Nuevas hipótesis para combatir el estigma frente a la enfermedad mental

Un estudio realizado en Suiza partió de la hipótesis siguiente: la promoción de la educación en salud mental reduce el estigma hacia las personas con diagnósticos psiquiátricos. Sin embargo, Carolin M. Doll y sus colegas descubrieron que la educación en salud mental no tiene una relación directa con reducir el estigma, algo que contradice la lógica que subyace en muchas campañas contra este problema.

Ilustración: Estelí Meza

Uno de los hallazgos que podría tener un mayor impacto en la sociedad es comprender que la angustia se deriva de causas psicosociales y al enfocar las campañas de salud mental en este aspecto se puede llegar a reducir la percepción de que los pacientes psiquiátricos son peligrosos de manera efectiva, así como el instinto de distanciarse socialmente de las personas que padecen estas enfermedades.

En el artículo, publicado en Community Mental Health Journal, Doll y su equipo sentencian: “Las campañas de concienciación que, además de las causas biológicas, señalan la importancia de las causas psicosociales de los trastornos mentales, reducirían más la estigmatización”.

Los investigadores se basaron en la definición de estigma de la Organización Mundial de la Salud que la describe como “una marca de vergüenza, desgracia o desaprobación que hace que un individuo sea rechazado, discriminado y excluido de participar en diferentes ámbitos de la sociedad”. En ese sentido, los investigadores distinguen tres tipos de estigma: el público, el personal y el autoestigma. El estigma público incluye los estereotipos y prejuicios negativos de las comunidades hacia las personas que tienen diagnósticos de salud mental. El estigma personal se refiere a “los propios estereotipos y prejuicios del individuo”, mientras que el autoestigma se produce cuando una persona se identifica con el grupo estigmatizado y experimenta la vergüenza, el retraimiento social y la desmoralización resultantes de ello.

Muchas campañas recientes contra el estigma se han centrado en promover la “educación en salud mental”. El supuesto que las impulsa es que la difusión de información sobre los síntomas, las causas, el tratamiento y la prevención de los trastornos mentales reduce las experiencias de discriminación que se desarrollan a partir del estigma. Además, se cree que, gracias a la alfabetización en salud mental, las personas están mejor preparadas para identificar los signos de los trastornos mentales y es más probable que busquen ayuda.

Sin embargo, los autores señalaron que, a pesar de que la educación en salud mental haya aumentado en los últimos años, la estigmatización y la falta de búsqueda activa de ayuda en realidad persisten. Esto puede deberse a que estas campañas tienden a hacer hincapié en las explicaciones biológicas del sufrimiento psíquico, que conllevan pronósticos pesimistas y estereotipos negativos sobre las personas con diagnósticos psiquiátricos (por ejemplo, que son imprevisibles o peligrosas).

Las iniciativas de alfabetización en salud mental tienden a explicar la angustia a partir de términos biológicos y se asocian, sobre todo, con la depresión y la esquizofrenia, según señalan los autores. Las pruebas que recabaron demuestran que promover la noción de que los trastornos mentales tienen causas biogenéticas disminuye los sentimientos de empatía hacia los pacientes psiquiátricos. A su vez, aumentan la autoculpabilidad y la angustia personal de los individuos, y el deseo de distanciarse socialmente de las personas diagnosticadas con un trastorno mental se intensifica. Teniendo en cuenta esto, los autores consideran que la promoción de la idea de que la angustia tiene causas biológicas de hecho podría aumentar el estigma, en particular hacia las personas que tienen diagnósticos de psicosis.

Doll y sus colegas examinaron la interacción entre los conocimientos sobre salud mental, los estereotipos y la estigmatización. “Una mejor comprensión de esta compleja interacción ayudará a mejorar las futuras campañas contra el estigma evitando posibles consecuencias negativas no deseadas”, fue lo que concluyeron. En concreto, investigaron estas variables en relación con las creencias sobre la esquizofrenia y la depresión entre una muestra representativa de la comunidad suiza. La muestra incluyó a 526 participantes de habla alemana (de 16 a 40 años) que formaron parte del estudio titulado Bern Epidemiological At-Risk (BEAR, por sus siglas en inglés) que se traduce como: “En riesgo epidemiológico Bern”. A los participantes se les presentó una viñeta pensada para representar un caso de depresión o psicosis, según la sintomatología del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM, por sus siglas en inglés).

Mediante un cuestionario, se evaluaron los conocimientos sobre salud mental de los participantes, los estereotipos y el deseo de distanciarse socialmente en respuesta a la viñeta. Para analizar las relaciones entre estas variables, se utilizó un modelo de ecuaciones estructurales.

La educación en salud mental se desglosó en las etiquetas que los participantes atribuyeron a la persona de la viñeta y las explicaciones causales de su malestar que proporcionaron con las preguntas del cuestionario. Los estereotipos incluyeron las actitudes y las características asociadas a las personas con un trastorno mental, según una escala que se les proporcionó a los participantes. La estigmatización se demostró mediante el deseo de distanciamiento social, que se evaluó con una escala de distancia social. Esta escala incluyó aspectos como la peligrosidad y la dependencia percibidas, así como la supuesta imprevisibilidad de las personas con un trastorno mental.

La viñeta de la esquizofrenia resultó tener una mayor probabilidad de ser explicada por causas biogenéticas. La viñeta de la depresión, por su parte, mostró una probabilidad significativamente mayor que la viñeta de la esquizofrenia de ser etiquetada correctamente. En el caso de la depresión, también aumentó la probabilidad de que los participantes atribuyeran el malestar a causas psicosociales o a la “constitución”/personalidad de la persona.

En el estudio no se observó una relación directa entre la educación en salud mental y el estigma (por ejemplo, deseo de distanciamiento social). Sin embargo, se notó que nombrar correctamente las viñetas aumentó la aprobación de las causas biogenéticas, lo que a su vez intensificó la percepción de los participantes de que la persona que se les mostró a los participantes en la viñeta era peligrosa e impredecible.

De las tres explicaciones sobre lo que ocasiona el sufrimiento psíquico (es decir, la biogenética, el estrés psicosocial o constitución/personalidad), la única explicación que resultó directamente relacionada con la reducción del estigma fue el estrés psicosocial.

Los autores concluyeron: “La peligrosidad percibida aumentó especialmente el DSS [deseo de distanciamiento social], que aumentó con un modelo causal biogenético y disminuyó con un modelo causal psicosocial”.

Cuando se entiende que el sufrimiento psíquico o la angustia tienen un origen psicosocial, el deseo de distanciarse socialmente disminuye ya que los participantes se mostraron significativamente menos propensos a percibir a los pacientes como peligrosos. Por lo tanto, los autores resumieron, “además de una sintomatología menos severa, el único factor con potencial para reducir el DDS [deseo de distanciamiento social, y por lo tanto el estigma] fue la aprobación de un modelo causal psicosocial”.

En conjunto, los hallazgos concluyen que las campañas de concienciación que parten de un modelo médico y biológico de los trastornos mentales no son efectivas para erradicar el estigma. Esta conclusión se basó en la “evidencia sustancial de que las campañas basadas en el modelo médico (es decir, el enfoque de ‘la enfermedad mental es una enfermedad como cualquier otra’) no sólo son ineficaces, sino que en realidad pueden agravar el problema”.

Pese a lo anterior, los investigadores señalan que las explicaciones biogenéticas pueden ser efectivas para promover la búsqueda de ayuda de un modo que los modelos psicosociales no hacen. Por lo tanto, un equilibrio para “resolver el dilema entre el posible efecto de aumento del estigma de los modelos biogenéticos y el posible efecto de reducción de la búsqueda de ayuda de los modelos psicosociales”, es necesario.

En resumen, Doll y sus colegas apoyan los llamados para enfatizar el modelo psicosocial en las campañas de salud mental como una forma de “promover actitudes más positivas y tolerantes hacia los pacientes psiquiátricos y su inclusión”.

 

Zenobia Morrill.
Investigadora post doctoral en psicología en la Universidad de Yale. Estudia la psicología crítica y de la liberación, los procesos psicoterapéuticos y en general los problemas conceptuales y éticos en la psicología y la psiquiatría.

Este texto fue publicado originalmente en Mad in América. Traducción de Eugenia Rodríguez. 

Referencias

M. Doll, C., y otros. “The important role of stereotypes in the relation between mental health literacy and stigmatization of depression and psychosis in the community”, Community Mental Health Journal, 2021, pp. 1-13.

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Publicado en: Salud mental

Un comentario en “Nuevas hipótesis para combatir el estigma frente a la enfermedad mental

  1. Entonces, ¿la información que se dé en las campañas de concientización no tiene nada que ver con las causas reales de las enfermedades mentales, sino sólo con cómo se perciben?

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