Este psiquiatra italiano luchó contra la privatización de la salud y la mercantilización de los cuerpos. Su propuesta sobre la rebelión como forma de acceso a la salud sigue resonando hoy.
Tras formarse como médico en la Universidad de Roma en 1958, Giovanni Berlinguer mantuvo como misión de vida trabajar por la salud pública. Fue esto lo que lo llevó a ser parte de los organizadores de la primera reunión de la International Association of Health Policy, una asociación fundada por Vicenç Navarro López, médico y politólogo español con quien Berlinguer mantuvo una extensa amistad y junto a quien estableció el International Journal of Health Services.1 Fue este compromiso con el campo de la salud, y su búsqueda por hacer de su ejercicio un derecho para todos, lo que lo que caracterizó la carrera política de Berlinguer. Fue senador por parte del Partido Comunista de Italia y, hasta su fallecimiento en 2015, miembro del Parlamento Europeo, en donde fue un constante crítico de la privatización de la salud.
Su pensamiento llegó a Latinoamérica en 1976, por medio del Centro Brasileño de Estudios en Salud, que publicó sus libros Medicina y Política, y Psiquiatría y Poder.2 Como conferencista, profesor y ponente, su trabajo pasó a convertirse en un referente para la salud pública en la región.
Junto a figuras como Franco Basaglia, a finales de la década de los sesenta e inicios de los setenta, Giovanni Berlinguer participó del Movimiento Sanitario Italiano, un colectivo conformado por agrupaciones obreras, sindicales, sociales, políticas y profesionales que puso en la mira las desigualdades como punto central de atención para el acceso a la salud.3 Frente al acaparamiento de los consultorios, hospitales y laboratorios, este movimiento denunciaba la lógica exclusivamente “hospitalocéntrica” y farmacéutica para atender la salud. La alternativa que planteó el colectivo fue llevar la salud a las calles, a las fábricas y demás lugares comunes para permitir el acceso de la mayoría de la población a estos servicios. En términos del paradigma, se pasaba de pensar la salud como un problema de lo privado, a considerarse un problema de lo colectivo.
A decir de Berlinguer, los efectos de la sobremedicalización, sobrespecialización, y sobrehospitalización de un modelo de salud sostenido sólo (o mayormente) en instituciones clínicas/hospitalarias “crean problemas financieros […], impiden la prevención y los servicios básicos de salud, e impiden la libre competencia, basada en resultados en salud,entre las instituciones privadas y públicas”.4 La dinámica denunciada por el italiano se mantiene hasta nuestros días: mientras aumenta la demanda y los costos de los constituidos para el bienestar general de las personas, crecen las desigualdades y diferencias entre sectores. Berlinguer entendió esta situación como una expresión más de la explotación a las clases menos privilegiadas, que se traduce en una sencilla fórmula de “menos salud y menos vida”.5 Berlinguer rechazó la comercialización y privatización de la salud —y, podría decirse, de los cuerpos—. A decir de Sonia Fleury, el italiano anteponía “la convicción permanente de que la salud, la vida, los cuerpos, no pueden ser tratados como mercancías, incluso cuando el capitalismo los constituye como tales”.6
En su artículo “Estado de Bienestar, Clase y Género” (presentado originalmente, en 1990 en el Congreso Mundial de Sociología, en Madrid, y publicado en 1992)Berlinguerdenunció la tendencia a “restringir los servicios de salud para aquellos que tienen mayores necesidades, cortar fondos para la prevención y la creación de grandes desigualdades”.7 Esta restricción genera modos ineficientes de atención, pues se concentra en atender los intereses sociales predominantes de la época. Si no hay suficientes “clínicas” enfocadas a la salud mental, entonces todo ese campo queda sin atenderse, por ejemplo.
Al restringir los servicios, la pregunta que sigue es ¿quién merece ser “tratado”? A lo que Berlinguer respondía que “hay un mayor o menor interés en tratar a algún ciudadano dependiendo de la clase social, ingreso o productividad”.8 Esta situación dejaba en evidencia que el conocimiento médico es aplicado, no al servicio de la salud en sí misma, sino según un principio social de discriminación. Así, la categorización ya no es entre lo “sano y lo enfermo”, sino entre “productivo e improductivo”. No importa el estado de la población en general, sino mantener el nivel óptimo de aquellos que son capaces de producir.

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De normalidades y anormalidades
La división que generan los criterios para acceder a la salud llevaron a Berlinguer a cuestionar los conceptos de normalidad y anormalidad; a preguntarse qué es lo que lleva a una persona a ser colocada en uno u otro extremo. Berlinguer retoma al médico italiano Vernoni y plantea que entre lo que se considera típicamente normal y anormal hay un “área gris” de condiciones “seminormales” entre las que estaría todo aquello que va de lo ideal a lo patológico. Inclinarse hacia un lado de la balanza dependerá no sólo de la presencia objetiva de una patología, sino de factores ambientales, culturales e incluso particulares de cada persona o situación. Incluso medidores “objetivos” como la presión arterial variarán dependiendo de cosas como el sexo, el peso, la estatura e incluso la herencia familiar.
Berlinguer eliminó la dicotomía de lo “normal y anormal” y, al abordar el tema de la “enfermedad mental” en su texto Psiquiatría y Poder, de 1972, propuso cuatro posibles reacciones, u opciones, “hacia las cuales se orienta cada quien según sus posibilidades e inclinaciones”, pero también según los tratamientos médicos, para hacer frente a situaciones o amenazas ambientales —entendidas comúnmente como enfermedades—.9
• Integración: Este tipo de reacción estaría caracterizado por buscar la adaptación “a su papel prefijado”. La persona acepta las demandas sociales, lo que lleva a la “normativización” como manera de hacer frente a las ansiedades externas. Para Berlinguer, esta reacción genera un aparente bienestar que, sin embargo, trae consigo el borramiento de la subjetividad, los modos de relacionarse, sentir y percibir que cada uno podría tener, y por lo tanto, “la agravación de males más profundos”. Este sería el tipo de reacción buscada por la psiquiatría a través de tratamientos que lleven a la estandarización y normativización de la persona, aunque esto implique el borramiento de la subjetividad.
• Huida: frente a situaciones intolerables, la persona se ve orillada a buscar un modo de modificar “la realidad o el entorno” de forma permanente o momentánea y cae en el aislamiento, en el uso de drogas o fármacos, e incluso en la “autodestrucción”. Es en esta situación donde podemos encontrar todos aquellos tratamientos cuya base es meramente farmacológica; aquellos tratamientos que, lejos de buscar una alternativa, sólo “adormecen” la problemática e ignoran su implicación social.
• Transformación artificial de la realidad: la persona, mediante distintos elementos, busca generar un cambio a su situación; en este aspecto se menciona nuevamente el uso de “fármacos, hierbas y pócimas que tienen la capacidad de aliviar tensiones y ansiedades”. A diferencia del punto anterior, sin embargo, en este caso dichos elementos se encuentran al servicio de la persona, quien puede hacer uso de ellos para hacer de las situaciones y los malestares algo mucho más llevadero. Son un apoyo, pero no en la base del tratamiento.
• Rebelión: Una situación de cambio que requiere de organización social, rebelión colectiva o individual, en donde la disconformidad es mayor y el nivel de opresión o demanda no puede ser tolerado. Por lo tanto, el individuo busca un cambio total, se hace el reclamo de los derechos y el reconocimiento de la validez de toda persona. A diferencia de las reacciones anteriores, la rebelión es considerada por los sistemas capitalistas como una “conducta desviante” y, por lo tanto, es rechazada o frenada. Estos actos de rebelión podrán ir desde manifestaciones artísticas, creación de grupos de apoyo o de autogestión, demandas políticas: todo aquel medio que la persona encuentre para exigir y construir una alternativa distinta a aquellas que el medio le ha ofrecido y no han sido eficientes.
Para Berlinguer, la “rebelión” es la única reacción que puede poner fin a la desigualdad y generar un cambio real en las situaciones de otro modo insostenibles. “La acción colectiva es la que nos permitirá reducir el rango de anormalidad. […], es el compromiso de la civilización reducir el número de estas barreras para proveer igualdad de oportunidades para personas que se encuentran en riesgo de ser excluidas de la vida comunitaria”.10
La rebelión, entonces, representa un constante compromiso, tanto individual como colectivo, que lleve a cuestionar, reaccionar y exigir lo que corresponde por derecho: el reconocimiento de las diferencias, el libre acceso a la salud y la posibilidad de vivir una vida digna dentro de la comunidad. Sería, entonces, que sólo por medio de esta reacción podríamos hablar realmente del acceso a la salud.
A casi seis años de su fallecimiento, el trabajo de Berlinguer se mantiene vigente; su postura y compromiso fueron fundamentales para lo que hoy se conoce como “determinantes sociales de la salud”, lo que permitió pensar la salud no sólo como un hecho biológico/ambiental, sino como un conjunto de factores sociales, culturales y económicos. Al tomar en cuenta estos determinantes, Berlinguer nos señala que no será posible alcanzar un estado de salud o bienestar si no buscamos primero reducir las desigualdades y diferencias que privilegian a unos y excluyen a otros.
Luis Gerardo Arroyo Lynn
Integrante activo Sin Colectivo.
Referencias
Berlinguer, G. (1972). Psiquiatría y Poder, Ed. Granica Editor, Madrid, España.
Berlinguer, G. (1982) “Disease as suffering, deviation, danger, signal, and stimulus”, International Journal of Health Services, vol. 12, n.º 2, Baywood Publishing Co. Inc.
Berlinguer, G. (1992), “Welfare State, Class and Gender”, International Journal of Health Services, vol. 22, n.º 1, pp. 45-51.
Berlinguer, G. (2002), Bioética Cotidiana, Ed. Siglo XXI, Buenos Aires, Argentina.
Berlinguer, G., Falzi, G., y Figá-Talamanca, I. (1996). “Ethical Problems in the Relationship Between Health and Work”, International Journal of Health Services, vol. 26, n.º 1, pp. 147-171, Baywood Publishing Co. Inc.
Informe, Ensp. (2015), “Muere Giovanni Berlinguer, italiano que inspiró la reforma sanitaria brasileña”.
Martí, J. V. (2015) “Historias heterodoxas: Giovanni Berlinguer 1924-2015”, Revista de Salud Ambiental, n.º 15.
Tambellini A., Testa M., Escorel S., Rojas Ochoa F., Minayo M. C. S., Laurell A. C., Franco S., Fleury S., Mercer H., Bahia L., Escudero J. C., Castellanos P. L. (2015) “Homenaje a Giovanni Berlinguer (1924-2015)”, Salud Colectiva, pp. 137-149.
White, C. (2015) “Giovanni Berlinguer. Doctor, politician and environmentalist. Obituaries”. MJ 2015;351:h3980 doi: 10.1136/bmj.h3980, 21 de julio de 2015.
1 J. V. Martí,“Historias heterodoxas”, Revista de Salud Ambiental, n.º 15, 2015.
2 “Muere Giovanni Berlinguer, italiano que inspiró la reforma sanitaria brasileña”, Informe, Ensp, 2015.
3 A. Tambellini, et al., “Homenaje a Giovanni Berlinguer (1924-2015)”, Salud Colectiva, 11(2), 2015, pp. 137-149.
4 G. Berlinguer, “Welfare State, Class and Gender”, International Journal of Health Services, 22(1), 1992, pp. 45-51.
5 Ibidem.
6 A. Tambellini, et al., “Homenaje a Giovanni Berlinguer (1924-2015)”, Salud Colectiva, 11(2), 2015, p. 144.
7 G. Berlinguer, “Welfare State, Class and Gender”, International Journal of Health Services, 22(1), 1992, pp. 45-51.
8 G. Berlinguer, “Disease as suffering, deviation, danger, signal, and stimulus”, International Journal of Health Services, 12(2), 1982.
9 G. Berlinguer, Psiquiatría y Poder, Ed. Granica Editor, Madrid, 1972.
10 Berlinguer, G., “Disease as suffering, deviation, danger, signal, and stimulus” International Journal of Health Services, vol. 12, n.º 2, 1982 0 1982. Baywood Publishing Co. Inc.