Embarazos en la pandemia: perspectivas de salud mental

Estudios prueban que los bebés que nacieron en contextos de desastre natural presentan problemas relacionados con el estrés de sus madres y padres. Es algo a tener en cuenta sobre los infantes que han llegado al mundo durante esta pandemia.

Así como los infantes son absolutamente dependientes de sus padres para su sustento, en todas, excepto en las comunidades más primitivas, los padres, especialmente las madres, dependen de una sociedad para su provisión. Si una comunidad valora a sus niños, debe apreciar a sus padres.
—Bowlby, On Parenting, 1951

Un año y medio después de iniciada la pandemia por covid-19, el impacto en la salud mental de las madres y padres ha sido significativo y no muestra signos de mejoría. Aun con el proceso de vacunación caminando, las problemáticas que han experimentado las madres y padres no han sido reconocidas ni atajadas.

La salud física y mental de los padres de niños menores de 18 años se ha visto particularmente comprometida por la pandemia según reporta la American Psychological Association y, mientras más jóvenes son los hijos, el estrés reportado es mayor.1 En el caso de los padres de bebés, a la larga lista de preocupaciones que conlleva la normalidad, la pandemia ha agregado varios elementos. En principio, las madres y padres de recién nacidos experimentan cambios drásticos en su rutina familiar. Para afrontar estos cambios, un recurso común de las familias mexicanas es apoyarse en sus propios padres y madres para aprender y llevar a cabo las tareas de cuidado. Con la pandemia, este apoyo se ha visto afectado, resultando en que los padres, y sobre todo las madres, pierdan la principal fuente de soporte emocional.

Para que las madres y padres ejerzan sus funciones de cuidado óptimamente, es necesario que sus niveles de estrés estén regulados. Los niveles altos de estrés, además de impedirles maternar/paternar, son transmitidos a sus hijos. Cuando los bebés experimentan estrés acuden a sus cuidadores para modularlo y, si esto no ocurre, comienzan a segregar respuestas biológicas que dañan sus cuerpos (resultado de los altos niveles de hormonas de estrés como cortisol o adrenalina). De hecho, hay estudios que sugieren que esto podría generar cambios en la estructura cerebral y en la respuesta inmune de los bebés, dejándolos más vulnerables a padecer enfermedades físicas recurrentes y futuros padecimientos mentales.2

Esto no sólo ocurre cuando el bebé ha nacido, sino desde que está en el vientre materno. En el proyecto Ice Storm, llevado a cabo por la Universidad de Calgary en 2008, escanearon los cerebros de 35 hijos y 33 hijas de madres que estaban embarazadas en el momento de un apagón de seis semanas provocado por una tormenta en el este de Ontario y el sur de Quebec. Los investigadores querían saber si este evento había tenido alguna influencia en una de las áreas involucradas en la regulación de emociones: la amígdala. Encontraron que los bebés que nacieron durante este desafortunado evento efectivamente tenían amígdalas más grandes una década después, lo que los investigadores relacionaron con una mayor frecuencia de comportamientos agresivos, sobre todo entre las niñas.

Otros estudios han reportado que los incrementos en el volumen de la amígdala juega un rol primordial en la evaluación de información potencialmente amenazante, el condicionamiento del miedo, el procesamiento y la memoria de los eventos emocionales.3 Por ejemplo, en un estudio sobre las secuelas de la tormenta Sandy, los investigadores reportaron cambios en el temperamento de los hijos ––de entre seis meses y dos años–– de madres que estaban embarazadas cuando el evento ocurrió. Estos niños buscaban menos placer, menos abrazos y tendían a tener más miedo y a estar tristes.  

Los estudios acerca de los daños ocasionados por la pandemia actual en infantes y sus madres y padres todavía están en curso y no se han podido establecer conclusiones sólidas. Sin embargo, resultados preliminares de un estudio realizado también en la Universidad de Calgary han arrojado que, de 2000 madres que llenaron cuestionarios psicológicos en estos meses, el 37 % reportó síntomas clínicos de depresión y el 57 % signos de ansiedad.4 Es posible pensar que las mujeres embarazadas están rodeadas de estresores que podrían estar afectando el desarrollo de sus bebés. Estos resultados no son una sorpresa, dado que las situaciones de aislamiento, el temor de enfermarse o perder a los seres queridos —incluido el bebé— no han tenido precedentes en tiempos recientes. El riesgo de desarrollar problemas de salud física y mental se multiplica, sobre todo entre quienes viven situaciones de pobreza, enfrentan situaciones de desempleo, desigualdad y discriminación que han incrementado con la pandemia.

A las madres y padres de infantes se les exige mucho, pero se les apoya poco. De acuerdo con la investigación científica, apoyar a las madres y padres para ejercer sus funciones óptimamente en la primera infancia de sus hijos es la verdadera prevención para evitar problemas futuros. Si ya hay evidencia de las consecuencias sobre la salud mental de los infantes nacidos durante alguna catástrofe, debemos proponer soluciones: generar información masiva sobre su desarrollo socioemocional y diseñar programas de apoyo a la salud mental. Se necesita una aldea para criar a un niño. En esta crisis es responsabilidad de todos construirles a las generaciones venideras un mejor futuro, y esto empieza por sus madres y padres.

 

Carla Márquez Muñoz
Doctora en Psicología (Neurociencias de la Conducta) por la UNAM, Maestra en Psicología del Desarrollo desde perspectiva neurocientífica y psicoanalítica por University College London, Yale University y Anna Freud Centre. Investigadora en parentalidad, desarrollo, apego, neurociencias y autismo.


1 University of Oregon, “Rapid Assessment of Pandemic Impact on Development-Early Childhood”, 2020.

3 Braga, L. L., et al., “Transgenerational transmission of trauma and resilience: a qualitative study with Brazilian offspring of Holocaust survivors”, MC Psychiatry, vol. 12, 134, 2012. Felitti, V. J., et al., “Relationship of childhood abuse and household  dysfunction to many of the leading causes of death in adults: The Adverse childhood Experiences (ACE) study”, American Journal of Preventive Medicine, vol. 14, 1998, pp. 245-258.

3 Phelps, E. A., y LeDoux, J. E. “Contributions of the amygdala to emotion processing: from animal models to human behavior”, Neuron, vol. 48, núm. 2, 2005, pp. 175- 187.

4 Lebel C., et al. “Elevated  depression and anxiety among pregnant individuals during the COVID-19 pandemic”, PsyAirXiv Preprints, 2020.

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Publicado en: Salud mental