El augurio de las pruebas serológicas para el coronavirus

La fiebre por las pruebas ha avanzado nuestro conocimiento sobre el coronavirus. Sin embargo, también ha traído consigo riesgos que no son menores al momento de determinar cómo se comporta esta enfermedad en nuestros cuerpos y poder combatirla.

Situaciones extraordinarias necesitan de acciones inusuales. En el caso de la pandemia por COVID-19, a principios de febrero, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos emitió una Autorización de Uso de Emergencia (EUA) para la generación de estrategias que ayudaran en el diagnóstico de SARS-CoV-2. Dichos mecanismos incluyen el uso de análisis clínicos que no necesariamente cuenten con la acreditación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), uno de los órganos estadounidenses e internacionales más importantes en la regulación de materia prima clínica. La posibilidad de disponer de dichos instrumentos médicos sin necesidad de realizar ciertas revisiones protocolarias tiene el propósito de acelerar su acceso y uso.

Sin embargo, bastaron dos meses para que, a principios de abril, la FDA tuviera que desmentir, a través de un comunicado, a “algunos” de los 70 desarrolladores de pruebas serológicas para COVID-19. Todo porque éstos aseguraban que sus pruebas estaban aprobadas por esta Administración, o que eran confiables en su diagnóstico, ambas aseveraciones falsas. Para medir la magnitud de la situación una muestra: en un análisis realizado por investigadores de distintas instituciones académicas localizadas en California, de 14 pruebas serológicas sólo 3 arrojaron resultados confiables.

El comunicado tuvo que ser publicado debido a que los desarrolladores, tanto de pruebas serológicas como de cualquier estrategia clínica orientada a la crisis sanitaria actual, están trabajando bajo la condición de informar a los distintos públicos involucrados —personal médico, pacientes, tomadores de decisiones, por mencionar algunos— sobre el estado de la autorización oficial a sus pruebas.

Ilustración: Oldemar González

Las consideraciones de las pruebas serológicas

Las pruebas serológicas permiten identificar anticuerpos específicos para un agente infeccioso; en el caso de los pacientes por COVID-19, dichas pruebas detectan a los anticuerpos generados para erradicar la infección generada por el virus SARS-CoV-2. El protagonismo de estas pruebas se explica porque también ayudarían a avanzar conclusiones sobre la inmunidad.

Su bondad descansa en que son rápidas y considerablemente baratas. Si tomamos en cuenta que en Estados Unidos se estaban realizando 150 mil pruebas diarias a finales de abril, cuando deberían estar llevando a cabo 20 millones al día para poder reactivar la economía, tal como lo dijo el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la urgencia del diagnóstico se sobreentiende. De ahí que las pruebas serológicas aparezcan en el mapa. Sin embargo, sus desventajas también son considerables.

La primera y más discutida es que los pacientes a quienes se le aplican necesitan tener los anticuerpos producto de la infección por el virus. Esto toma relevancia si tomamos en cuenta que tras haber sido infectadas por el SARS-CoV-2, las personas tardan varios días en desarrollar síntomas y tambuién anticuerpos. De hecho, en el estudio californiano antes mencionado se detectó que una buena cantidad de pruebas arrojan resultados positivos hasta que los pacientes han tenido de dos a tres semanas la infección, momento en el que la situación de la enfermedad podría ser crítica.

También en ese estudio, los investigadores dicen que desconocen hasta qué punto existe una correlación entre los resultados positivos de sus pruebas y una respuesta inmune que indique la presencia del virus SARS-CoV-2 en el cuerpo humano, sobre todo una que indique que el cuerpo ha logrado neutralizar al patógeno y existe protección contra una posible reinfección. Esto se debe a que la prueba en realidad pueda estar detectando anticuerpos desarrollados por infecciones anteriores y producto de otros virus.

Finalmente, su utilidad está en duda porque hasta ahora sabemos poco sobre el tiempo que dura la inmunidad una vez adquirido el virus causante de la COVID-19. Otro trabajo también realizado entre la población de California demostró que entre 2.5% y 4% de la misma presenta anticuerpos de COVID-19. En su caso, las críticas se deben a fallas en el método y porque deja en claro el verdadero riesgo de las pruebas serológicas: los falsos positivos. 

Por los resultados obtenidos, los investigadores exhortan a la comunidad científica para que continúe analizando, de forma rigurosa y sin adelantar conclusiones, el funcionamiento de las pruebas serológicas.

Sobre todo, la comunidad científica ha pedido que sus grupos de control, aquellos que permiten tener un parámetro de referencia, consideren el uso de muestras de tracto respiratorio que hayan sido tomadas antes de que se desatara la pandemia actual o, en caso de que no se cuente con esto, que usen muestras de individuos que presentan otras enfermedades virales distintas a la producida por el SARS-CoV-2.

Otras pruebas: PCR y antígenos

Para detectar el virus, actualmente el mundo ha recurrido a la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR). Esta técnica de laboratorio tiene el potencial de identificar al virus en tiempo real, característica relevante sobre todo para los pacientes infectados asintomáticos o en proceso de presentar síntomas.

La PCR es una “copiadora” de secuencias de material genético. Lo que hace es duplicar el  material genético del virus SARS-CoV-2 mediante una enzima. Debido a que el aparato donde se realiza la técnica cuenta con muchas enzimas, un buen número de copias de dicha secuencia se logra en poco tiempo. Y esto facilita su detección.

Por la base molecular de la técnica, la generación de pruebas con PCR tiene la ventaja de proporcionar un diagnóstico altamente confiable. Pero, como buen aparato tecnológico, tiene su desventaja: se necesita tiempo, dinero y capacidad humana para procesarlo, lo que implica que su optimización sea poca para los volúmenes de personas que deberíamos estar analizando.

Existe otro grupo de pruebas que también han estado en la mesa de discusión recientemente: las de antígenos. Estos exámenes detectan fragmentos del virus en cuestión, como pueden ser las proteínas que se encuentran en la superficie del SARS-CoV-2 y que le dan su forma de corona. Reciben su nombre porque un antígeno es aquella parte de un patógeno que desencadena una respuesta inmune en el hospedero, en este caso el cuerpo humanos. La ventaja de las pruebas antígenas es que, como la PCR, da información de la presencia del virus dentro del cuerpo en tiempo real, aún si el paciente es asintomático o en proceso de desarrollarlos.

Sin embargo, aún es relativamente complicado contar con una prueba específica para detectar a dicho virus. Tan sólo de la familia de los coronavirus hasta ahora se tienen identificados a 7 virus distintos. Esto es más importante de lo que parece pues, para el caso de la influenza, por ejemplo, las pruebas de antígenos tienen una sensibilidad de certeza de hasta el 80% en niños y 50% en adultos.

Hasta ahora, parece que ningún sistema sanitario ha sido capaz de contar con la prueba dorada. Más bien, ha sido el uso combinado  de distintas pruebas lo que ha ayudado que la reacción a la crisis sea mejor o peor.

Consideraciones sobre el desarrollo de las pruebas

Es importante recordar que las pruebas siguen desarrollándose. Incluso la propia PCR, una técnica que por su invención le mereció el Nobel de Química de 1993 a Kary Mullis, continúa en proceso de mejoramiento.

Sin embargo, es importante poner la mirada en que estos experimientos sean todo lo serios que deben ser.  Producto de la contingencia, hay estudios científicos que están siendo publicados sin antes contar con la aprobación derivada de una discusión nutrida por parte de la comunidad científica.

La emergencia está dando prioridad a la urgencia más que a la calidad. Los dos estudios californianos sobre pruebas serológicas aquí mencionados se publicaron en el portal MedRxiv, un espacio que permite la distribución de manuscritos de áreas médicas. Es un paso antes de la revisión por pares en revistas arbitradas que dota a las publicaciones científicas de confiabilidad.

Pero esta misma emergencia nace del hecho de que, para un paciente enfermo de COVID-19, cada día es vital. De ahí que varios grupos de especialistas médicos, científicos y tomadores de decisiones hayan recomendado que el diagnóstico se realice al momento de aparición de los síntomas y con métodos que detecten al virus directamente, sin esperar a que el cuerpo genere capacidades de defensa.

En un mundo impaciente que confía en las pruebas para el regreso a las actividades pre-pandemia, la respuesta es: paciencia. Aún carecemos de las condiciones para confiar ciegamente en muchas pruebas; y en las serológicas menos.

Pero la crisis también nos puede da, al menos, dos certezas: una es que la prueba por PCR para detectar al SARS-CoV-2 continúa siendo la más confiable para el diagnóstico, y la segunda es que las instituciones de regulación juegan un papel sumamente relevante para mantener la confianza de las audiencias en materia de salud. No debemos perder esto de vista.

 

Sofía Flores
Maestra en comunicación de la ciencia por la Universidad de Sheffield, Inglaterra.

Referencias:

Bendavid, E. et al. (2020) “COVID-19 antibody seroprevalence in Santa Clara County, California”. medrxiv.

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Patel, N. V. (2020) “Antigen testing could be a faster, cheaper way to diagnose covid-19”. MIT Technology Review. [En línea] Revisado abril 2020.

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Zhang, S. (2020) “The false hope of antibody tests”. The Atlantic. [En línea.] Revisado mayo 2020.

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Publicado en: Paradigma