Una parte de las afectaciones a la salud mental producidas por la pandemia tiene que ver con el consumo de sustancias dañinas. Sin embargo, las secuelas de esto se distribuirán de forma desigual: como nos muestran experiencias pasadas, los más vulnerables corren más riesgo.
Las situaciones de confinamiento como las que vivimos desde hace [meses] desequilibran, a menudo de forma brutal, los rituales de la vida y las relaciones sociales. Mientras tanto, el consumo de sustancias adictivas depende del equilibrio dinámico permanente que existe entre los sujetos y su entorno.
Muchos se preguntan cuál será el impacto del confinamiento en el consumo de alcohol, tabaco u otras drogas, en la población francesa [y del mundo] en general, pero también entre los sujetos más vulnerables, que tienen o ya han tenido problemas de adicción o son propensos a trastornos psiquiátricos.
Lo que está sucediendo ahora con el covid-19 no tiene precedentes y, obviamente, no se ha podido estudiar antes. Pero situaciones pasadas de “encierro” pueden servir de modelo, o al menos dar qué pensar ante esta situación sin precedentes.
Este es, por ejemplo, el caso de la historia de los soldados estadounidenses durante la guerra de Vietnam.

Ilustración: Adrián Pérez
Soldados bajo influencia
Durante la guerra de Vietnam, Lee Nelken Robins, profesora estadounidense de ciencias sociales y epidemiología psiquiátrica en la Universidad de Washington, publicó varios estudios muy importantes sobre el uso de drogas de los soldados estadounidenses durante y después de haber sido movilizados.
En ese momento ya se sabía que el consumo de drogas era muy común entre los GI en Vietnam. La mayor parte del tiempo los soldados no estaban combatiendo y estaban acuartelados (¿"confinados"?) en sus barracones, con poca ocupación. Lee N. Robins entrevistó a 965 veteranos de la guerra de Vietnam y descubrió que la mayoría de ellos informaron haber usado al menos una sustancia psicoactiva durante la guerra.
Cabe señalar que en ese momento, el ejército de EE. UU. proporcionó a los soldados tabaco, alcohol (como recompensa) y anfetaminas (para aumentar el poder de combate y reducir los requisitos de sueño). Los soldados también recurrieron a otras sustancias como el cannabis, de fácil acceso y bajo costo, conocido por sus propiedades eufóricas y ansiolíticas.
Con el consumo de cannabis alcanzando proporciones problemáticas, los militares acabaron adoptando una política muy restrictiva hacia esta sustancia, castigando a los soldados que la poseyeran. Sin embargo, esto tuvo una consecuencia que la administración estadounidense no había previsto: algunos de los soldados recurrieron entonces a la heroína, inodora, menos fácil de detectar, igual de accesible en Vietnam y, además. barata.
La película Platoon del director Oliver Stone, que sirvió en Vietnam, muestra de forma notable la toma de narcóticos por parte de los jóvenes soldados estadounidenses desplegados.
Este fenómeno se acentuó a finales del verano de 1970 debido a la apertura del tráfico de drogas desde el "Triángulo Dorado" (región ubicada entre Laos, Birmania y Tailandia, que es una de las principales zonas de producción de opio del mundo), facilitando aún más el acceso a la heroína. Como resultado, el 79 % de los soldados que consumían drogas en Vietnam habían probado la heroína.
Es en este contexto que se publica un informe alarmante sobre el consumo de heroína en el mundo, The World Heroin Problem.
La guerra contra las drogas
En 1971, el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, declaró así la “Guerra contra las drogas”. Las drogas era ahora el “enemigo público número 1”.
Se tomaron medidas drásticas para no traer de regreso a territorio estadounidense a los soldados señalados como “adictos” y “drogadictos”. De ahí la operación “Golden Flow”, puesta en marcha desde mediados de julio de 1971: todo soldado estadounidense que abandonara suelo vietnamita para regresar a casa debía someterse a una prueba de orina. Si la prueba daba positiva para heroína, el soldado debe permanecer en Vietnam durante una semana para recibir tratamiento de desintoxicación. Si la prueba era negativa, podía irse a casa. Se temía que este uso de heroína continuase en los Estados Unidos.
Sin embargo, la calidad de la heroína no era la misma en los Estados Unidos, y tampoco su precio (cincuenta veces más alto), lo que generó preocupaciones sobre el uso intravenoso. La reintegración potencialmente difícil de los veteranos también era motivo de preocupación: estos veteranos podrían, según algunos, representar una amenaza para la sociedad. Hay que decir que en ese momento se pensaba que era casi imposible salir de una adicción a la heroína, una vez que ésta se había probado.
Pero los resultados que publicó Lee Robins van en contra de estas suposiciones, y son particularmente atrevidos para la época: de los 495 soldados que siguió y que dieron positivo a la heroína al salir de Vietnam, el 20% informó haber sido dependiente de la heroína durante la guerra. Sin embargo, la mayoría de ellos había dejado de consumir drogas por completo a su regreso y no lo había reanudado un año después.
Lee Robins descubrió que entre los factores de riesgo para la adicción continua estaba el uso intensivo de drogas durante el tiempo en Vietnam y, lo más importante: el uso de drogas antes de la guerra.
¿Cómo es que la gran mayoría de soldados, después de regresar a casa, lograron prescindir de la heroína, sin ayuda médica, incluso después de haber sido dependientes? La explicación está en la misma razón que llevó a los soldados a consumir sustancias psicoactivas en primer lugar.
Drogas para soportar el aburrimiento
Además de que las drogas eran baratas y de fácil acceso, éstas ayudaron principalmente a soportar la violencia y brutalidad de la guerra, que, además, se desarrollaba en un ambiente hostil: un país desconocido, una jungla inhóspita poblada de sanguijuelas y mosquitos. portadores de malaria… Todos en un entorno social restringido, sin familia ni ocio.
Las drogas ayudaron a los soldados a lidiar con la ansiedad, la angustia, el miedo; les dieron valor cuando la situación era demasiado insoportable y los ayudaron a seguir luchando. También ayudaron a matar el tiempo.
Un tercio de los veteranos entrevistados por Lee Robins informa que “no había mucho que hacer, las tareas eran aburridas para morirse”, y que “ 9/10 partes de la guerra consistían en esperar hasta el 1/10 restante tuviera lugar ”. No obstante, el aburrimiento da tiempo para pensar, reflexionar y recordar cosas que a menudo son muy traumáticas.
Las drogas también pueden haber ayudado en el proceso de socialización dentro de las tropas que se reorganizan constantemente. La singularidad de la guerra de Vietnam fue que cuando un soldado iba a la guerra, conocía su DEROS (Date Eligible for return from Overseas), es decir, la fecha exacta de su regreso. Esto se había implementado para evitar colapsos psíquicos, un fenómeno bien conocido tras un año de guerra.
Sin embargo, las idas y venidas de los soldados daban como resultado la pérdida de alguna forma de seguridad y cohesión. Los nuevos reclutas (el FNG, por "Fucking New Guys") en realidad tuvieron grandes dificultades para integrarse en su tropa. Las drogas, consumidas en su mayoría en grupos, pueden haber sido una forma de encajar más fácilmente.
Hay otras razones que podrían explicar el uso de drogas por parte de los soldados estadounidenses: su corta edad –en promedio 19 años–, la sensación de falta de objetivo estratégico o político durante la guerra, que se volvía absurda, etc. Sin embargo, al final todo se reduce a una cosa: el contexto y la importancia del mismo en el consumo de drogas.
¿Qué paralelos con el confinamiento actual?
Si volvemos al contexto actual de la pandemia covid-19, en un momento en el que la mitad de la población mundial está confinada, vemos ciertas similitudes con la de la guerra de Vietnam, con todas las proporciones guardadas, por supuesto.
En este momento de nuestra vida diaria, no solo el miedo a la enfermedad, las preguntas y expectativas sobre el surgimiento de un tratamiento, sino también las incertidumbres sobre las repercusiones económicas y el resurgimiento de los miedos por la escasez de alimentos (que no se había visto en Francia desde la Segunda Guerra Mundial). Todo esto adornado con un flujo interminable de información que provoca ansiedad y que se difunde todos los días a través de la televisión o Internet.
El propio confinamiento, que se puede vivir de forma diferente según el individuo, reúne ciertas características propias de la guerra: alargamiento del tiempo hasta el infinito, pérdida de marcas temporales, ruptura con la vida cotidiana, sentimiento de pérdida de libertad o incluso de encarcelamiento. También vemos el sentimiento de soledad y aislamiento, y el aburrimiento, cuya posibilidad casi habíamos olvidado.
Riesgos que no deben pasarse por alto
Para afrontar esta nueva rutina, y las emociones o sensaciones que esta situación puede generar, ponemos en marcha diversas estrategias de adaptación.
Si, como los soldados estadounidenses, algunos experimentan el encierro como un momento de aburrimiento y vacío, el riesgo es (toda proporción guardada) que recurran con más frecuencia y en mayor medida a las sustancias que habitualmente consumen. Además, el incremento de consumo podría ser aún mayor si el entorno social residual constituye un factor adicional que empuja al consumo: cónyuge fumador, la cultura del aperitivo (que se ha convertido incluso en vídeo-aperitivo), entre otras.
Para los confinados, el final del covid-19 será un poco como el regreso a Estados Unidos de los soldados estadounidenses: el momento en que encontramos buenos hábitos y cuando los malos se borren. Pero no debemos olvidar que si bien la vuelta a la normalidad ha ido bien para la gran mayoría de los veteranos, algunos, los más vulnerables, los más traumatizados, los más aislados, se quedaron atrás.
Si realmente estamos "en guerra" contra el SARS-CoV-2, el desconfiamiento probablemente será un momento para lidiar con las personas traumatizadas que ha producido el conflicto y su posible uso de sustancias.
Benjamin Rolland
Psiquiatra, especialista en adicciones.
Julia de Ternay
Interna en psiquiatría especializada en adicciones y miembro del equipo de investigación Addict’Aide.
Este artículo se publicó originalmente en The Conversation edición Francia, y se publicó en asociación con Addict’Aide, cuyo boletín proporciona información sobre todos los problemas de adicción. El portal Addict’Aide es apoyado por Mutuelle générale de l’Éducation nationale.
Traducción de Eugenia Rodríguez.