“Cuidar no cuesta nada” y otros malentendidos en el trabajo de cuidados

En este espacio se ha visibilizado la experiencia de quienes se dedican al trabajo de cuidados y la necesidad de avanzar la conversación al cuidado especializado. Este texto recoge los prejuicios que impiden la profesionalización del trabajo de cuidados en México y algunos esfuerzos gubernamentales en este sentido.

Como informa la Organización Internacional del Trabajo, los cambios en las estructuras familiares, los índices de dependencia más elevados y las necesidades de cuidado en continua evolución han reducido la disponibilidad de quienes realizan trabajo de cuidados no remunerado. En países en vías de desarrollo como México, esto se combina con el incremento de la tasa de empleo formal de las mujeres, lo que aumenta la demanda por el trabajo de cuidados remunerado. Sin embargo, la mayoría de las y los cuidadores en nuestro país actualmente trabaja sin recibir remuneración alguna.

Ilustración: Estelí Meza

La mayor parte de estos casos se explica porque las y los cuidadores se hacen cargo de familiares y asumen que atenderlos es “su obligación”. Otras formas recurrentes de explicar esta labor son que “no les queda de otra” y que “alguien tiene que hacerlo”. Este es el caso de Diego, quien tiene 33 años, es diseñador gráfico y cuida a su madre con artritis desde que su papá falleciera hace un año. Diego asume todos los gastos de la casa, se encarga del trabajo doméstico, alimentación, vestido, salud y otras necesidades de su madre. Ser cuidador primario 24/7 ha frenado su desarrollo personal y profesional, ha deteriorado su salud física y mental y, en tiempos de pandemia, ha incrementado la precarización económica en la que viven él y su madre debido a la falta de trabajo. Sus hermanos y otros familiares no colaboran, y tampoco recibe ningún apoyo por parte del Estado.

El caso de Diego se replica en todo el país. De acuerdo con el último Censo nacional de población y vivienda (2020), el 16.5 % de la población en México vive con alguna discapacidad, lo que equivale a 20 838 108 personas. ¿Se imaginan cuántas de ellas requieren actualmente de cuidados permanentes, temporales o parciales? ¿Y los diversos efectos que esto tiene entre todos aquellos que se hacen cargo de esta labor? La necesidad de profesionalizar el trabajo de cuidados requiere ante todo de un cambio de perspectiva: abandonar la idea que se tiene de éste como una obligación familiar, y sobre todo femenina. Si bien es cierto que la mayor parte de quienes se hacen cargo de esta labor son mujeres, los prejuicios afectan a los hombres pues la discriminación y el estigma que reciben por dedicarse a esta labor son mayores; además, existe la impresión de que reclamar derechos es una señal de “debilidad masculina”.

Por otro lado, es urgente erradicar el “cuidarismo” que, a decir de Margarita Garfias y Jana Vasileva, implica suponer que quienes se dedican a esta labor lo hacen por obligación o porque no pudieron acceder a otro tipo de empleo. Y si bien esto se refiere sobre todo a las mujeres, en última instancia tiene la consecuencia de que “no existan profesiones en México enfocadas a los cuidados directos: asistentes personales, cuidadores formales, etc”.

Sin embargo, pagar no es lo único importante para reconocer el trabajo de cuidados como tal. Recientemente tuve la oportunidad de platicar con cinco mujeres cuidadoras que cobran por su trabajo. El promedio de remuneración es de 250 pesos por día en jornadas de hasta 12 horas diarias, y las labores no se limitan a la atención y acompañamiento de la o las personas a su cargo, sino que también implican limpiar las casas, preparar alimentos y, en uno de los casos, hasta lavar y planchar ropa. Solamente una de ellas cuenta con prestaciones y servicio médico por parte de su empleador, algo que en general es muy poco común. Dignificar el cuidado, tanto para quien lo necesita como para quien lo ofrece, implica sueldos y horarios justos, así como prestaciones de ley.

El gobierno mexicano ha empezado a atajar esta situación con esfuerzos como el programa de la Alcaldía Iztapalapa, que publicó una convocatoria en marzo para otorgar apoyo a cuidadores de personas “con discapacidad severa y adultos mayores con alto grado de dependencia”. La idea era beneficiar a más de 2000 mujeres y hombres con apoyo económico, capacitación y atención psicológica para poder dar una mejor atención a las personas que tienen a su cargo. Se trata de uno de los pocos programas sociales enfocados a los cuidadores pero, sin dejar de lado el avance que significa, resulta insuficiente y no logra trascender del esquema asistencialista que reduce la política de atención a una cantidad mensual de dinero que no soluciona las problemáticas de fondo mencionadas y que constituye únicamente un paliativo para las familias. 

En este sentido, México está muy lejos de países como Alemania, en donde se cuenta con un Seguro de Dependencia que garantiza, entre otras cosas:

• Apoyo económico para la contratación de servicios profesionales.
• Apoyo económico para familiares, amigos o personas contratadas directamente por quien necesita asistencia.
• Combinación de prestaciones asistenciales por personal calificado y apoyo económico.
• Asistencia domiciliaria cuando los familiares no pueden asumir el cuidado temporalmente.
• Cuidados en un centro de día o en un centro de noche.
• Cuidados en un corto periodo de tiempo en una residencia.
• Apoyos complementarios para capacidades mermadas.
• Ayudas técnicas y aparatos ortopédicos.
• Afiliación a los seguros de pensiones y de accidentes de los familiares cuidadores.
• Curso de formación de familiares cuidadores y voluntarios que prestan ayuda social.

Aunque el derecho al cuidado digno y el tiempo propio están a punto de ser reconocidos constitucionalmente en nuestro país —tras las modificaciones a los Artículos 4 y 73 que debe revisar el Senado—, no basta con que quede por escrito. La necesidad de hacer efectivo un Sistema Nacional de Cuidados es fundamental.

Por fortuna, también hay avances en este sentido. De hecho, el pasado lunes 28 de junio, durante la conferencia mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador, la directora del Instituto Nacional de las Mujeres, Nadine Gasman, habló de dicho sistema y de la corresponsabilidad entre mujeres, hombres, iniciativa privada y Estado en el tema de cuidados, así como de la importancia de construir estrategias de cuidado colectivo que involucren a toda la comunidad. De igual manera, el reciente lanzamiento de la Alianza Global de Cuidados entre el Inmujeres y la ONU significa un compromiso fundamental para caminar más claramente hacia una economía del cuidado que reconozca este trabajo como esencial para el sostenimiento de las sociedades, contribuyendo al desarrollo social integral y a la justicia social.

Acciones como éstas son necesarias en todo el mundo. Según el informe de la CEPAL “El trabajo de cuidados y los trabajadores del cuidado para un futuro con trabajo decente” publicado en 2018, en 2015 había 2100 millones de personas necesitadas de cuidados: 1900 millones de niñas y niños menores de 15 años de edad, y 200 millones de personas mayores que habían alcanzado o superado la esperanza de vida saludable y que presentan algún grado de dependencia que los convierte en sujetos de cuidados. Se prevé que en 2030 el número de beneficiarios de cuidados ascenderá a 2300 millones: 100 millones más de personas mayores, y 100 millones más de niñas y niños de edades comprendidas entre los 6 y los 14 años. Sumado a esto, la prevalencia de discapacidades graves significa que entre 110 y 190 millones de personas con discapacidades podrían necesitar cuidados o asistencia durante toda su vida.

El cuidado y los cuidadores hemos salido a la luz en esta pandemia para probar la importancia de nuestra labor cotidiana como nunca antes. Empezamos a ser visibles y politizados, pero este apenas es el comienzo de una conversación. En un país en el que se piensa que “cuidar no cuesta nada”, transformar el cuidado en un asunto de políticas públicas es la mejor arma contra los sesgos culturales y de género que resultan en la precarización del trabajo de cuidados. Es lo único que nos puede garantizar el pleno ejercicio de nuestros derechos y de aquellos de quienes cuidamos.

 

Sabina Itzel Hermida Carrillo
Activista. Forma parte del Colectivo Educación Especial Hoy, Familias y Retos Extraordinarios A.C y #YoCuidoMéxico.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Voltear a ver

Un comentario en ““Cuidar no cuesta nada” y otros malentendidos en el trabajo de cuidados

  1. Excelente, Itzel Felicidades …Gracias por la información compartida, tenemos que visibilizar este tema…llegar más haya de lo que se piensa que son los cuidados

Comentarios cerrados