase: Cutts, B. B., y otros. “City structure, obesity, and environmental justice: An integrated analysis of physical and social barriers to walkable streets and park access”, Soc Sci Med. 2009;69: 1314–1322. doi:10.1016/j.socscimed.2009.08.020. Véase también: Sallis, J. F., y otros. “Role of Built Environments in Physical Activity, Obesity, and Cardiovascular Disease”, Circulation. 2012;125: 729–737. doi:10.1161/CIRCULATIONAHA.110.969022. Véase también: Astell-Burt, T., y otros. “Does access to neighbourhood green space promote a healthy duration of sleep? Novel findings from a cross-sectional study of 259 319 Australians”, BMJ Open. 2013;3: 1–6. doi:10.1136/bmjopen-2013-003094.

13 Perry, M., y otros. “‘Enticing’ but not necessarily a ‘space designed for me’: Experiences of urban park use by older adults with disability”, Int J Environ Res Public Health. 2021;18: 1–19. doi:10.3390/ijerph18020552

14 Bedimo-Rung, A. L., y otros. “The significance of parks to physical activity and public health: A conceptual model”, Am J Prev Med. 2005;28: 159–168. doi:10.1016/j.amepre.2004.10.024

15 Saitta, M., y otros. “Park-based physical activity interventions for persons with disabilities: A mixed-methods systematic review”, Disabil Health J. 2019;12: 11–23. doi:10.1016/j.dhjo.2018.07.006

16 Maas, J., y otros. “Morbidity is related to a green living environment”, J Epidemiol Community Health. 2009;63: 967–973. doi:10.1136/jech.2008.079038

17 Rafizadeh, N. Movement with an Emphasis on the Concept of Universal Design. 2021;18: 37–50. doi:10.22034/BAGH.2020.230179.4539

18 Wang Q., y Lan, Z. “Park green spaces, public health and social inequalities: Understanding the interrelationships for policy implications”, Land use policy. 2019;83: 66–74. doi:10.1016/j.landusepol.2019.01.026

19 Wu, J., y otros. “Dismantling the fence for social justice? Evidence based on the inequity of urban green space accessibility in the central urban area of Beijing”, Environ Plan B Urban Anal City Sci. 2018. doi:10.1177/2399808318793139

20 Véase: Yuan, Y. y otros. “Spatial equity measure on urban ecological space layout based on accessibility of socially vulnerable groups-A case study of Changting, China”, Sustain. 2017;9: 1–20. doi:10.3390/su9091552. Véase también: Álvarez, R. F. “Neoliberalism and parks: the urban political ecology of green public space in Mexico City”, Soc hoy. 2012;23: 83–115. Véase también: Ayala-Azcárraga C., y otros. “Characteristics of urban parks and their relation to user well-being”, Landsc Urban Plan. 2019;189: 27–35. doi:10.1016/j.landurbplan.2019.04.005

21 Cutts, B. B. “City structure, obesity, and environmental justice: An integrated analysis of physical and social barriers to walkable streets and park access”, Soc Sci Med. 2009;69: 1314–1322. doi:10.1016/j.socscimed.2009.08.020

22 Ayala-Azcárraga C. “¿Somos tan verdes como decimos? Análisis de las áreas verdes de la Ciudad de México”, Oikos. 2019; 5–7.

23 Jorgensen A., y otros. “Woodland spaces and edges: Their impact on perception of safety and preference”, Landsc Urban Plan. 2002;60: 135–150. doi:10.1016/S0169-2046(02)00052-X