“He visto sus caminos; pero le sanaré y le pastorearé,
y le daré consuelo a él y a sus enlutados” Isaías 57:18

It’s a revelation
There’s no hell in what I’ve found
No kingdom shout
How the tides are changing
As you liberate me now
And the walls come down
"Revelation", canción de Troye Sivan

 

Definir una condición como enfermedad considera mucho más que criterios médicos. Como lo demuestra este texto, los prejuicios tienen un rol fundamental en lo que queremos “curar”, a veces con consecuencias fatales.

Hace diez años una de mis mejores amigas de la infancia se alejó de mí de forma tajante. Específicamente me dijo: “no quiero volver a tener contacto alguno contigo”. ¿La razón? Que yo encarnaba “el Mal”. Mi amiga, amadrinada por una conocida nuestra (también lesbiana o, en su caso, “exlesbiana”), estaba asistiendo a una iglesia cristiana en donde la convencieron de “convertirse y alejarse del Mal” representado por la homosexualidad. Ella me había ayudado en mi propio proceso de salir del clóset y yo la admiraba por su capacidad de aceptación, pero en ese momento estaba sumamente decidida “a cambiar” porque ser “una persona enferma”. Esa deleznable labor de renegar de uno mismo tiene el nombre pseudocientifico de “terapia de reorientación sexual” y la historia que la explica no solamente tiene un trasfondo religioso.

Casos de intervenciones psicológicas supuestamente basadas en la ciencia y las salud —las lobotomías, electrochoques, terapia aversiva, medicación forzada, mutilaciones genitales, castración química, entre otros métodos cuestionables— han sido ampliamente documentados. Alan Turing, uno de los padres de la informática moderna fue condenado por “indecencia grave” en 1952 y le dieron a elegir entre la prisión o la castración química. Se sometió a lo segundo con un tratamiento hormonal que provocó que la aparecieran senos y padeciera de disfunción eréctil. En una carta a su amigo matemático Norman Routledge, Turing le escribió un falso silogismo sobre el rechazo social de la homosexualidad.

“Turing cree que las máquinas piensan
Turing yace con hombres
Luego las máquinas no piensan”.1

Le preocupaba que su vida privada invalidara en un futuro sus contribuciones a la ciencia y no estaba tan equivocado. Tampoco fue el único: se calcula que más de 50,000 hombres fueron víctimas de esta guerra química contra la homosexualidad de mediados del siglo pasado. Entre ellos, Oscar Wilde, quien también recibió un indulto gracias a la Ley Turing de 2017.2

El informe Violencia contra Personas Lesbianas, Gay, Bisexuales, Trans e Intersex en América elaborado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), señala que estas supuestas terapias “son dañinas, contrarias a la ética, carecen de fundamento científico, son ineficaces y podrían constituir una forma de tortura”.3 El órgano principal y autónomo de la Organización de los Estados Americanos (OEA) , afirma que dichos tratamientos “carecen de indicación médica y representan una grave amenaza a la salud y los derechos humanos de las personas afectadas” porque “además de carecer de indicación médica, no existe evidencia científica de que los supuestos esfuerzos de cambio de orientación sexual sean eficaces”.4 Lo que se logra limitar es la expresión de la orientación sexual. Represión que tiene un alto costo para la salud mental, emocional y física. El Comité de Orientación Sexual y Asuntos de Género de la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry lanzó un comunicado en el que asegura que las terapias de conversión “(u otras intervenciones impuestas con la intención de promover una orientación sexual y/o [dentidad de] género en particular como el resultado preferido) carecen de credibilidad científica y utilidad clínica. Además, hay evidencia de que tales intervenciones son perjudiciales”.5 Lo anterior aclara que la también conocida como terapia de “deshomosexualización” no es un tratamiento de salud.

En Boy Erased, película dirigida por Joel Edgerton y basada en las memorias de Garrard Conley, un padre pastor le dice a su hijo gay, el protagonista: “quiero que te vaya bien. Quiero que tengas una vida genial. Te amo, pero no podemos ver una forma en la que vivas bajo este techo si vas fundamentalmente en contra de la fibra de nuestras creencias”. Conley, nacido en el seno de una familia bautista donde “todo (…) era una interpretación literal de la Biblia”,6 fue enviado a un centro de  ‘terapia de conversión’ en Memphis, Tennessee. En su libro Boy Erased: A Memoir, relata su experiencia: "Lo primero que debes hacer es reconocer cómo te has vuelto dependiente del sexo, de las cosas que no son de Dios […] Estábamos aprendiendo el Paso Uno del programa de doce pasos de Amor en Acción, un conjunto de principios que equiparan los pecados de infidelidad, bestialidad, pedofilia y homosexualidad con comportamientos adictivos como el alcoholismo o la ludopatía: una especie de Alcohólicos Anónimos para lo que nuestros consejeros se refirieron como nuestra ‘desviación sexual’”.7

La homosexualidad empezó a ser considerada como una patología entre los expertos de la salud en el siglo XIX y surgió una competencia entre las posturas “clínicas” con las de la religión y el derecho respectivamente: una persona enferma, o en su defecto tentada por el pecado, no es tan culpable como un criminal. Si bien el psiquiatra Richard von Krafft-Ebing, en su texto fundacional Psychopatia Sexualis (1886) clasificó a la homosexualidad como una enfermedad degenerativa (“El factor determinante aquí es la demostración del sentimiento perverso por el mismo sexo; no la prueba de actos sexuales con el mismo sexo (…) la perversidad no debe ser tomada por perversión”),8 para Sigmund Freud, creyente de la “bisexualidad psíquica”, era una elección:

“La homosexualidad no es, ciertamente una ventaja; pero tampoco es algo de lo que haya que avergonzarse. No es un vicio, ni una degradación, no puede ser calificada como una enfermedad (…) Nosotros la consideramos como una variante de la función sexual, ocasionada por ciertas deficiencias en el desarrollo sexual”.9

La postura del médico investigador de la sexualidad Havelock Ellis del siglo XIX era de aceptación. Para él, la homosexualidad era innata y, por lo tanto, no era inmoral ni tampoco una enfermedad. Sin embargo, el capítulo sobre la homosexualidad en el ámbito de las enfermedades mentales no deja de ser oscuro. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) incluyó a la homosexualidad en su primera edición, como una categoría para diagnosticar problemas de salud mental. Fue hasta 1973 que ésta se eliminó de la sección de “Desviaciones Sexuales”. Hace treinta años, la homosexualidad también aparecía en la Clasificación Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud de la OMS.

Lo anterior no ha erradicado la “ciencia del castigo”. En nuestro país, donde el 30% de las mujeres y el 35% de los hombres encuestados no vivirían con una persona homosexual según la Encuesta Nacional Sobre Discriminación 2017,  participa la organización Exodus Global Alliance, promotora de este tipo de “tratamientos”, que tiene tres misiones:

“–Proclamar que para quienes experimentan atracción al mismo sexo o están involucrados en la homosexualidad, la fe en Cristo y una vida transformada son posibles a través del poder transformador de Jesucristo.

–Equipar a los cristianos y a las iglesias a sostener la perspectiva bíblica de la sexualidad al mismo tiempo que se responde con compasión y gracia a quienes han sido impactados por la homosexualidad.

–Servir a la gente afectada por la homosexualidad a través de compañerismo cristiano, discipulado, congresos, consejería, grupos de apoyo y otros servicios”.

Expuestos al acoso y la persecución, la homofobia es el pan de cada día para los homosexuales. Los estereotipos nos deshumanizan y cuando somos mujeres, la situación es mucho más vulnerable. En Ecuador, donde abundan las llamadas “clínicas de deshomosexualización”, “los informes de la sociedad civil apuntan a que las principales víctimas han sido las mujeres jóvenes” que incluso son forzadas a “vestirse y comportarse como prostitutas para aprender el comportamiento femenino” y tener relaciones sexuales con otros internos hombres por órdenes de sus “terapeutas”.10

No hay que irnos tan lejos: Carmen, que acudió al Centro Evangelístico Emmanuel en la colonia Tránsito, cuenta que “dos ocasiones vomitó sobre la alfombra de la pequeña oficina en donde se llevaban a cabo las terapias. Se sentía aliviada momentáneamente (quizás inconscientemente sentía eso porque al fin terminaba la sesión) y con júbilo exclamaba: “¡Gloria a Dios, ya salió!”, pero después volvían los sentimientos de culpa por ser lesbiana y por fallarle a su iglesia y a Dios”.11 La dieron de alta después de dos años diciéndole: “puedes ir y buscar a tu varón y crear tu familia…”. La trataron de exorcizar y se le sigue invitando a participar en eventos como la Jornada de Restauración Integral Sexual “Caminos de Sanidad y Consuelo”. Un miembro de la comunidad, ahora “ex-gay”, apunta que “el homosexualismo no es creación de Dios. […] el homosexualismo nunca estuvo en el diseño de Dios. […] es una distorsión del hombre, no de Dios”.12

En The Miseducation of Cameron Post, basada en la novela coming-of-age de Emily M. Danforth,13 la protagonista es enviada al campamento “La promesa de Dios” donde hacen uso y abuso de métodos psicológicos y religiosos que se basan en la culpa. “El cambio surgirá de Dios pero dentro mío” se repite como el remedio necesario y hay “medicinas” aún más brutales.14 Las violaciones correctivas es escudan en prácticas pseudocientíficas que en la realidad siguen siendo avaladas en los medios de comunicación (¿cómo olvidar el “No existen los homosexuales, hay personas que tienen homosexualidad. Y la persona tiene un sentimiento de homosexualidad que se quita absolutamente y la heterosexualidad se desarrolla absolutamente” en el programa Venga la alegría en pleno mes del orgullo?) y apoyadas por voces públicas como del conductor Mauricio Clark, quien asegura haberse “curado” de la homosexualidad. A partir de esta serie de declaraciones, El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) garantizó que este tipo de terapias fomentan la discriminación y la violencia, y “transgreden los derechos al libre desarrollo personal”. La buena noticia es que, en septiembre del año pasado se presentó una iniciativa de ley para castigar con cárcel a las ‘terapias antigay’. La situación parece estar cambiando, pero la desigualdad persiste. La Encuesta nacional de discriminación, pero de 2010, señala que los “homosexuales, lesbianas y bisexuales viven hoy de manera más visible y con mayor participación pública; sin embargo, aún enfrentan muchos problemas por su preferencia sexual distinta a la de la mayoría de la población. La discriminación contra este grupo abarca ámbitos como el educativo, el familiar, el laboral, el de salud, el legal, el político y el religioso, entre otros”.15

Mi amiga volvió a buscarme al mes. Me ofreció una disculpa. Le pregunté qué la había hecho desertar. “Me dijeron que los dinosaurios, como la homosexualidad, también eran creación del diablo. Y así no se pinches puede”. Retomamos nuestra amistad. Puedo entender lo que le sucedió. Recuerdo que a una de mis exnovias, su padre le dijo al saber que era lesbiana: “Estoy rezando para que encuentres un buen hombre cristiano”. El Facebook del Centro Evangelístico Emmanuel en la Alcaldía Cuahutemoc está repleto de imágenes con frases como “Tu corazón tiene que enderezarse en la presencia de Dios”.

Lo que podemos enderezar es lo patituerto de la ignorancia y sostenernos, al menos en lo que hallan la vacuna contra el oscurantismo, con las muletas de la tolerancia. Porque si algo sí se puede curar es la homofobia: superando los prejuicios y desmontando la cultura machista, misógina y de estándares dobles.

 

Karen Villeda. Escritora Su libro más reciente es Visegrado (Almadía/INBA, 2018) con el que obtuvo el Premio Bellas Artes de Ensayo José Revueltas 2017. Su página web es poetronica.net


1 En Letters of Note: Volume 2: An Eclectic Collection of Correspondence Deserving of a Wider Audience.

2 El 10 de septiembre de 2009, el en ese entonces primer ministro Gordon Brown, emitió un comunicado disculpandose oficialmente por la persecusión a Alan Turing. El gobierno de David Cameron denegó el indulto en 2012 porque en la época de Turing “la homosexualidad era considerada como un delito”. Fue hasta el 24 de diciembre de 2013 que el científico recibe el indulto total  por orden de la reina Isabel II. A inicios de 2017, entró en vigor la Ley Turing de amnistía retroactiva para los varones condenados por actos homosexuales.

3 Violencia contra las personas LGBTI, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, p. 6.

4 Ibíd., p. 134-135.

5Conversion Therapy”, American Academy of Child & Adolescent Psychiatry.

6I was 19, gay and ready to be ‘cured’ by conversion therapy”, The Guardian, 10 de junio de 2018.

7 ‘The first thing you have to do is recognise how you’ve become dependent on sex, on things that are not from God,’ Smid said. We were learning Step One of Love in Action’s 12-Step programme, a set of principles equating the sins of infidelity, bestiality, paedophilia and homosexuality to addictive behavior such as alcoholism or gambling: a kind of Alcoholics Anonymous for what counsellors referred to as our ‘sexual deviance’.

8 Psychopathia Sexualis.

9 Carta de Freud a la madre de un homosexual citada en Cuestiones bioéticas sobre la homosexualidad.

10 Violencia contra las personas LGBTI, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, p. 136.

11Terapias de ‘conversión’ sexual: el daño a una mujer”, Milenio, 10 de octubre de 2019.

12Exodus: El grupo que en tres días promete recuperar la heterosexualidad”, Animal político, 24 de octubre de 2016.

13 Cabe señalar que en Estados Unidos existe un amplio mercado editorial bajo la etiqueta de LGBT Young Adult Fiction.

14 Violencia contra las personas LGBTI, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, p. 187.

15 Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, p. 12.