Como si la presión y expectativas en torno a la maternidad no fueran suficientes (sobre todo en tiempos de pandemia), estar embarazada y dar a luz conlleva en sí mismo riesgos para la salud mental. Estos son algunos hallazgos sobre la depresión y la maternidad, y su distribución socioeconómica.
Recuerdo el recuento que hacía Susana sobre su embarazo al momento de acercarse a la recta final. “Eso de que todo es perfecto y hermoso es mentira”. Agradecí su honestidad, como lo hice cuando en su momento compartí las vivencias del segundo embarazo de Nancy. Ambas fueron abiertas con sus experiencias, especialmente porque, como bien dijo Susana, las dos vivieron sus embarazos cerca a su cuarta década de vida. Enfrentaron una variedad de dolores, de preocupaciones, de cambios físicos; tuvieron dificultades de distintas naturalezas y su salud se vio afectada al punto de que esos embarazos de hace años se manifestaron en secuelas de corto y largo plazo.
El embarazo es apenas una probada de lo que significa la maternidad, una etapa cargada de expectativas que nos estereotipa de forma permanente. En el caso de aquellas que han elegido procrear, el embarazo es el momento en el que deben reconfigurar la idea que tienen de sí mismas, pues incorporan a su identidad el ser madres. Esta resignificación viene acompañada de un análisis de lo que es su propia madre, su familia, su pareja.
La nueva conformación de conceptos en la vida de una embarazada —además de la mezcla de hormonas y demás moléculas que su cuerpo produce— es parte de una carga psicológica importante y posible detonador de desestabilidad emocional. En la etapa posparto, que va desde el día del nacimiento hasta las seis semanas consecutivas, las mujeres experimentan un espectro de emociones contrastantes, que van de alegría y amor por el bebé a soledad aguda, estado de ánimo pobre y depresión. Las nuevas madres se enfrentan a buscar un punto medio entre las pérdidas, como es la reducción en la capacidad de control en su físico o sus tiempos personales, y ganancias como un sentido de triunfo y autoestima por sobrepasar las dificultades del embarazo y el parto.
Durante la maternidad, la tendencia social espera de las mujeres enfrentarse a ser las principales cuidadoras de la descendencia, con todas las consecuencias personales que eso les implica –más que evidentes en momentos de crisis, como el de la pandemia por COVID-19 que atravesamos. Se ha visto que las madres, sobre todo las nuevas, experimentan un sentimiento de culpa por ser incapaces de vivir a la altura de la imagen ideal de la maternidad y desconfían de su habilidad para cuidar al bebé, situaciones que se intensifican por el cansancio y agobio que conlleva esta nueva experiencia.
Sin embargo, el que una embarazada o madre reciente pueda ser infeliz nos resulta disonante ¿Cómo sentir algo distinto a la felicidad cuando se acaba de procrear un ser humano lleno de oportunidades y posibilidades? Al menos en México hay estudios que demuestran que el 51 % de las madres que habitan zonas rurales presentan síntomas de depresión mientras que aquellas en zonas urbanas y de bajo poder adquisitivo los manifiestan en un 60 %.
También existe evidencia que muestra que la depresión, sea posparto o no, desemboca en problemas de salud tanto para ella como para su descendencia en términos de rendimiento físico, social y cognitivo. Medir hasta qué punto es así fue la pregunta que se planteó un grupo de investigadores que trabajan en Estados Unidos, cuyos resultados se publicaron en 2017. Analizaron la posibilidad de que en México la depresión de las madres estuviera relacionada con el desarrollo social de sus hijos mediante la realización de entrevistas a más de 4 mil mujeres, 40 % de ellas indígenas de Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí y Veracruz, quienes están a cargo de al menos un infante de máximo seis años de edad. Es una muestra que representa el 20 % más pobre del país.
El promedio de edad de la muestra de madres es de 31 años, el 68 % de ellas tiene estudios máximos de primaria. Viven en casas de dos habitaciones, sin contar cocina y baño, compartidas con alrededor de otra seis personas y en las que el 9 % tiene una lavadora, 38 % una estufa de gas y 27% un refrigerador. Estos datos sobre su intimidad son relevantes porque se sabe que aquellas con niveles económicos bajos son más propensas a deprimirse en comparación con las que tienen una entrada de dinero mediana o alta. A esto se debe sumar que la marginalidad social, económica y geográfica que experimentan las comunidades indígenas somete a las mujeres a situaciones extremas y que afectan la estabilidad de su salud mental. Cuando uno toma en cuenta estos datos a la luz de una crisis sanitaria que conlleva riesgos de otro tipo, el panorama materno en términos de salud física y mental es preocupante.
El estudio citado, publicado en el International Journal of Environmental Research and Public Health, concluyó que hay una relación entre las madres con depresión y los problemas de comportamiento en los infantes a su cargo. Esta correlación afecta a sus hijos en términos de su desarrollo en habilidades cognitivas y físicas, así como en sus logros académicos, y es aún más pronunciada en hogares con bajos niveles de ingreso, con madres de menor nivel educativo y etnicidad indígena.
El ambiente es un detonante importante de estrés. En el caso de las madres indígenas en México, el racismo, la pobreza, el desempleo, entre otros factores, son fuente de situaciones que pueden desembocar en el desarrollo de cuadros depresivos. Conocer cuáles son los riesgos a los que una mujer puede estar expuesta y que le llevan a desarrollar este padecimiento es importante para generar espacios y estrategias que lo eviten.

Ilustración: Gonzalo Tassier
Anuncios de la depresión
Un grupo de investigadores trabajó junto con 161 mujeres embarazadas de al menos 31 semanas, mismas que respondieron a tres entrevistas: la primera unos días antes del nacimiento de su hijo, la segunda un día después de nacido y la tercera un mes después del alumbramiento. Se les pidieron datos como el número de hijos previos, las características de su vida profesional, su escolaridad, así como su relación en pareja, con sus padres y con el bebé en cuestión. Se estudió a mujeres mayores de 18 años, saludables y que habían elegido tener a su bebé vía vaginal –este es un factor importante dado que se quería averiguar si el trabajo de parto es un predictor en el desarrollo de depresión posparto–.
El análisis arrojó que el mayor factor para pronosticar si una mujer desarrollará depresión posparto es el nivel de conexión con su bebé, un enlace emocional que se crea desde que la mujer concibe a su hijo como parte relevante en su reconfiguración de identidad como madre. Un segundo elemento es la duración del parto y la inyección epidural, pues las mujeres con un alumbramiento espontáneo tuvieron una menor propensión a desarrollar depresión posparto en comparación con aquellas con un trabajo de parto largo y doloroso, partos inducidos o cesáreas de emergencia. Pareciera que la experiencia desagradable, sobre todo para aquellas que se habían preparado para un parto natural, es un detonante de la depresión.
Un tercer componente es la ansiedad —y la depresión misma— durante o después del embarazo. Finalmente, la calidad de las relaciones románticas de la mujer con su pareja, y en segundo lugar con su madre y padre, juegan un rol importante: en tanto estas tres personas se encuentren cercanas y sean un apoyo primordial, las mujeres tendrán menos probabilidades de presentar depresión posparto. Cabe decir que en el caso de la pareja destacó que, sin importar el tiempo de vida de la relación, lo relevante es la calidad de la misma, una que proporcione confort y seguridad a la mujer.
También se vio que mientras aumenta la edad de la mujer, con ella se incrementa su probabilidad de presentar depresión posparto. Por el contrario, el nivel académico, el estatus laboral, la duración de la relación sentimental, si el embarazo fue planeado o no, parecen ser factores sin importancia en el desarrollo del padecimiento.
Otro de los factores relevantes de la depresión posparto es a largo plazo. El que sea diagnosticada tiene beneficios no sólo para su tratamiento al momento, sino para detectar eventos depresivos en el futuro y a lo largo de la vida materna de la mujer.
Es fundamental estudiar y atender el tema de depresión posparto, pero también de la depresión materna en general. Sobre todo en momentos de una crisis sanitaria y de aislamiento social, en el que las personas estamos experimentando situaciones ideales para detonar situaciones de miedo, estrés y ansiedad, que le carga la mano a las mujeres con el cuidado de la familia.
En un estudio que analizó 36 investigaciones publicadas entre 2003 y 2019 sobre las experiencias posnatales de mujeres de 15 países, se mostró que lo que importa para las mujeres durante el embarazo y en el periodo posterior al nacimiento es vivir una experiencia posnatal positiva, entendida como aquella en la que las mujeres tienen la posibilidad de adaptarse a su nueva identidad como madres a través de un sentido de confianza y competencia, se ajustan a los cambios en su familia nuclear, se embarcan situaciones cambiantes físicas y emocionales, lo que incluye un sentimiento de logro y crecimiento personal.
Más allá de las expectativas sembradas en las mujeres antes, durante y después del embarazo, su salud mental es un elemento fundamental en la integridad de ellas y de sus hijos. Es tan relevante un esquema de salud que vigile la ingesta de ácido fólico o el peso de la madre, como uno que procure su condición emocional y mental. Además, se debe considerar que el apoyo familiar, comunal y profesional alrededor de una madre es vital para sobrepasar los retos que conllevan la maternidad. Se necesita de una aldea para criar a un niño.
En un mundo en el que ser mujer ya es complicado, en el que los seres humanos estamos formados por las circunstancias, es necesario crear las condiciones humanamente adecuadas que propicien el bienestar de todas con atención particular en las madres. Y, finalmente, trabajar en los estereotipos y expectativas que depositamos en el desempeño, función y estado de ánimo de las madres.
Sofía Flores
Maestra en comunicación de la ciencia por la Universidad de Sheffield, Inglaterra.
Referencias
Finlayson, K. et al. (2020) “What matters to women in the postnatal period: a metasynthesis of qualitative studies”. PLoS ONE, 15(4): e0231415.
Flynn, P. F., et al. (2017) “Maternal depressive symptoms and child behaviour among Mexican women and their children”. International Journal of Environmental Research and Public Health. 14, 156.
Grose, J. (2020) “How coronavirus exposes the great lie of modern motherhood”. The New York Times. (Revisado abril, 2020)
Porcelli, P. (2020) “Fear, anxiety and health-related consquences after the COVID-19 epidemic”. Clinical Neuropsychiatry, 17(2), 103-111.
Smorti, M., et al. (2019) “A comprehensive analysis of post-partum depression risk factors: the role of socio-demographic, individual, relational, and delivery characteristics”. Frontiers in Public Health. 7, 295.