El universo de nuestro cerebro permite cosas maravillosas. Entre ellas, las experiencias estéticas: crear, conmoverse con el arte, dejarse transportar por un libro. Pero, ¿cómo son estos procesos a nivel neurológico? "SINAPSIS, Conexiones entre el arte y tu cerebro" es un proyecto de divulgación de la neurociencia cognitiva que explica los procesos estéticos y abre diálogos insospechados entre el arte y la ciencia.

¿Cuántos años tenía el lector cuando eligió por primera vez si se dedicaría a la ciencia o a las artes? Yo tenía dieciséis. Cuando estaba en la secundaria pensaba que estudiaría literatura. Me gustaba escribir cuentos y poemas, editaba la revista literaria de la escuela y leía ficción como nunca más he vuelto a leer en mi vida. Un par de años antes de entrar a la Universidad, inspirada por el libro El Genoma Humano de Matt Ridley, me sentí tentada también por las ciencias de la vida. En el último año de la preparatoria, tocó elegir entre cuatro áreas: 1. Ciencias Físicomatemáticas, 2. Ciencias Quimicobiológicas, 3. Ciencias Sociales y 4. Humanidades y Artes. Aún indecisa, elegí Área 2. Recuerdo que el último día de clases de la preparatoria, uno de mis compañeros de clase me escribió en el anuario escolar: “Me hubiese gustado más que te dedicaras a la literatura en vez de convertirte en Mostro (apodo que le dábamos al profesor de biología)”. También recuerdo que fue entonces cuando empecé a escuchar por primera vez cosas como: “ustedes los científicos, nosotros los artistas”. Como si la compleja (y absurda) pregunta “¿Ciencia o Arte?” ya hubiera sido respondida y no hubiera vuelta atrás.

Ilustración: Kathia Recio

A ese tipo de decisión forzada entre dos mundos se refirió el físico y novelista C.P. Snow en una famosa conferencia que dictó en Cambridge en 1959. Allí, esbozó por primera vez la idea de “Las dos culturas: Arte y Ciencia”. Le preocupaba que la sociedad occidental moderna se separara peligrosamente en dos grupos intelectuales que habían cesado de comunicarse.  Hoy en día, la educación moderna sigue insistiéndonos para elegir entre ambas desde muy temprana edad. Y, desde que elegimos en cuál pondremos nuestro pie, tendremos cada vez menos tiempo y oportunidades de acceder al otro lado, limitando así las posibilidades de intercambio y trabajo multidisciplinario.

En este proceso de separación entre disciplinas se pierden valiosas oportunidades de intercambio de perspectivas. Según Snow, esta ruptura es uno de los principales inconvenientes para la resolución de los más grandes problemas mundiales. Pero, más allá de falta de entendimiento entre dos grupos con métodos distintos, ¿cuáles son los obstáculos para avanzar el conocimiento de forma interdisciplinaria?  Haciendo referencia a la misma conferencia de Snow, el neurocientífico y premio Nobel Erick Kandel, ha dicho lo siguiente: 

C.P Snow habló sobre la división entre los humanistas y los científicos. Cualquiera puede leer a Shakespeare, así que los científicos pueden ser literatos hasta cierto grado, pero los humanistas no tienen acceso a la ciencia, y necesitamos cambiar eso. Una manera de hacerlo es encontrar áreas de interés común y empezar un diálogo entre nosotros. Este es un momento fantástico para embarcarnos en esta empresa.

Para este neurocientífico, uno de los problemas principales es la falta de acceso del público general a los contenidos científicos. Poblados con jerga especializada, complejos análisis estadísticos y gráficos que distan de ser intuitivos, el artículo científico en su forma más pura es inaccesible para todo aquel que esté fuera del campo de especialización. Incluso entre científicos tenemos dificultad para entender un paper de todo aquel tema que esté fuera de nuestra área inmediata de estudios. Por ello, la divulgación científica tiene un papel esencial no solamente en la difusión del conocimiento, sino para borrar las fronteras imaginarias entre disciplinas.

La neurociencia cognitiva es un punto de partida interesante para enlazar ciencia y arte, pues busca explicar las bases biológicas de los procesos mentales, entre los que están los principios de la creación y la apreciación artística. La neuroimagen funcional, que permite medir cambios físicos en la actividad del cerebro mientras un sujeto realiza una tarea, ha abierto la puerta a estudiar los procesos artísticos desde un punto de vista neurocientífico, interés del que nace la neuroestética, que investiga las bases biológicas de la experiencia artística. Sin embargo, la mayoría de los artistas conocen poco sobre el trabajo que realizan los neurocientíficos alrededor del arte y el cerebro, principalmente porque sus métodos son complejos y sus estudios poco accesibles al público general.

En un experimento de pensamiento, Frank Jackson nos pide imaginarnos a una neurocientífica llamada Mary que investiga la visión desde un laboratorio en blanco y negro. Cuando toca el momento de investigar la visión a color, obtiene todo el conocimiento sobre lo que pasa en el ojo: las células en la retina que responden a diferentes longitudes de onda, la forma en que se comunican con la corteza cerebral, los procesos con los que nombramos los colores y las emociones que estos pueden generar. Pero, al final del día, Mary nunca ha visto el color rojo. ¿Qué aprendería Mary si la dejáramos salir del cuarto a ver el verdadero mundo a color? Algo muy similar sucede con los neurocientíficos que quieren estudiar el arte desde un punto de vista físico y biológico: aunque ahora podamos medir las ondas eléctricas cerebrales y activaciones de distintas regiones cuando un bailarín ejecuta un giro, por ejemplo, ¿qué puede explicarle el científico a un bailarín al respecto de la danza, si nunca ha bailado? Desde mi punto de vista, la neurociencia del arte no podrá avanzar en la dirección correcta si no involucra en el proceso la perspectiva del artista.

El proyecto "SINAPSIS, Conexiones entre el arte y tu cerebro" busca entablar un diálogo entre artistas y científicos a partir de la divulgación de la neurociencia cognitiva de los procesos artísticos. De ningún modo pretende explicar el arte al artista. Al contrario. En muchos casos, el arte tiene más que enseñarnos sobre el funcionamiento del cerebro que lo que los neurocientíficos podemos explicar sobre los procesos artísticos. Semir Zeki, uno de los pioneros de la neuroestética, estipuló que “los artistas son en algún sentido neurocientíficos, estudiando el cerebro con sus propios métodos”.

En realidad, el arte y la neurociencia ofrecen perspectivas complementarias sobre la mente humana. El arte nos da experiencia de primera mano sobre ciertas características de la vida mental y emocional: experiencias íntimas, personales, a veces indescriptibles, imposibles de medir de forma objetiva; y la neurociencia nos permite explorar las bases biológicas de la creatividad, la memoria, la empatía, la percepción y la emoción, procesos que subyacen nuestra relación con el arte. Fomentar la intersección de estas dos formas del conocimiento será fundamental no sólo para el entendimiento de la psicología humana sino para el desarrollo de nuevos acercamientos terapéuticos. Además, las revelaciones sobre el funcionamiento del cerebro ya están inspirando a artistas contemporáneos para crear nuevas formas de representación artística, y estas nuevas obras de arte prometen acercar a un público aún más amplio a las maravillas de la ciencia del cerebro.

El intercambio apenas comienza y se anuncia prometedor. SINAPSIS es una invitación a formar parte, explorando las conexiones entre arte y cerebro a través de cápsulas videográficas divulgativas.  En esta primera entrega, les invitamos a conocer los tres primeros videos de este proyecto:

1. Creatividad y cerebro

 

2. Pintura y percepción visual

 

3. Literatura y cerebro

 

Fernanda Pérez-Gay Juárez
Médica por la UNAM, Doctora en Neurociencias por la Universidad de McGill. Investigadora en neurociencia cognitiva y divulgadora de la ciencia, sus artículos científicos han sido publicados en revistas indexadas y sus relatos y textos de divulgación en medios mexicanos y canadienses.