El síndrome de la Habana parece una enfermedad psicosomática (pero eso no quiere decir que los síntomas no sean reales)

¿Y si el síndrome de la Habana, reportado como una enfermedad que afecta a espías y diplomáticos estadunidenses, se tratara de un caso de histeria colectiva? Eso no quiere decir que los síntomas no existan. Un texto para pensar en nuestra relación con el malestar y el sospechosismo.

A principios de septiembre de 2021, un agente de la CIA fue evacuado de Serbia en el último caso de lo que el mundo conoce ahora como “síndrome de La Habana”.

Como la mayoría de la gente, escuché hablar del síndrome de La Habana por primera vez en el verano de 2017. Supuestamente, Cuba estaba atacando a los empleados de la Embajada de Estados Unidos en La Habana en sus casas y habitaciones de hotel utilizando un arma misteriosa. Las víctimas informaron de una variedad de síntomas, incluyendo dolores de cabeza, mareos, pérdida de audición, fatiga, niebla mental y dificultad para concentrarse, después de escuchar un sonido espeluznante.

Durante el año y medio siguiente se expusieron muchas teorías sobre los síntomas y la forma en que un arma podría haberlos causado. A pesar de la falta de pruebas sólidas, muchos expertos sugirieron que algún tipo de arma estaba causando estos síntomas.

Soy un profesor emérito de neurología que estudia el oído interno, y mi especialidad clínica son los mareos y la pérdida de audición. Cuando se conoció la noticia de estos hechos, me quedé desconcertado. Pero después de leer las descripciones de los síntomas de los pacientes y los resultados de las pruebas, empecé a dudar de que un arma misteriosa fuera la causa. He visto pacientes con los mismos síntomas que los reportados por los empleados de la embajada de forma regular en mi clínica de mareos de la Universidad de California, en Los Ángeles. La mayoría tiene síntomas psicosomáticos, es decir, síntomas que son reales pero que surgen del estrés o de causas emocionales, no externas. Con un poco de tranquilidad y algunos tratamientos para disminuir sus síntomas, los pacientes mejoran.

Los datos disponibles sobre el síndrome de La Habana coinciden con los de las enfermedades psicógenas masivas, más conocidas como histeria colectiva. Entonces, ¿qué ocurre realmente con el llamado síndrome de La Habana?

Ilustración: Raquel Moreno

Una enfermedad misteriosa

A finales de diciembre de 2016, un agente encubierto de unos 30 años, por lo demás sano, llegó a la clínica de la Embajada de Estados Unidos en Cuba quejándose de dolores de cabeza, dificultad para oír y dolor agudo en el oído. Los síntomas en sí no eran alarmantes, pero el agente informó que se desarrollaron después de escuchar “un haz de sonido” que “parecía haber sido dirigido a su casa”.

A medida que se extendía la noticia del presunto ataque, otras personas de la comunidad de la embajada informaron de experiencias similares. Un antiguo oficial de la CIA que estaba en Cuba en ese momento señaló más tarde que el primer paciente “estaba presionando, si no coaccionando, a la gente para que informara de los síntomas y conectara los puntos”.

Los pacientes de la embajada de EE. UU. fueron enviados a consultar, primero a los otorrinolaringólogos de la Universidad de Miami, y luego a los especialistas del cerebro en Filadelfia. Los médicos examinaron a los pacientes de la embajada con una serie de pruebas para medir la audición, el equilibrio y la cognición. También tomaron imágenes de resonancia magnética del cerebro de los pacientes. De los 21 pacientes examinados, entre 15 y 18 experimentaron trastornos del sueño y dolores de cabeza, así como disfunciones cognitivas, auditivas, de equilibrio y visuales. A pesar de estos síntomas, las resonancias magnéticas del cerebro y las pruebas auditivas eran normales.

Apareció una avalancha de artículos en los medios de comunicación, muchos de los cuales aceptaban la noción de un ataque. Desde Cuba, el síndrome de La Habana comenzó a extenderse por todo el mundo a las embajadas de China, Rusia, Alemania y Austria, e incluso hasta las calles de Washington.

¿Un arma sónica o de microondas?

Inicialmente, muchos expertos y algunos de los médicos sugirieron que algún tipo de arma sónica era la culpable. El estudio del equipo de Miami informó en 2018 que 19 pacientes tenían mareos causados por daños en el oído interno por algún tipo de arma sónica. Esta hipótesis ha sido desacreditada en su mayor parte debido a los fallos en los estudios, el hecho de que no hay pruebas de que ningún arma sónica pueda dañar selectivamente el cerebro y nada más, y porque los biólogos identificaron que los sonidos de las grabaciones de la supuesta arma eran de una especie cubana de grillos.

Algunas personas también han propuesto una idea alternativa: un arma de radiación de microondas. Esta hipótesis ganó credibilidad cuando en diciembre de 2020, la Academia Nacional de Ciencias publicó un informe en el que concluía que la “energía de radiofrecuencia pulsada” era una causa probable de los síntomas en al menos algunos de los pacientes.

Si alguien se expone a microondas de alta energía, en ocasiones puede oír brevemente sonidos. No hay un sonido real pero, en lo que se llama el “efecto Frey”, las neuronas del oído o del cerebro de una persona son estimuladas directamente por las microondas y la persona puede “oír” un ruido. Sin embargo, estos efectos no se parecen en nada a los sonidos descritos por las víctimas, y el simple hecho de que los sonidos fueran grabados por varias víctimas elimina las microondas como fuente. Aunque las armas de energía dirigida existen, ninguna que yo conozca podría explicar los síntomas o los sonidos reportados por los pacientes de la embajada.

A pesar de todas estas historias y teorías, el problema se mantiene: ningún médico ha encontrado una causa médica para los síntomas. Y, después de cinco años de búsqueda exhaustiva, no se ha encontrado ninguna evidencia de un arma.

Enfermedad psicógena masiva

La enfermedad psicógena masiva es una condición en la que las personas de un grupo se sienten enfermas porque piensan que han estado expuestas a algo peligroso, aunque no haya habido una exposición real. Por ejemplo, cuando se generalizó el uso de los teléfonos a principios del siglo XX, numerosos operadores telefónicos enfermaron con síntomas similares a los de una conmoción cerebral, atribuidos al “choque acústico”. Pero, a pesar de décadas de informes, ninguna investigación ha confirmado su existencia.

Creo que es mucho más probable que la enfermedad psicógena masiva ––no un arma energética–– esté detrás del síndrome de La Habana.

La enfermedad psicógena masiva suele comenzar en un entorno estresante. A veces comienza cuando un individuo con una enfermedad no relacionada cree que algo misterioso causó sus síntomas. Después, esta persona difunde la idea a las personas de su entorno e incluso a otros grupos y a menudo es amplificada por trabajadores sanitarios demasiado entusiastas y por los medios de comunicación.

Los casos bien documentados de enfermedades psicógenas masivas ––como las plagas danzantes de la Edad Media–– se han producido durante siglos y siguen ocurriendo con regularidad en todo el mundo. Los síntomas son reales, el resultado de cambios en las conexiones cerebrales y la química. También pueden durar años.

La historia del síndrome de La Habana me parece un caso de libro de texto de enfermedad psicógena masiva. Comenzó a partir de un agente encubierto en Cuba, una persona en lo que, imagino, es una situación muy estresante. Esta persona tenía síntomas reales, pero los achacó a algo misterioso: el extraño sonido que escuchó. Luego se lo contó a sus colegas de la embajada, y la idea se extendió. Con la ayuda de los medios de comunicación y la comunidad médica, la idea se consolidó y se extendió por todo el mundo. Así, cumple con todos los requisitos de una enfermedad psicógena masiva.

Curiosamente, el informe de la Academia Nacional de Ciencias estadunidense de diciembre de 2020 concluyó que la enfermedad psicógena masiva era una explicación razonable para los síntomas de los pacientes, especialmente los crónicos, pero que carecía de “datos a nivel de paciente” para hacer tal diagnóstico.

El propio gobierno cubano también ha investigado los supuestos ataques a lo largo de los años. El informe más detallado, publicado el 13 de septiembre de 2021, concluye que no hay pruebas de armas de energía dirigida y dice que las causas psicológicas son las únicas que no se pueden descartar.

Aunque no es tan sensacionalista como la idea de una nueva arma secreta, la enfermedad psicógena masiva tiene precedentes históricos y puede explicar la gran variedad de síntomas, la ausencia de daños cerebrales o auditivos y la posterior propagación por todo el mundo.

 

Robert Baloh
Profesor de Neurología, Universidad de California en Los Ángeles.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation, el 30 de septiembre de 2021. Traducción de Eugenia Rodríguez

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Salud mental, Voltear a ver