Se ha escrito mucho sobre los gatos “psicodélicos” del artista inglés Louis Wain. Para unos son muestra de un trastorno psiquiátrico y para otros una forma de lucidez creativa. La autora propone una lectura intermedia.
La primera vez que vi un dibujo de Louis Wain (Londres, 1860 – St. Albans, 1939) fue en La mente, un libro de la colección científica de la editorial Time Life. Una serie de varios dibujos suyos ocupa toda una página. Son gatos que aparecen representados con diversos estilos. El primero es el perfil de un felino atigrado, pero el retrato final resulta incompresible: es un minino-caleidoscopio, con muchísimos colores. Esta podría ser una suerte de línea del tiempo en la historia del arte. Sin embargo, la secuencia de la obra de Wain fue usada por el psiquiatra Walter Maclay en 1939 para explicar el deterioro psicológico del artista.
Hay una controversia al respecto, ya que Wain no solía fechar sus dibujos y se desconoce si el orden en el que aparecen es en el que fueron creados. Algunos detractores de la interpretación de los dibujos como un retrato de su locura insisten en que en realidad Wain fue muy experimental en términos artísticos desde el inicio de su carrera, pero también siguió dibujando gatos de manera convencional hasta su muerte. Por otro lado, hay especialistas médicos que aseguran que desde el trabajo temprano de Wain se pueden encontrar patrones psicóticos, por ejemplo, en The Louis Wain Kitten Book publicado en 1903, poco antes del viaje del artista a Nueva York, en donde oficialmente inició su colapso mental. Lo que sabemos de Wain, ¿es una biografía ficcionalizada para encajar con una investigación médica o, sin afán de romantizar, es la difícil e intensa vida de un artista?

Cuando era niño, el médico familiar desaconsejó que Wain fuera a la escuela debido a que era un niño enfermizo y tenía labio leporino. Wain, en esa época, tenía sueños recurrentes que lo aterrorizaban. Según la biografía escrita por Rodney Dale y publicada en 1968, Louis Wain. The Man Who Drew Cats, Wain describe así sus sueños: “Me parecía vivir cientos de años y ver miles de imágenes mentales de extraordinaria complejidad”. También sentía que estaba “poseído” y que un “enorme globo” lo perseguía, día y noche: “Me veía trepando sobre él, hasta que, de puro susto, volvía en mí, y la visión se iba”. Estas confusiones sensoriales pudieron ser los primeros indicios de un trastorno mental, pues entre los síntomas de la esquizofrenia están las alucinaciones. Después, a Wain le dio fiebre escarlatina, la cual “quemó todo lo malo que había en él”. Al recuperarse, fue enviado por primera vez a la escuela. Tenía diez años.
Siempre fue fantasioso y tuvo inclinaciones artísticas. En la adolescencia, sus compañeros lo consideraban un outsider pues era habitual que faltara a clases para vagar por la ciudad. Posteriormente, Wain entró a estudiar en la Escuela de Arte del Oeste de Londres. Se convirtió en profesor y, a los veinte años, tuvo que mantener a su madre y a sus cinco hermanas debido al fallecimiento de su padre. En realidad, no disfrutaba de dar clases, él quería ser un artista y comenzó a perseguir su sueño como dibujante independiente. En 1881, publicó su primer dibujo: unos camachuelos para la revista Illustrated Sporting and Dramatic News en donde lo contrataron para que, semana a semana, ilustrara animales. Así fue perfeccionando su estilo.
En 1883, Wain se casó con Emily Marie Richardson, la institutriz de sus hermanas. Su familia se oponía a la relación, ya que ella era diez años mayor que él. Al poco tiempo, Richardson fue diagnosticada con cáncer de mama. Él trataba de consolarla haciendo dibujos del gato callejero que adoptaron juntos y al que llamaron Peter. De color blanco y negro, el minino fue el protagonista de los bosquejos de Wain. En una entrevista para The Idler, en 1886, el artista declaró: “Entrené a Peter como un niño, y se convirtió en mi modelo principal y el pionero de mi éxito.” Ese mismo año, a finales de octubre, Wain publicó un dibujo donde aparecían los diversos estados de ánimo de varios gatos en Illustrated London News. “Nuestros gatos: una historia doméstica” es el título del dibujo con el que Wain fue descubierto por el público. En este se puede apreciar un estudio realista del comportamiento felino, completamente opuesto a los gatos que se supone que dibujaba Wain en sus últimos días: felinos polimorfos que revelaban el estado eufórico del artista.


La fama le llegó a Wain con A Kitten’s Christmas Party una ilustración que fue publicada en el mismo periodico a finales de 1886. Este dibujo, que presentaba una fiesta navideña de gatos, fue expuesto en el Museo de Victoria y Alberto, el espacio de exposición de arte y diseño más importante de la época. A los pocos días, el 2 de enero de 1887, su esposa falleció. Su único consuelo era Peter el gato, así que lo siguió dibujando. Sus gatos se fueron haciendo cada vez más antropomorfos: sonreían, cantaban, jugaban críquet, tomaban el té, se vestían a la moda de la era eduardiana y participaban en diversas actividades como asistir al teatro. A su vez, Wain se volvía cada vez más popular: lo invitaban a ilustrar en periódicos y revistas y año con año publicaba una antología de su obra: Louis Wain Annual. Se involucró en el movimiento animalista y abogó por mejorar la situación de los gatos. Según su biógrafo, “He tratado de borrar, de una vez por todas, el desprecio en el que se ha tenido al gato en el país y elevar su estatus (…) a un lugar real y permanente en el hogar”. Wain no tenía preocupación alguna más que su hermana Marie, quien deliraba creyendo que sufría de lepra. La enviaron a un psiquiátrico en 1900, donde la declararon “loca”. Más de veinte años después, Wain también sería declarado “loco” y enviado al hospital Springfield.
Wain cayó en bancarrota a pesar de ser un artista reconocido. En 1907, lo invitaron a Nueva York. Se quedó un par de años en Estados Unidos, en donde invirtió en un fraude (“una lámpara eterna que no necesitaba aceite”) y volvió a quedar en la ruina. Regresó a Inglaterra y, al llegar, supo que su madre había muerto. Su situación financiera empeoró. El estrés fue enlistado como uno de los factores precipitantes de su enfermedad a lo que se sumó otro factor precipitante en 1914: al intentar subir a un autobús, el artista se cayó golpeándose fuertemente en la cabeza. Tenía una prolífica carrera en ese entonces: ilustró muchísimos libros infantiles e incluso diseñó juguetes felinos de porcelana y estuvo a punto de hacer el primer filme animado. En 1917 falleció su hermana mayor, Caroline, debido a la influenza española, otro gran golpe para Wain.
En la posguerra su carrera comenzó a declinar y su salud mental se deterioraba. Según dice Arnold Ludwig en The Price of Greatness: Resolving the Creativity and Madness Controversy (Nueva York, Guilford Press, 1995), el comportamiento se volvió cada vez más errático. Paranoico, pensaba que sus hermanas Claire, Josephine y Felice le estaban robando. Escribía largas teorías conspirativas y hacía largos paseos nocturnos, sin rumbo fijo. Comenzó a ser violento: golpeó a Claire y empujó a Josephine por las escaleras. En 1924, sus hermanas lo internaron al manicomio donde declaró que había sido “molestado por espíritus día y noche durante seis años”.
Al año, varias personalidades, como la princesa Alexandra, el novelista John Galsworthy, y Cecil Chesterton, cuñada de G.K. Chesterton, lanzaron el Fondo Louis Wain con el propósito de mejorar sus condiciones de vida en reclusión. Lo mudaron al Hospital Real de Bethlem. Terminó sus días en un entorno más rural, en el hospital de Napsbury, en donde dibujaba mininos de corte realista en entornos campiranos. Ahí murió en 1939, sin poder hablar y confinado a su cama. El escritor H.G. Wells dijo las siguientes palabras de Wain: “Él ha hecho suyo al gato. Inventó un estilo de gato, una sociedad de gatos, todo un mundo de gatos. Los gatos ingleses que no se ven y viven como los gatos de Louis Wain se avergüenzan de sí mismos”.
Karen Villeda
Escritora y editora. Autora de Anna y Hans, (Fondo de Cultura Económica, 2021). En su página web POETronica dialoga con poesía y multimedia.