Las reflexiones de Roxane Gay, autora del best-seller Bad Feminist, sobre su experiencia con el trauma y las repercusiones en su cuerpo nos llevan a pensar en las posibilidades y límites de ser en nuestra piel. Desde el feminismo, ¿debemos hacer del cuerpo una armadura?

Cuando Maya Angelou tomó su pluma y le declaró al viento:

Las mujeres hermosas se preguntan dónde radica mi secreto.
No soy linda o nacida para vestir una talla de modelo.
Mas cuando empiezo a decirlo,
Todos piensan que miento.
Y digo,
Está en el largo de mis brazos,
En el espacio de mis caderas,
En la cadencia de mi paso,
En la curva de mis labios.
Soy una mujer
Fenomenalmente.
Mujer fenomenal,
Esa soy yo.1

Probablemente no pensó que estas palabras sobre apreciar y sentirse bien con el cuerpo de una misma, sin importar si éste se ajusta a los ideales de belleza canónicos o no, resonarían durante décadas. Pero sin duda lo hicieron.

Es lindo (no confundir con comprobable) pensar que la extraordinaria intelectual Naomi Wolf tuvo en cuenta este poema mientras escribía El Mito de la Belleza (1991), aquella obra en la que plasma su gran contribución a la teoría feminista: la idea de que todos los parámetros de belleza impuestos a las mujeres funcionan como una dominación y que el sometimiento a los regímenes alimenticios es un sedante político, por ejemplo.2

También es lindo (y seguramente comprobable) pensar que la adorada escritora estadounidense, Roxane Gay, leyó el poema de Angelou y el libro de Wolf y los tomó en cuenta cuando escribió Hambre: Memorias de (mi) cuerpo (2017), un texto en el que investiga su proceso y manera de estar en el mundo contemporáneo en tanto que mujer obesa.

En este libro, Gay cuenta cómo un incidente traumático fue lo que la llevó a subir de peso irremediablemente. Cuando tenía 12 años, una persona que consideraba un amigo cercano la engañó y la llevó a una cabaña no muy lejos del suburbio donde vivían. Una vez dentro, él y varios amigos suyos abusaron sexualmente de ella. A partir de entonces, Gay decidió convertir su cuerpo en una armadura: “Comí y comí y comí con la esperanza de que si me hacía más grande, mi cuerpo estaría a salvo.”3

Ilustración: Patricio Betteo

Lo hizo hasta que su cuerpo “dejara de ser atractivo para los hombres”. Sin embargo, esta solución resultó ser un arma de doble filo: logró el cometido de sentirse protegida dentro de su nuevo cuerpo, pero el cambio físico también provocó que la sociedad la rechazara y le recriminara, no sólo que no se ajustara a los “estándares de belleza”, sino algo tan absurdo como que ocupara demasiado espacio por metro cuadrado.

En Hambre, Gay da cuenta de la profunda discriminación que las mujeres de cierta talla sufren en situaciones cotidianas. Desde ser obligada a comprar dos asientos de avión y caminar pegada a los edificios para no estorbar en las calles, hasta soportar que los extraños saquen productos de su carrito en el supermercado, Gay ha sido víctima de todo tipo de hostilidades cuyo único objetivo es invisibilizarla: “Esto es lo que la mayoría de las niñas aprenden: que debemos ser pequeñas y delgadas. No debemos ocupar espacio. Debemos ser vistas y no oídas, y si somos vistas, debemos ser agradables para los hombres, aceptables para la sociedad”.4

Por eso es que esta obra es tan dura. Lo que describe es desgarrador: vivencias plagadas de un maltrato generalizado, infligido, desafortunadamente, tanto por ella misma, como por el resto del mundo.

Sin embargo, como si fuera un farol descompuesto que alumbra intermitentemente un callejón oscuro y peligroso, algo ilumina las páginas de Hambre. La luz de lo que podríamos describir como la resistencia. Cada vez que Gay habla de amar y aceptar su cuerpo, la luz se hace presente; cada vez que se rebela en contra de lo que describe, muy en la línea de Wolf, como una “economía de la delgadez” —un sistema en el cual el único “valor” que las mujeres pueden poseer realmente es el de la belleza—. Gay declara: “Estoy trabajando hacia abandonar el daño infligido por los mensajes culturales que me dicen que mi ‘valor’ se encuentra estrictamente atado a mi cuerpo”. Su novela, An Untamed State (2014), sigue con estas reflexiones por medio de la historia de una mujer que se reconcilia con su cuerpo después de ser secuestrada y violada.

Por otro lado, en su colección de ensayos, Mala Feminista (2014) que fue un New York Times best-seller, Gay explora sus propias experiencias con la cultura del consumo de la que también somos presas las mujeres (una buena introducción de sus ideas está en esta TED Talk). Y lo que promueve es una experiencia en la que exista una mayor crítica al sistema y un menor juicio a una misma por escuchar rap con letras denigrantes, por disfrutar de revistas de moda, por pagar para ver comedias románticas e historias de amor en donde la mujer nunca está empoderada.

En uno de sus proyectos más recientes, la esperanza de la resistencia corporal se muestra más clara que en ninguno. El año pasado, lanzó la revista digital Unruly Bodies(cuerpos indisciplinados) que busca explorar la relación que tenemos con nuestros cuerpos cambiantes, desde múltiples aristas. Junto con otras 24 autoras entre las que se encuentran, por ejemplo, Carmen Maria Machado, la autora del best-seller Su cuerpo y otras fiestas (2018) y la joven artista plástica Larissa Pham, se dispuso a responder a la pregunta: “¿qué significa vivir en un cuerpo indisciplinado?”. Al terminar este proyecto, la conclusión de la propia Gay no fue que se deba optar por la obesidad como alternativa al imperativo de la belleza, pero tampoco seguir el camino de movimientos como #BodyPositive que tienden a caer en la superficialidad y fomentan el consumo de otros productos e ideas, y en particular su reciente acercamiento a la delgadez. Lo que Gay sugiere es un proceso continuo de autoaceptación, de crítica y de mantenerse positiva con una misma para intentar vivir una vida autónoma y libre.

Después de años dedicados a estos temas, Roxane Gay no piensa que su pasado trágico se haya quedado del todo atrás. Sigue considerándose atormentada, sigue sin querer que la toquen los extraños, sigue sospechando de ciertos grupos de hombres y teniendo pesadillas.

También sigue considerando que su cuerpo es, en efecto, una fortaleza que la protegerá del resto del mundo, pero que es tiempo de derribar algunos muros para poder dejar que ciertas cosas, y sobre todo ciertas personas, entren en ella. A esta acción la ha denominado una “des-destrucción de ella misma”. Reclamar su espacio y darle lugar a la curvatura de su espalda, al sol de su sonrisa, al porte de sus pechos, a la gracia de su estilo. Roxane Gay leyó a Maya Angelou, no hace falta comprobarlo. Ahora nos toca leer a Gay.

 

Rebeca Leal Singer
Cursa la maestría en Creación Literaria en The New School en Nueva York. Ha publicado en Algebra of Owls, Eleven and a Half Journal y Revista Melodrama.


1  Maya Angelou, Aún así me levanto, Nueva York, Penguin Random House, 1978.

2 Naomi Wolf,El mito de la belleza, Nueva York, William Morraw and Co., 1991. Traducción: Cristina Reynoso para la revista Debate Feminista

3 Roxane Gay, Hunger: A Memoir of (My) body, Londres, Corsair, 2017, p.11. La traducción es mía.

4 Ibid.