Hay múltiples violencias al cuerpo de la mujer normalizadas y justificadas desde la tradición. La mutilación genital femenina sigue realizándose en distintos países con criterios de religión, adultez, feminidad y hasta higiene. Este texto habla de la necesidad de combatir esta práctica.

En su libro ¿Nos oyen cuando lloramos? (1998) Fauziya Kassindja relata cómo huye de Togo para evitar ser víctima de la kakia: “La mayoría de la gente lo llama circuncisión femenina. Pero eso no describe lo que es una kakia en realidad (…) he oído a algunas personas referirse a la kakia como mutilación genital femenina. Mutilación. Sí, esa es la palabra correcta”. La Organización Mundial de la Salud la describe como “todos los procedimientos consistentes en la resección -extirpación quirúrgica- parcial o total de los genitales externos femeninos, así como otras lesiones de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos” y la cataloga en distintos tipos.1

A nivel internacional se reconoce como una violación a los derechos de las mujeres y una forma de abuso infantil a las niñas2 pero la OMS estima que más de 200 millones de mujeres y niñas en el mundo han sido sujetas a estos procedimientos. Y no solamente son ciudadanas de países en África, Oriente Medio y Asia, que es donde se concentra esta práctica tradicionalmente, sino que hay casos en países occidentales como Estados Unidos o Alemania. El año pasado, en Michigan dos médicos y la esposa de uno de ellos fueron acusados a nivel federal de los siguientes cargos criminales: conspiración, mutilación genital femenina, complicidad e incitación. Se sentó un precedente legal para lidiar con esto, sin embargo, es común que durante el verano cientos de familias de migrantes en Estados Unidos y otros países regresen a sus lugares de origen con la finalidad primordial de realizar la MGF. Tan extendido está el fenómeno, que el evento se conoce como la “cutting season o “temporada de corte”.

Ilustración: Kathia Recio

En 2017, en el Reino Unido se contaron cinco mil casos de víctimas de MGF y, si bien un tercio era somalíes3 viviendo en ese país, había también 112 ciudadanas británicas descendientes de migrantes. Jackie Doyle-Price, la ministra de salud mental, inequidad y prevención de suicidio de Reino Unido, declaró sencillamente que “la mutilación genital femenina devasta vidas”.

En Monólogos de la vagina, la obra de teatro para la que Eve Ensler recogió 200 testimonios de mujeres con respecto a su sexualidady la vida doméstica, escuchamos que lo equivalente a la MGF en un varón “iría desde la amputación de la mayor parte del pene” a la extirpación total de éste y el tejido blando y partes de la piel escrotal. Esa es la dimensión.

Esta mutilación tiene efectos en la salud a corto, mediano y largo plazo. La salud física (sexual) no es la única que sufre daños irreversibles como se puede revisar en este vínculo de la Oficina para la Salud de la Mujer de Estados Unidos. Un estudio publicado en BMC Psychiatry señala que las secuelas psicopatológicas de esta práctica son muchas: trastorno de estrés postraumático, disociación de bloqueo y otros efectos secundarios relacionados con el estrés. Simplemente haber pasado por este procedimiento aumenta el riesgo de desarrollar una enfermedad mental.

El testimonio de una niña de 14 años da cuenta del crudo procedimiento: “Yo tenía seis años cuando me sucedió (…) También era el momento de mi hermana de ocho años. La mujer que nos cortó era la hermana de mi abuela, y nos iba a cortar en una tienda cerca de un árbol enorme. Usaron cuerdas para atar nuestras piernas y había muchísimas niñas allí.” Cuenta que podía escuchar los gritos, de las niñas. “Yo me estaba resistiendo como podía, pero ellos eran más fuertes (…) La anciana, mi tía abuela, usaba una cuchilla de afeitar que estaba limpia y nueva, pero no había anestesia cuando me cortó. No tengo memoria de cuando me cortó cortado, eso está en blanco. Pero luego vino otra mujer (…) y me dio una inyección antes de que me cosieran. Me ataron las piernas (…) para que no pudiera abrirlas, estuve así durante tres o cuatro semanas”. Esto conlleva problemas para orinar y más tarde con la menstruación. “Mucha gente de mi comunidad cree que si estás “abierta” [no has sido sometida a la MGF], ningún hombre querrá casarse contigo”.

La Declaración de Naciones Unidas sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en su artículo 4 impide a los Estados “invocar ninguna costumbre, tradición o consideración religiosa para eludir su obligación de procurar eliminar la violencia contra la mujer”. La mutilación genital femenina está fuertemente arraigada y extendida como una práctica tradicional, a pesar de que es un grave atentado a la integridad de las niñas y mujeres. Es una forma de violencia de género, que incluye otras prácticas y tradiciones perjudiciales como el matrimonio arreglado y precoz. En el caso de la mutilación, al preservar de la salud concurren otros derechos humanos como el derecho a la libertad religiosa o los derechos culturales.

¿De dónde viene la mutilación genital femenina? En resumidas cuentas, en su práctica subyacen:

“[D]istintos mitos de legitimación que pueden reconducirse a razones de índole sexual y reproductiva, como la creencia de que mejora la fertilidad, o que si no se corta el clítoris este puede crecer y ser peligroso para el varón que mantiene contacto sexual con la mujer o que si el clítoris roza la cabeza del hijo al nacer puede morir. En otros casos, se aluden razones de estética o de belleza, como que los genitales femeninos son feos y hay que cortarlos, o que son una parte masculina en el cuerpo de la mujer y por ello deben ser cortados, para así reintegrar a la mujer a su plena feminidad. Frecuente es también la alusión a la ablación como un acto de purificación, que hace más digna a la mujer que se somete a él y sobre el que reside su honorabilidad o respetabilidad y la de su familia. En algunos grupos se trata de justificar como un precepto religioso del Islam, sin embargo, el hecho de que no se practique por la inmensa mayoría de fieles de esa religión aboga por su caracterización como una práctica ancestral de origen africano desvinculada de un origen religioso”.

Reconocer la validez universal de los derechos humanos, que suelen tener una impronta occidental, es complejo. Sin embargo, si estamos luchando contra toda forma de discriminación contra las mujeres la mutilación genital femenina no puede prevalecer en nombre de la soberanía, ni las creencias pueden privilegiarse frente al estatus inalienable de ser persona. Considerar siquiera un supuesto choque cultural (países como Sierra Leona insisten en que esta forma de mutilación es “parte de la cultura”) impide pensar en la posibilidad que tienen las mujeres de su propia sexualidad y reproducción. Y si las voces de estas mismas mujeres están manifestándose en contra, hay que escuchar. Aquí podemos encontrar una decena de ONGs que buscan erradicar la mutilación genital femenina, muchas de las cuales trabajan en el continente africano, como Forward  y la Desert Flower Foundation de Waris Dirie, una etíope que fue sometida a los cinco años al tratamiento.Incluso en Nigeria, en donde la  la MGF está prohibida y tiene una pena de cárcel de cuatro años, hay organizaciones comprometidas con la desaparición total de la práctica. Es el caso de Value Female Network.

Regreso al libro de Fauziya Kassindja: “Él tenía cogida de la mano a mi madre, que estaba llorando por una de sus hermanas pequeñas, mi tía Amina, que acababa de morir a causa de la kakia”.

 

Karen Villeda
Escritora Su libro más reciente es Visegrado (Almadía/INBA, 2018) con el que obtuvo el Premio Bellas Artes de Ensayo José Revueltas 2017. Su página web es poetronica.net


1 La cataloga en cuatro tipos: clitoridectomía, que es la resección parcial o total del clítoris, la escisión que es lo anterior más la resección parcial o total de los labios menores con o sin escisión de los mayores, la infibulación que es la reducción de la abertura vaginal con o sin clitoridectomía y otros procedimientos lesivos a los genitales femeninos. El recuadro que los explica se encuentra en el documento Comprender y abordar la violencia contra las mujeres.

2 La MGF vulnera una serie de instrumentos internacionales que señalan las obligaciones de los Estados respecto al derecho a la salud. La Declaración Universal de Derechos Humanos, específicamente en su artículo 25 señala que: “(2) La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social” (ONU, 2011). La Convención sobre los Derechos del Niño reconoce el derecho del niño al disfrute del más alto nivel posible de salud y a servicios para el tratamiento de las enfermedades y la rehabilitación de la salud; su el artículo 37 prohíbe que las niñas sean sometidas a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. La Convención para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer reafirma su derecho al goce, distinción de  raza, color y origen nacional o étnico, y ante la igualdad ante la ley de la salud pública, la asistencia médica, la seguridad social y los servicios sociales. La Declaración de la Conferencia Mundial de Derechos Humanos de Viena en 1993, en su párrafo 18 establece que: “La violencia y todas las formas de acoso y explotación sexual, en particular las derivadas de prejuicios culturales y de la trata internacional de personas son incompatibles con la dignidad y la valía de la persona humana y deben ser eliminadas” (ONU, 2011). La Asamblea de la OMS lanzó la resolución 47.10 “Salud de la madre y el niño y planificación de la familia: prácticas tradicionales nocivas para la salud de las mujeres y los niños” en la que señala los riesgos sanitarios de la MGF e invita a los Estados a poner fin a la misma. Hay otros instrumentos internacionales, como la Declaración de Beijing y la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, la Declaración sobre la Eliminación de todas las formas de Violencia contra la Mujer y la Plataforma de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, que son sumamente exhaustivos respecto al derecho a la salud de las mujeres.

3 Se calcula que el 98% de la población femenina que tiene entre 15 y 49 años de edad ha sido víctima de MGF en Somalia. El año pasado, se realizó el primer enjuiciamiento por MGF en ese país.