Un estudio reciente sugiere que los individuos que han sido diagnosticados con esquizofrenia tienen una percepción del tiempo y de los procesos temporales que es distinta a la común.

La primera descripción que se hizo de aquellas personas que presentaban distorsiones en la percepción del paso del tiempo vino de un estudioso de la Tierra, no de un psiquiatra. Fue a finales del siglo XIX cuando el geólogo Albert Heim describió que casi la totalidad de los alpinistas suizos a los que había entrevistado para un estudio, le reportaron experimentar una alteración del tiempo durante las caídas accidentales.

En una publicación de 1892, Heim contaba que, al caer, los alpinistas experimentaban “una rapidez mental dominante y una sensación de seguridad. La actividad mental se volvió formidable. […]. No hubo confusión. El tiempo se expandió enormemente”. Además de describir que sus pensamientos se volvían más rápidos y su atención más aguda, éstos recordaban percatarse de que el tiempo externo se dilataba; contaban que éste se hacía más lento.

Ilustración: Patricio Betteo

Ilustración: Patricio Betteo

Es claro que los procesos biológicos que gobiernan el comportamiento de los organismos están controlados por el tiempo; sólo hay que ver el hibernar de un oso o el fenómeno de migración de las mariposas monarcas. El concepto del reloj biológico incluso le mereció el Premio Nobel de Medicina o Fisiología 2017 a tres investigadores que demostraron las bases moleculares en la relación fiosológica-temporal. Las explicaciones de estas conductas hablan de un control interno basado en el tiempo, que determina los procesos naturales de las células de los organismos.

En el caso de los humanos, este reloj interior ––además de estar estrechamente relacionado con los cambios en el ambiente, como sucede con todos los organismos–, también se asocia a los procesos cognitivos. La razón por la que los humanos podemos experimentar una disparidad en la percepción del tiempo es, sin duda, resultado de la compleja red neuronal en nuestro cerebro. Pero también se debe a que somos seres que sienten, que tienen memoria y que se enferman: todos estos eventos regulan la manera en que comprendemos el “paso del tiempo”. Este se refiere a los juicios que hacemos sobre la duración de intervalos de tiempo determinados, así como del procesamiento que significa nuestra forma de comprender lo temporal (por ejemplo, el juicio que hacemos de manera inconsciente al acomodar los sucesos que han pasado cronológicamente).

En general, se ha recurrido reiteradamente a la adrenalina que secretamos en situaciones de estrés como una de las explicaciones causales del cambio en nuestra noción del tiempo. Es verdad que el rápido latir de nuestro corazón y un estado de alerta son resultados directos de la acción de esta hormona. Otra hipótesis que intenta dar cuenta de lo que ocurre en nuestro cuerpo ante experiencias que nos hacen ver el paso del tiempo más lentamente, se divide en dos partes. En la primera se dice que los procesos cognitivos “aumentan” u operan de forma más evidente ante la existencia de situaciones aterradoras. Aquí la actividad del locus cerúleo, encargado de la regulación del estrés y del pánico incrementa. La segunda parte del postulado se basa en la premisa de que tenemos un sentido del paso normal del tiempo que depende de la relación que hay entre nuestras acciones y los eventos externos. Es así que, al estar más alerta de lo normal y tomar decisiones rápidas, nuestro cerebro se da cuenta de que la relación entre lo que hay dentro y lo que hay fuera de nosotros ha cambiado. Como consecuencia nos parece que el tiempo se hace más lento.

Desde esa primera descripción hecha por Heim, el tema de la percepción del tiempo ha mantenido ocupados a los expertos. Por otro lado, dado el abordaje tradicional en el estudio de “lo humano”, las enfermedades suelen ser un buen punto de partida para la investigación, pues permiten discernir entre lo que categorizamos como normal y lo que nos parece anormal y sus manifestaciones. El caso del estudio de la mente y de la percepción del paso del tiempo no es la excepción: hay una buena cantidad de trabajos que se han centrado en estudiar la manera en que este fenómeno se presenta en personas que tienen trastornos como la esquizofrenia, el Parkinson, o la depresión.

Los resultados de estas investigaciones suelen ser contradictorios por lo que, este año, Sven Thoenes y Daniel Oberfeld, investigadores de dos universidades alemanas, se dieron a la tarea de revisar los estudios científicos de los últimos 65 años en los que se discute la percepción del tiempo en pacientes diagnosticados con esquizofrenia.

De la comparación de estudios que en principio parecen contradictorios y del análisis de aquellos que tuvieran un mayor poder explicativo, estos dos investigadores concluyen que las personas con esquizofrenia perciben el tiempo y procesan las secuencias temporales de forma distinta a como lo hacen las personas sin este diagnóstico psiquiátrico. El juicio y procesamiento de los pacientes a los que se refiere el análisis es menos preciso y más variable: tienden a percibir el tiempo pasar más rápido, y a veces la duración de los intervalos suele ser errática. Por ejemplo, cuando en uno de los estudios analizados por Thoenes y Oberfeld se les pidió que estimaran el tiempo durante el cual habían observado un cuadro en una pantalla, los pacientes presentaron más disparidad en sus cálculos a comparación de las “personas control”.

También fue clara una distinción en cuanto a las funciones cerebrales. Las personas diagnosticadas con esquizofrenia exhiben una actividad más baja en zonas como el cuerpo estriado, la corteza motora, y la ínsula, mismas que se relacionan con nuestra capacidad de juzgar la duración de los eventos. De hecho, de la revisión de trabajos que analizan la actividad cerebral se desprende la hipótesis de que existen distintos mecanismos neuronales relacionados a la medición de la duración de los eventos, aunque éstos todavía no se describen en su totalidad.

Otros estudios han abordado ya a las estructuras neuronales responsables de la percepción del paso del tiempo como los ganglios basales, el lóbulo parietal, el cerebelo, y el hipocampo. Al funcionamiento coordinado de todas estas partes del cerebro habría que agregar aquellas encargadas del procesamiento de la memoria, la atención, y los estados emocionales para darnos una mejor idea de la intrincada complejidad que implica la percepción del tiempo a nivel nervioso. La explicación que dan Thoenes y Oberfeld para la distorsión del tiempo en el caso de la esquizofrenia es que el reloj interno de las personas con este diagnóstico “no trabaja de forma constante”. Así, de la revisión de los trabajos surgieron dos hipótesis: ya sea que el reloj interno de quienes han sido diagnosticados con esquizofrenia trabaja de forma acelerada, o que tienen una representación alterada de la duración de los sucesos en su memoria a largo plazo.

Otra suposición que se desprendió involucra a los medicamentos. Del análisis de los trabajos publicados en los últimos 65 años, los autores detectaron que algunos estudios que revisan el uso de fármacos en el tratamiento de la esquizofrenia destacan que éstos podrían tener como valor agregado la reducción en la percepción dispar del tiempo. Sin embargo, los autores reconocen que este rubro carece de evidencia robusta y se necesitan más trabajos en el tema para llegar a cualquier conclusión.

Finalmente, otras investigaciones revisadas por los alemanes han propuesto que las personas que tienen una percepción temporal distinta es porque en realidad carecen de las estructuras biológicas que transportan la información relevante sobre el paso del tiempo. Por ejemplo, a nivel de los canales celulares que están presentes en la membrana y se encargan de transportar moléculas del exterior al interior ––o viceversa– para lograr el paso de impulsos eléctricos de una neurona a otra. Sin embargo, los estudiosos aún no han podido asegurar qué grado de responsabilidad tienen las propias células nerviosas en la manifestación de estos fenómenos.

La esquizofrenia no es el único trastorno psiquiátrico asociado con la disparidad en la percepción del tiempo. Se ha visto que la depresión y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad también presentan este fenómeno. Pero como ya lo describió Heim hace poco más de cien años, no es preciso padecer un “trastorno mental” para detectar la disparidad del tiempo. De ser así, muchos no entenderíamos la analogía que utilizó Albert Einstein para explicar la relatividad: “pon tu mano sobre una estufa caliente por un minuto y te parecerá una hora. Siéntate con una chica bonita durante una hora y te parecerá un minuto”. Lo que hace relevante el estudio de la percepción del transcurso del tiempo en las personas con diagnósticos psiquiátricos es la comprensión que puede derivarse de ella, que nos acerca a la empatía y aleja de los estigmas.

Sofía Flores
Maestra en comunicación de la ciencia por la Universidad de Sheffield, Inglaterra.


Referencias

Arstila, V. (2012) Time slows down during accidents. Frontiers in Psychology, 3:196.  10.3389/fpsyg.2012.00196

Fontes, R. et al (2016) Time perception mechanisms at central nervous system. Neurology International, 8(1), 5939.

Thoenes, S. & Oberfeld, D. (2017) Meta-analysis of time perception and temporal processing in schizophrenia: differential effects on precision and accuracy. Clinical Psychology Review, 54, 44-64.