Vivimos en un mundo de angustia contemporánea. El capitalismo postindustrial nos hace sentir que no tenemos suficiente, que no somos suficiente. Desde el psicoanálisis, Renata Salecl busca desmenuzar nuestros afectos de angustia en relación al Otro lacaniano, al orden simbólico, al resto de los miembros de la sociedad.

La sociedad de consumo parece florecer y crecer mejor en un sentimiento particular de inadecuación.
Renata Salecl

En su “18ª conferencia de introducción al psicoanálisis” en 1917, Freud decía que “el yo no es señor en su propia casa”, una advertencia que aparentemente la humanidad ha ignorado, en el mejor de los casos, o negado del todo en el peor. “El sujeto occidental se percibe a sí mismo como creador de su propio yo”, denuncia Renata Salecl en su libro Angustia de reciente traducción al español a cargo de Márgara Averbach y publicado hace un par de meses bajo el sello argentino Ediciones Godot. Todavía hoy, después de los horrores de los que nos sabemos capaces y que nos habitan, nos creemos ese cuento publicitario entusiasta del “¡hágalo usted mismo!” o, para estar más a tono con las últimas tendencias de la industria cultural, el DIY.

Renata Salecl (Slovenj Gradec, 1962), filósofa, teórica jurídica e investigadora en criminología, forma parte de un grupo de pensadores eslovenos que teje filosofía y psicoanálisis lacaniano para hacer análisis político, social y cultural. En Angustia, la autora disecciona la función de este afecto en el capitalismo postindustrial. Salecl retoma a Freud y a Lacan para pensar la angustia de elegir como el motivo y la consecuencia de los discursos contemporáneos de la política, de los medios y del mercado: generar condiciones que propicien angustia para que nuestras elecciones velen cegada, egoísta, y equivocadamente, por el bienestar individual[ista], ignorando la dimensión social en que se inscriben y sus impactos sobre ésta.

¿Por qué hay un grupo de pensadores eslovenos no psicoanalistas haciendo análisis desde la teoría psicoanalítica lacaniana? ¿Por qué se traduce hoy al español Angustia –un libro de 2009–? ¿Qué importancia tiene para nosotros? De cara a la incapacidad de dar respuestas: hacer preguntas. Hacer preguntas moviliza y el movimiento es vida. Hacer preguntas es un ejercicio vitalista. ¿Qué pasa en Eslovenia con el psicoanálisis lacaniano? No el psicoanálisis como clínica –lo que es–, sino la teoría psicoanalítica como filosofía, como ética. Este grupo de Liublina, Eslovenia, compuesto por Alenka Zupančič, Slavoj Žižek, Mladen Dolar y  Rastko Močnik, entre otros, no es el primero en dar cuenta del alcance social del psicoanálisis (Freud lo abordó en textos como Psicología de masas y análisis del yo y Tótem y tabú, por mencionar algunos), sin embargo, su trabajo resulta particularmente refrescante hoy, cuando en ciertos sectores psicoanalíticos parece crecer la tendencia a ignorar lo social, a descalificar o a despreciar sus luchas, justificándose en que el psicoanálisis atiende al sujeto inconsciente y el inconsciente no es colectivo; en que cada caso es particular y el sujeto es el único  responsable de sus elecciones.

Si bien el psicoanálisis efectivamente atiende al sujeto inconsciente y éste no es colectivo (y por esto no todos padecemos igual, ¡por fortuna!), el sujeto es y está sometido a un orden simbólico, a estructuras, al lenguaje. Es responsable de sus elecciones dentro de un campo de decisión limitado en el que no todo es posible. Si desde el psicoanálisis, sostenemos hasta sus últimas consecuencias que el sujeto es enteramente responsable de sus elecciones, al rato escucharemos a psicoanalistas repetir que “los pobres son pobres porque quieren” o que “ella se lo buscó”. Resulta penosísimo que los psicoanalistas no escuchen y, en cambio, se les escuche a ellos repetir estos peligrosos lugares comunes.

Los sujetos son los únicos responsables de sus elecciones pero dichas elecciones están condicionadas a su posibilidad dentro de determinadas estructuras. Renata Salecl no pierde de vista lo anterior, como tampoco que Lacan trabaja en el estadio del espejo, entre otras cosas, la importancia indispensable del Otro y de su mirada en la constitución del yo.1  “¿Qué me quieres?”, dice Lacan sobre la pregunta por el deseo que es, finalmente, deseo del Otro: ¿qué soy yo para ti?, ¿qué nivel de reconocimiento merezco? Salecl sabe que la elección siempre está influida por el deseo del Otro, por el orden simbólico que es ese Otro, por las estructuras del lenguaje que hacen humano lo humano. En fin, siguiendo a Freud y a Lacan, sostiene que la elección está influida por el pasaje “por el Edipo”, es decir éstas estarán determinadas por la relación con el primer objeto –y su posterior rol en el drama familiar–: ese Otro del que su vida depende en sus primeros meses de indefensión. En Moisés y la religión monoteísta, Freud explica que “nada nuevo puede carecer de preparativos y precondiciones en lo anterior”, o sea que no hay sujeto sin el orden social que lo antecede y condiciona y que, a la vez, el orden social está constituido de sujetos y sus singulares subjetividades. Explica Salecl:

Con la fantasía, el sujeto crea para él o ella un escudo de protección contra la falta; en cambio, en la angustia, el objeto que emerge en el lugar de la falta se devora al sujeto, es decir hace que el sujeto se borre. La angustia también está ligada de una manera específica con el deseo del Otro: lo que me provoca la angustia es el hecho de que el deseo del Otro no me reconoce o, incluso cuando tengo la sensación de que el Otro sí me reconoce, siento que el Otro no quiere reconocerme lo suficiente. El Otro siempre me pone en cuestión, me interroga en la exacta raíz de mi ser .

¿Por qué, entonces, si todos somos enteramente responsables de nuestra elección, cabe la posibilidad de la angustia? La elección no es sinónimo de libertad, ambas cuestiones son más complejas y pensarlas exige un análisis minucioso. Frente  a la incapacidad de responder cuáles son las motivaciones de Salecl, vuelvo a preguntar: ¿qué pasa en Eslovenia? Quién sabe. Yo no. Un montón de cosas han de pasar en Eslovenia; un montón de cosas que pasan en la antigua Yugoslavia, un montón de cosas que pasan en las exrepúblicas soviéticas, un montón de cosas que pasan en los países que han atravesado violencias aniquiladoras (desapariciones, tortura, asesinatos, censura, inseguridad, hambre), un montón de cosas que pasan en los países que viven en un régimen totalitario, cuyos ciudadanos no tienen la libertad de elegir, que creen que el oeste es sinónimo de libertad, de elección, de seguridad, de vida digna.

¿Sería arriesgado de mi parte hacer una comparación entre Este-y-Oeste y Norte-y-Sur? ¿Sería justo leer Angustia como una invitación a pensar y preguntarnos por nuestro orden simbólico, por nuestras estructuras, por la crisis que desgarra a México y por la responsabilidad de cada uno de nosotros en ella? ¿Sería justo suponer que, siguiendo a algunos psicoanalistas, “el cambio empieza por uno mismo” o que el 1º de diciembre, con un nuevo régimen político, ya no tendremos de qué preocuparnos? De cara a la incapacidad de dar respuestas, seguir preguntando qué es justo, qué es preciso, qué es arriesgado y, aquí, sí tengo respuesta: elegir es arriesgado.

La elección está sujeta al inconsciente. La elección es una cuestión protagónica en el pensamiento de Salecl. Podemos pensarla como libertad pero no podemos ignorar que también es renuncia, implica riesgo y éste a su vez pérdida, repite la autora desde el psicoanálisis. ¿No es la pérdida terreno fecundo para la angustia? ¿No es terriblemente angustiante no tener nunca qué perder? Si no hay pérdida, si no hay falta, si no hay un hueco, un vacío que nos permita movernos, preguntarnos, nos asfixiamos. Si estamos completos, colmados, acabados, ¿qué queda? ¿Qué queda si estamos acabados? Hacer preguntas, abrir espacios, como ejercicio vitalista.

Reducir libertad a elección y reducir la elección a las lógicas del mercado es frecuente en nuestra sociedad y es objeto de angustia para muchas personas; como decía, retomando a Salecl, angustia propiciada en el capitalismo postindustrial de cara a la elección (que nos hace creernos libres) ante una innecesaria y abrumadora oferta, garantizando así que la insatisfacción se desplazará infinitamente de consumo en consumo (sólo hay que ver la proliferación de centros comerciales, la programación de la televisión –abierta, de paga y en línea–, los reality shows, ¡la publicidad! y un largo etcétera de ejemplos que trabaja la autora, incluida la decisión del vestido de novia entre algunas mujeres), Salecl detalla en su libro:

Lacan dice que la jouissance es algo muy desconocido para nosotros (es decir, no lo “elegimos” en una forma racional). Por eso, muchas veces, cuando estamos tratando de ser nosotros mismos es cuando nos encontramos con algo que es sumamente horroroso y traumático. Los medios presionan sobre nosotros para que gocemos, para que lleguemos al mejor orgasmo posible, para que seamos los mejores padres —o madres o esposos o trabajadores— posibles, etc. El consejo para llegar cerca de esa jouissance sigue la lógica expresada en uno de los títulos de la revista Cosmopolitan: “Sé tú misma, pero mejor”. Y sin embargo, a pesar de todos esos consejos mediáticos para ser uno mismo o una misma, parece ser una falta de demanda de parte del Otro y el sujeto aparece como alguien absolutamente libre para encontrar el goce que lo lleva hacia la satisfacción. El resultado es que la angustia del sujeto aumenta cada vez más porque él o ella tienen que enfrentar otra demanda en su propio yo, la demanda del superego. Y así, la angustia se pone en paralelo, en pareja, con la culpa.

No hace falta leerse completo a Adorno para experimentar el malestar en lo cotidiano, el engaño y la traición de la oferta de los mercados (desde el mediático y hasta el alimenticio, pasando por el cultural, el educativo, el de la salud y cualquier otro que se nos ocurra). Angustia, explica Salecl, por el riesgo, por la incertidumbre de elegir correctamente, por la renuncia de las opciones no elegidas, por la pérdida, por la falta de aprobación de nuestra elección por parte del Otro. Incluso por la falta de un Otro. En esta era, todos somos dueños de nosotros mismos, “arquitectos de nuestro propio destino”, ya no necesitamos a un Otro porque somos libres, pero vivimos perpetuamente insatisfechos.

Lo último no es nuevo, Freud lo planteaba, lo que sí es más nuevo, expone Salecl y nosotros lo vivimos, son las soluciones rápidas del capitalismo postindustrial que, por un lado nos proponen vivir al máximo, vivir hasta el goce; y, por el otro no experimentar sensación alguna. Oscilamos entre el coaching, ser fit, ecofriendly, clean eating, “échale ganas, ánimo, tú puedes”, autoayuda, tener un trabajo que te guste, ser “la mejor versión de ti mismo”, estudios de paz, una vida equilibrada (regionalizando, con otros nombres, fenómenos similares a los que trabaja Salecl) y, a la vez, al experimentarlo todo no perdernos de nada (¡no perder nada!), “vida sólo hay una y hay que vivirla”.

¿Será descabellado asociar a la angustia con el éxito de la industria farmacéutica en un loop donde causa y efecto quedan indiferenciados? ¿Será desproporcionado suponer que el deseo queda eternamente preso en la lógica de mercado y que es respecto al deseo cuando el psicoanálisis tiene que alzar la voz? ¿Será justo suponer, como propone Salecl, que ser dueños de nosotros mismos nos consume hasta no ver más allá de nuestras narices? ¿O que, siendo dueños de nosotros mismos y habiendo renunciado al Otro, terminamos buscando desesperadamente a un Otro totalitario que se comporte radical y reaccionariamente prohibicionista y punitivo (ejemplos de regímenes racistas, clasistas, misóginos, lgbtfóbicos, xenófobos, etc., vigentes, desgraciadamente sobran)?

¿Será justo leer Angustia como una invitación a repensar el psicoanálisis, más allá de la clínica y como ética? ¿Será preciso leer Angustia como una invitación a repensar, desde el psicoanálisis, qué pasa en México, en América Latina y en el mundo? ¿Será justo leer la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón como lee Salecl la guerra contra el terrorismo de los Estados Unidos? ¿Será oportuno preguntarnos por nuestras pérdidas, nuestros desaparecidos, nuestros asesinados, como nuestras angustias?

Ronit Guttman. Psicoanalista. Gestiona la serie de seminarios independientes Desde el psicoanálisis, un espacio para pensar diversos temas desde una ética psicoanalítica.


1 Lacan trabaja en el estadio del espejo el recorrido del bebé, entre los seis y dieciocho meses de edad, mientras reconoce su imagen por primer vez en el espejo y sus efectos. El bebé, que hasta el momento ha experimentado al propio cuerpo fragmentado, se encuentra con una imagen íntegra; el espejo no devuelve la imagen de su experiencia, sino que le muestra a un otro entero. Es durante este proceso que se constituye el yo y la unidad del yo (como función), también es consecuencia de este proceso que el bebé asuma y se apropie de su cuerpo: antes del estadio del espejo no hay cuerpo, hay carne, el cuerpo pasa por una operación lingüística. Este reconocimiento está condicionado a la presencia de un Otro que sostenga (literalmente, casi siempre), avale y confirme que lo que el bebé reconoció en esa imagen es su imagen. No hay yo sin Otro y hay yo porque hay otro.