Ronald David Laing, escocés, se formó como psiquiatra durante la década de 1950, en una época que su hijo describió cómo la “época oscura” del tratamiento psiquiátrico. Laing decidió hacerles frente a las celdas acolchadas, los tratamientos primitivos de electroshock y las lobotomías, dando cuenta de sus limitantes y sobre todo, de la violencia que implicaban.1
Uno de sus grandes aportes fue sentar ciertas bases del campo de la psiquiatría crítica y buscar nuevos modelos de intervención. Estos se destacaron por ser poco invasivos y respetar la dignidad de los verdaderos expertos en salud mental: los individuos. Laing utilizaba el diálogo, la palabra y la reivindicación de la experiencia de las personas para entender de dónde provenían sus síntomas; una práctica que se ve reflejada en su obra Cordura, locura y familia. Además, utilizó un enfoque que ya no estaba basado en la institucionalización, sino en la construcción y restitución de vínculos entre la persona y la comunidad. Según Laing, una “mejoría” era imposible sin considerar el contexto social de la persona enferma. En ese sentido, el modelo manicomial era inoperante debido al aislamiento y sometimiento que implican las instituciones psiquiátricas.
Abordó la idea de locura fuera del campo médico-biológico y lejos de la psicopatología. Ofreció una perspectiva mucho más cercana para entenderla como una experiencia particular, un modo de ser, entender y relacionarse. Como explicó a Vincenzo Carreti en Los locos y los cuerdos: “Quizá, retrospectivamente, este perder el camino puede aparecer como parte del camino que tenían que recorrer. […] El verdadero camino del que se puede hablar no era el camino, el verdadero camino era en todo caso, absolutamente único, individual”.2 Así, la locura como un camino propio en el mundo que, lejos de significar perder el sentido o perderse a uno mismo, es un proceso de construcción personal y colectiva. Una idea que hace imposible estandarizar cuál es el recorrido que deberíamos seguir en nuestras vidas, que dice que no hay una única manera de ser o vivir, y que por lo tanto hace ilógicas a las etiquetas diagnósticas que sólo producen estigmas.

Fotografía: Greg Neate bajo licencia de Creative Commons.
En su obra anterior, El Yo Dividido Laing explicó que la locura era un viaje que cada uno de nosotros puede emprender, que no debe ser frenado sino todo lo contrario: es un camino que debe ser respetado e incluso fomentado en algún grado, ya que por medio de este viaje los individuos pueden conocerse y reconocerse a sí misma para alcanzar así la “curación”.3 Uno de los grandes aportes del trabajo de Laing, fue la “normalización” de la locura, entendido esto como la idea de acercarla a lo cotidiano, como una experiencia que puede presentarse en todo contexto independientemente de la situación en la que nos encontremos.
Nombró a este proceso: “proceso metanoico”, de metanoia que significa transformación. Fue esta propuesta, y la idea del anti hospital planteada por su colega David Cooper, lo que dio lugar a la comunidad de Kingsley Hall al este de Londres. Esa comunidad era un espacio abierto para personas con “enfermedades mentales”, libre de contenciones físicas o médicas que limitaran el actuar de los residentes. En funcionamiento durante 5 años (de 1965 a 1970), la comunidad se basó en el apoyo comunitario y entre pares, una experiencia que fue considerada como revolucionaria dentro del campo de la psiquiatría debido a que en esta comunidad también se buscaba la eliminación de los roles que se dan en un espacio ”hospitalario”. La idea era crear un modelo de organización horizontal, eliminando así las jerarquías y etiquetas que hacen evidentes las relaciones de poder y autoridad psiquiátrica, así como la erradicación de conceptos como “sano y loco”.
El proyecto del anti hospital, junto con las ideas de la reivindicación de la locura como experiencia, son un antecedente de lo que más adelante se ha nombrado como “Comunidades terapéuticas”, espacios o casas dirigidas por los que viven en ellas a su discreción. Como lo planteó Laing sin “staff ni pacientes, nadie es psiquiatra ni esquizofrénico”.4
Este modelo se ha hecho cada vez más presente en distintos países, no sólo para propiciar la eliminación de etiquetas o prejuicios alrededor de la salud mental, sino para generar procesos de inclusión de los “pacientes” en los espacios comunitarios y habilitando la posibilidad de que tengan una libre participación en el contexto social. Sin embargo, su implementación ha resultado sumamente costosa para las personas usuarias, y a veces son espacios que no logran superar el modelo institucional.
Pese a que las formas que imaginó Laing siguen sin ser la norma, el psiquiatra escocés aportó muchos elementos teóricos y clínicos para construir un modelo social de atención a la locura. Su lucha por el reconocimiento de las libertades y de la capacidad de los “locos” de ser para y por sí mismos, es imprescindible para pensar en la salud mental como un camino de reivindicación, dignidad y respeto.
Ilse Rebeca Gutiérrez Ramírez
Integrante activa Sin Colectivo.
Luis Gerardo Arroyo Lynn
Integrante activo Sin Colectivo.
Bibliografía
Boyers, R. y Orril, R. (comps.), Laing y la Antipsiquiatría, Madrid, Ed. Alianza, 1971.
Laing, R. D. y Esterson, A., Cordura, Locura y Familia, México, FCE, México, 2006.
Laing, R. D., Crítica de la familia y la sociedad a partir de la esquizofrenia, Buenos Aires,Cuervo, 1976.
Laing, R. D., Los Locos y los Cuerdos”, México, Grijalbo, 1990.
Laing, R. D., El Yo Dividido, México, FCE, 2014.
1 “His son Adrian Laing told BBC Radio’s Great Lives program his father grew up in the "dark ages" of psychiatric treatment, with padded cells, primitive electric shock treatment and lobotomies.” en Michael Guy Thompson, “Living in One of R. D. Laing’s Post-Kingsley Hall Households”, Mad in America. Consultado el 12 de octubre 2020.
2 Ronald D. Laing, Los locos y los cuerdos, Barcelona, Crítica, 1980.
3 Es importante tener presente que a pesar de la postura crítica de Laing frente a los conceptos de la psiquiatría, él aún mantiene la idea de la locura como una enfermedad, idea que nosotros no compartimos. Para nosotros, la locura es una condición, que debe ser tomada en cuenta en el contexto en el cual se desenvuelve.
4 Ronald D. Laing, Crítica de la familia y la sociedad a partir de la esquizofrenia, Buenos Aires, Ed. Cuervo, 1976.
Suena romántico, la realidad es que la siquiatría sigue en pañales. No es agradable ver en las calles a enfermos mentales sin hogar.
Suena romántico, la realidad es que la siquiatría sigue en pañales. No es agradable ver en las calles a enfermos mentales sin hogar.
Mi opinión no se ha publicado???
Y mi comentario???
Excelente visión y manera de desestigmatizar este tema tan común y poco atendido!
Los locos sufren, las enfermedades mentales son eso, no es asu nto de prejuicios.