La tecnología móvil se ha vuelto una parte sustancial de la vida contemporánea. Tan es así que existen ya aplicaciones para acceder a tratamientos psicológicos en el celular. ¿Cuáles son las implicaciones de esto?

En la película Her, el cineasta Spike Jonze presenta un mundo futurista, no muy diferente del actual, en el que Theodore (Joaquin Phoenix) un solitario escritor de cartas ficticias comienza a establecer una relación con Samantha (Scarlett Johansson), un software agudo, sensible y sobre todo capaz de entender todas y cada una de las necesidades de Theodore. Parece ser una versión infinitamente más cálida de la inteligencia artificial del Golem XIV, creación del titán polaco de la ciencia ficción, Staniaslaw Lem, en el que un sistema de inteligencia artificial diseñado para ayudar al ser humano termina por desarrollar una inteligencia superior y genera conciencia de sí mismo.

El impacto que ha tenido el crecimiento de la tecnología en nuestras vidas y la forma en la que construimos la realidad a través de la misma es abrumadora. Particularmente cuando nuestro vínculo primordial con el resto del mundo es a través de una pantalla capaz de satisfacer demandas cada vez más específicas. Cada vez le conferimos más responsabilidades a nuestros dispositivos tecnológicos: desde el entretenimiento hasta la educación de los hijos, y más recientemente, la posibilidad de pueda curarnos. Junto con los dispositivos sofisticados para el apoyo exploratorio o quirúrgico en el cuerpo, la tecnología empieza a ofrecer soluciones al malestar psíquico.

Ilustración: Oldemar González

Esto no es menor si consideramos que el Plan de acción sobre la salud mental 2013-2020 de la OMS declara que las personas con trastornos mentales en países de ingresos bajos y medios presentan tasas de discapacidad y mortalidad elevadas. De ellas, entre un 76% y un 85% no recibe atención médica.1

La accesibilidad al tratamiento para la salud mental es complicada considerando que el gasto publico anual para este rubro en el mundo ronda un promedio de menos de dos dólares al año y que el número de profesionales sanitarios especializados y generales que se ocupan del tema es insuficiente en prácticamente todos los países. Una posible solución para atender la inaccesibilidad es, pues, la tecnología portable.

La empresa mexicana Docademic se especializa en el desarrollo de tecnología y asistencia médica gratuita. El año pasado lanzó la aplicación Cool Emotions, “la primera en el mundo” que ofrece terapia gratuita con un psicólogo 24 horas al día usando como soporte tecnología de inteligencia artificial y blockchain —una base de datos descentralizada, distribuida en nodos y segura que es aplicable a todo tipo de transacciones y que permite almacenar información que no se podrá perder, modificar o eliminar—.

El CEO de Docademic, Charles Nader, explica que la aplicación hace uso de una metodología cognitivo-conductual, una técnica terapéutica que considera que el origen del malestar psíquico se debe a pensamientos, creencias e ideas irracionales que es necesario modificar y que ha resultado especialmente eficaz en el tratamiento de padecimientos ansiosos. Demuestra tasas de mejoría muy altas, particularmente entre poblaciones jóvenes. Cool Emotionsdivide su proceso de atención en cuatro fases: identificación del problema, educación del paciente, propuesta de solución y motivación para actuar.

La duración de la terapia es de 15 minutos con un promedio de cinco sesiones en total. Tiene un sistema de alertas para recordar la sesión, similar al funcionamiento de otras aplicaciones orientadas al manejo de la salud como Argus o Lifesum. Nader apunta que la plataforma está enfocada a jóvenes con la idea de apoyarlos particularmente en la prevención del suicidio, el embarazo adolescente y el bullying, y actualmente está en diálogo con distintos gobiernos locales tanto en México como en el extranjero para implementar en políticas públicas la información que recaude la herramienta.

Iniciativas como Cool Emotionsresponden concretamente a los objetivos planteados en el programa de la OMS, específicamente en el desarrollo y aplicación de instrumentos y estrategias de autoayuda y atención para las personas con trastornos mentales. El uso de tecnologías electrónicas móviles fomenta la autoasistencia en un problema que está aumentando considerable alrededor del mundo.

¿Pero es suficiente una app para subsanar la deficiencia de atención a la salud mental que existe actualmente? La solución portable es, de momento, excluyente, aun cuando la tendencia del uso del internet y de dispositivos tecnológicos “inteligentes” esté aumentando en México. Incluso para las poblaciones que pretenden atender —los jóvenes— la solución parece insuficiente dada la magnitud de los retos evidentes: el suicidio se cobra alrededor de 2,600 vidas de jóvenes al año en México.

Por otro lado, hay que comprender la complejidad del universo de la salud mental y el abrumador número de factores que contribuyen a la gestación y permanencia de los diagnósticos. Además de las características individuales que incluyen la gestión de pensamientos, emociones, comportamientos e interacciones, existen factores sociales, culturales, económicos, políticos y ambientales que tienen un impacto real en los trastornos mentales y sus manifestaciones.

Sobre el suicidio en concreto, los tiempos contemporáneos indican que no podemos seguir percibiéndolo como un fenómeno marginal de una psicopatología aislada. Para el filósofo italiano Franco “Bifo” Berardi, por ejemplo, el suicidio se está convirtiendo en un importante agente de la historia política de nuestra época y en el hito de un cambio antropológico imposible de elaborar por la cultura planetaria, dado que muchas veces se convierte en la única forma de preservar la autonomía personal y es el escape más directo para apartarse de la rutina diaria. Berardi ve el problema como parte de una epidemia de infelicidad que se está extendiendo al tiempo que el absolutismo económico reafirma su derecho a controlar nuestras vidas sin ningún tipo de restricción. La explotación, la competencia, la precariedad y el cese de empleo que definen nuestra época no se perciben como efectos de una problemática social conflictiva, sino que se internalizan como deficiencias propias e incompetencia personal.2

La solución del problema demanda un enfoque multisectorial y el plan de la OMS contempla una respuesta integral y coordinada que considera alianzas con múltiples sectores públicos como el de la educación, el empleo, la justicia y la vivienda. La meta es reducir la tasa de suicidios en un 10% en el mundo para el 2020, pero los datos son poco prometedores. Actualmente 800 mil personas se suicidan cada año (79% en países de ingresos bajos y medios) y de acuerdo con información del INEGI correspondiente al 2017, son la tercera causa de muerte en personas de 15-24 años de edad en México.3

Si los jóvenes suelen estar limitados para discernir el origen y manifestación de sus problemas, y muchas veces rechazan la comunicación con sus padres, familiares, maestros o amigos, el dispositivo electrónico que tienen en su bolsillo ciertamente podría ser un aliado.

El uso de estos dispositivos le da al individuo la ilusión de poder sobre sí mismo y sus decisiones, pero si seguimos lo que dice Gilles Lipovetsky, esa ilusión aumenta su fragilidad, lo cual se traduce en altos índices de depresión y estrés.4 En su libro De la ligereza, el filósofo francés argumenta que la sociedad actual ofrece condiciones de vida ligeras (placer, turismo, bienestar y, particularmente, tecnología) pero la vida se vuelve un peso en el sentido de que todo aquello que es gratificante implica necesariamente un esfuerzo significativo.

Quizá sea cierto que los jóvenes generan vínculos mucho más significativos con una pantalla táctil que con el mundo real, sin embargo, su conducta es motivada por problemas de la vida realy las complejas dimensiones de un entorno que demanda productividad y da poca seguridad. Por eso más que condenar el uso de la tecnología, la crítica que tendríamos que articular como sociedad a soluciones que consideren su intermediación habrían de estar orientadas al tipo de intercambio que los jóvenes obtienen de sus dispositivos móviles, teléfonos inteligentes y tablets.

Una aplicación como Cool Emotionsresponde a una necesidad de forma parcial. Reduce la brecha de accesibilidad al tratamiento psicológico mediante una simple descarga. Pero su tratamiento de la patología mental y las soluciones propuestas son insuficientes. La estructura actual del programa terapéutico de Cool Emotionsreduce el funcionamiento de la psique a una simple avería en el funcionamiento mental, como si el pensamiento o la cognición fuesen un engranaje que basta con modificar con otro, cuando el trabajo terapéutico convencional usa como elemento principal la paciencia y particularmente, la presencia física. El problema no es el uso de una metodología cognitivo-conductual per se, cuyas tasas de aceptación son altas y medibles, sino la creencia de que este proceso es el único viable para modificar la forma de ver un mundo infinitamente complejo que incide de forma aguda en la forma en la que nos vemos a nosotros mismos y sobre todo en la que nos evaluamos y el hecho de creer que la convivencia física es menor.

Cool Emotionso cualquier otra aplicación con una orientación similar debe asimilar un papel de auxiliar, mas no de sustituto en el tratamiento de un paciente. El proceso para obtener la armonía que necesitamos debe recuperar el contacto, la empatía y la curiosidad e integrarlas al desarrollo tecnológico.

Quizá sea más sencillo imaginar un mundo en el que la tecnología genere conciencia de sí misma que uno en el que las personas sean capaces de conseguir lo mismo. Probablemente por eso nos hayamos enamorado de las pantallas.

 

Jorge Javier Negrete Camacho
Psicólogo Clínico. Actualmente estudia Antropología Social en la UAM. Ha colaborado en Butaca Ancha, Cine Premiere y Forbes México.


1 Organización Mundial de la Salud, Plan de acción sobre la salud mental 2013-202.

2 Franco Berardi, Heroes: Asesinato colectivo y suicidio, Madrid, Akal, 2016.

3 INEGI, “Características de las defunciones registradas en México durante 2017”, Comunicado de prensa núm. 525/18 31 de octubre de 2018, p. 13.

4 Gilles Lipovetsky, De la ligereza, Madrid, Anagrama, 2016.