La ciencia del cannabis frente a la despenalización

La despenalización de la marihuana tiene que pensarse desde el punto de vista de la salud pública. En el contexto de discusiones en las Cámaras, la autora, médica experta en educación cannábica para jóvenes en el proyecto canadiense Voxcann, comparte algunos puntos básicos de la ciencia médica del cannabis, incluyendo su composición, su acción en nuestro cuerpo, sus riesgos y beneficios.

¿Qué es y qué contiene el Cannabis?

Cuando hablamos de Cannabis, hablamos de 3 variedades (Sativa, Indica y Ruderalis) y muchas cepas o subvariedades. Probablemente el lector habrá escuchado hablar de la mítica distinción entre Indica y Sativa. En la cultura popular del cannabis se identifica la primera como relajante y la segunda como activadora. En realidad, esta noción no tiene base científica. Hoy se sabe que el efecto del cannabis en nuestro cuerpo no depende de su variedad sino de su composición química.

Los diferentes tipos de cannabis tienen hasta 500 compuestos químicos distintos.  El perfil químico de la planta depende de muchos factores, incluyendo la técnica de cultivo, las condiciones del suelo y el clima donde se cultiva. Los compuestos más importantes, a los que debemos la mayor parte de los efectos en nuestro cuerpo, se llaman fito-cannabinoides. Aunque existen más de 100 fito-cannabinoides, los más relevantes en cuanto al efecto del cannabis (tanto recreativo como medicinal) son el THC o tetrahidrocannabinol y el CBD o cannabidiol. Estos dos compuestos tienen acciones distintas: Mientras que el THC es el principal responsable de los efectos neuropsicológicos del cannabis (euforia, placer, distorsión del tiempo, intensificación de algunas sensaciones así como disminución de los tiempos de reacción y de la coordinación motriz), el CBD no genera esa sensación de estar “puesto”, pero tiene efectos antiinflamatorios, ansiolíticos y mitiga el efecto del THC. Además de los cannabinoides, el cannabis tiene otro tipo de compuestos químicos llamados terpenos que son los que dan la fragancia característica de la planta (por ejemplo el limoneno, también presente en la cáscara de los cítricos).

Coloquialmente, se ha llamado cáñamo a toda planta que tenga menos de 0.3% de THC y que se usa principalmente como fibra y marihuana a la plata con mayor cantidad de THC y que genera efectos psicológicos al consumirla. Es un hecho que las distintas cepas de cannabis tienen distinta concentración de THC, CBD, otros cannabinoides y terpenos. Sin embargo, aunque antes se sostenía que la Sativa tenía más cantidad de THC y la  Indica una mezcla más balanceada de THC/CBD, la cruza entre ambas variedades ha sido tan persistente desde hace tantos años que hoy en día la mayoría de las variedades que se cultivan y comercializan (de forma legal o ilegal) son una mezcla de ambas variedades, y la única forma de saber qué contiene una planta (y por lo tanto, tener una idea clara de sus posibles efectos) es haciendo un estudio bioquímico de la misma. Es interesante que los estudios en farmacología sugieren que el efecto final del cannabis resulta de la interacción entre varios de sus componentes (cannabinoides y terpenos), esto es conocido como el efecto entourage. Esto explicaría por qué dos cepas de cannabis con el mismo porcentaje de THC y CBD dan efectos distintos, y debe considerarse al explorar el potencial terapéutico de la planta.

Ilustración: José María Martínez

Endocannabinoides

Los fitocannabinoides que mencionamos arriba tienen un efecto potente en nosotros porque nuestro propio cuerpo –al igual que el de todos los vertebrados– produce sustancias similares. Así como tenemos endorfinas, tenemos endocannabinoides o cannabinoides endógenos que juegan un rol importante en la energía, la regulación del dolor, el apetito y la percepción del tiempo. Estos endocannabinoides, llamados Anandamida y 2-AG, actúan sobre dos tipos de receptores (esas estructuras de las células que, al ser activados por una sustancia, inician ciertas reacciones biológicas): Los receptores CB1 y CB2, presentes en células del sistema nervioso, el sistema inmune, el hígado, la grasa, el músculo y el sistema digestivo. Estos son los receptores que se activarán cuando consumimos cannabis, puesto que el THC y el CBD son muy parecidos a los endocannabinoides. Un error común es asumir que, porque nuestro cuerpo produce sus propios cannabinoides, la marihuana activará las neuronas de forma “fisiológica” o “natural».  Los endocannabinoides se producen en situaciones muy precisas y en pequeñas cantidades, y consumir altas cantidades de THC y CBD interrumpe el equilibrio natural de estos químicos en el cuerpo y en el cerebro.

Potencial terapéutico

La evidencia de usos terapéuticos del cannabis data de 700 años antes de Cristo. Sin embargo, cien años de prohibición retrasaron enormemente la realización de estudios científicos para confirmar la abundante experiencia anecdótica y evidencia histórica desde la ciencia biomédica. Afortunadamente, en los últimos 20 años la ciencia médica del cannabis se ha acelerado de la mano con la despenalización para uso médico, y hasta ahora hemos acumulado evidencia significativa para el potencial terapéutico del cannabis en algunas condiciones.

Los efectos terapéuticos del cannabis también dependen de su composición química. La utilidad del THC se ha comprobado principalmente para el dolor crónico y las contracciones musculares en la Esclerosis Múltiple, para tratar los efectos adversos de la quimioterapia (náusea y vómito) y para inducir el apetito y contrarrestar la pérdida de peso en pacientes con SIDA. Por otro lado, el CBD ha mostrado ser útil en algunos tipos de epilepsia que no ceden a tratamiento convencional. Como el CBD mitiga los efectos del THC, utilizar extractos de planta que incluya ambos cannabinoides puede disminuir los efectos adversos. Aunque existen muchos otros usos terapéuticos potenciales, aún no se han realizado suficientes estudios para confirmarlos científicamente, y promover los extractos de THC y CBD como cura para un sinnúmero de enfermedades es sin duda irresponsable y puede tener consecuencias a nivel de la salud pública. Para optimizar el efecto terapéutico de la planta, deben definirse dosis, usos y formas de administración, además de asegurar acceso a los pacientes. Uno de los errores de la legalización en Canadá, por ejemplo,  ha sido desarrollar el mercado de marihuana recreativa sin implementar infraestructura para el uso terapéutico, lo cual ha provocado que más del 60% de los usuarios del cannabis médico se automediquen con cannabis obtenido en dispensarios de cannabis recreativo, sin dosis aproximadas ni esquemas terapéuticos definidos.

¿Es inocuo el cannabis?

La respuesta rápida y segura es no. Consumir cannabis tiene riesgos claros. Hasta hoy la evidencia apunta a que los más importantes son:

1. Es adictiva. A pesar de la noción común de que el cannabis “no causa adicción física”, y aunque es menos adictiva que muchas otras drogas, hoy se sabe que genera tolerancia (se necesita cada vez mayor cantidad para obtener los mismos efectos) y que interrumpir su uso en quienes consumen frecuentemente también genera síndrome de abstinencia, aún si no es tan intenso como el del alcohol u otras drogas. En general, 9% de los usuarios de cannabis desarrollan adicción, aunque este riesgo  es variable, y depende de distintos factores como la edad de inicio de uso, la frecuencia de consumo, la vulnerabilidad genética y el contexto social de cada individuo.

2. Existe evidencia que sugiere que consumir desde edades tempranas y de forma frecuente puede interferir con el desarrollo cerebral. El cómo y el hasta qué punto todavía se están estudiando, pero se sabe que el cerebro adolescente es particularmente vulnerable a todas las drogas (incluido el cannabis) y que el sistema endocannabinoide, inmaduro durante la adolescencia puede ser modificado por el consumo intenso y temprano de cannabis.

3. Como el alcohol, el cannabis aumenta el riesgo de accidentes vehiculares si se condice bajo su efecto. El cannabis afecta varias habilidades importantes para conducir, incluyendo la memoria a corto plazo, la capacidad de atención y la coordinación motriz, además de disminuir los tiempos de reacción.

4. El cannabis no es seguro en mujeres embarazadas ni durante la lactancia. El THC cruza la placenta, entrando a la circulación fetal y también se secreta en leche materna. Aunque las consecuencias de recibir THC por vía materna apenas empiezan a ser investigadas, la evidencia apunta a que el consumo frecuente de cannabis durante el embarazo se asocia a bajo peso al nacimiento, y más adelante aumenta el riesgo de dificultades de aprendizaje y abuso de sustancias en estos niños.

5. El consumo de cannabis está relacionado con riesgo de psicosis. Cabe aquí aclarar que la psicosis no es una enfermedad sino un síntoma, en el que se altera temporalmente el sentido de la realidad. La psicosis puede suceder por distintas razones (por uso de sustancias, como respuesta al estrés o al trauma), una de ellas siendo la esquizofrenia. Esto NO significa de ninguna forma que fumar marihuana CAUSA esquizofrenia. Sin embargo, es claro que el uso frecuente de cannabis de alta potencia –la marihuana alta en THC– está asociado a brotes psicóticos, sobre todo en quienes inician en la adolescencia y tienen predisposición genética para la esquizofrenia.

Perspectiva ante la legalización

El cannabis tiene riesgos y beneficios. Legal o no, la marihuana es la droga más utilizada después del alcohol y el tabaco. A pesar de sus efectos negativos en la salud, muchos usuarios recreativos lo asocian con sensaciones de tranquilidad, placer y bienestar. Si pensamos en el alcohol, que es también adictivo, conlleva también importantes riesgos de salud y cuyo potencial terapéutico es insignificante comparado al de la marihuana, resulta incongruente que sea mucho mejor aceptado por la sociedad. El desconocimiento y el estigma asociado a la marihuana también acentúan sus riesgos. Considerando la ciencia mencionada anteriormente y tras haber vivido dos años en un país en que la marihuana es legal, estas son desde las ventajas de legalizar desde el punto de vista de la salud:

1. Legalizar permite regular y regular permite reducir los riesgos asociados al consumo. Sabemos que, tanto los efectos adversos, como los efectos benéficos del cannabis, dependen de su composición química (concentración de THC y CBD) y del contexto del usuario. No es lo mismo fumar la marihuana que crecía en los campos en los años setenta, con menos de 5% de THC acompañado de CBD, que fumar los tipos de marihuana hidropónica que se ha modificado para tener plantas con alto THC (hasta 30%). En Canadá, el producto obtenido legalmente pasa por un análisis bioquímico para conocer exactamente la cantidad de CBD y THC que tiene la planta, y asegurarse de que no tenga otros químicos dañinos que muchas veces se utilizan para “secar” o “compactar” la planta. Además, al legalizar pueden establecerse límites en la cantidad de THC de los productos obtenidos de forma legal. Seguir consumiendo marihuana ilegal significa no saber lo que consumimos ni poder regularlo, y por tanto tener menos armas para cambiar hábitos de consumo y proteger a los usuarios de los riesgos y efectos adversos.

2. Abrir la puerta a la investigación. Desarrollar conocimiento sobre una sustancia ilegal está lleno de trabas que ralentizan el avance. Las políticas prohibicionistas no sólo han contribuido a estigmatizar al cannabis y sus consumidores, sino que han retrasado el avance del conocimiento científico y médico de la marihuana, relegando el conocimiento cannábico a los activistas y entusiastas de esta planta. En los últimos años y gracias en buena medida a la despenalización en algunos países y estados de Estados Unidos, la ciencia del cannabis ha resurgido, y la evidencia científica sobre sus efectos, riesgos y beneficios comienza a acumularse. Por ejemplo, actualmente se está realizando el estudio más completo hasta ahora sobre cannabis y cerebro adolescente, haciendo el seguimiento de los patrones de consumo y del desarrollo cerebral de más de 5 mil individuos, para así identificar los cambios neurológicos asociados con el uso de cannabis. Este tipo de investigación con alta potencia estadística que responderá importantes preguntas sería imposible si no se hubiese despenalizado la marihuana en varios estados, mientras que seguir consumiendo sigue siendo posible gracias al mercado negro.

3. Educar con evidencia científica y sin estigma. Mitigar los riesgos y efectos adversos del cannabis, el desarrollo de campañas educativas de concientización sobre el cannabis, su composición, sus riesgos y beneficios, principalmente para los adolescentes jóvenes es esencial para contrarrestar los riesgos de consumo. Sin embargo, estas no pueden llevarse a cabo en el contexto de estigmatización y ostracismo que lleva consigo consumir una droga ilegal. Hoy, los adolescentes, jóvenes (y adultos) que siguen sin tener acceso a esta información consumen desde el desconocimiento. Otra de las lecciones de la despenalización de Canadá es que la expansión del mercado cannábico va mucho más rápido que la posibilidad de educar a la población. No hay regulación sin despenalización, pero tampoco hay reducción de riesgos ni consumo responsable sin educación. Hay, entonces, mucho trabajo que hacer. La despenalización no es sino el inicio.

Es claro que en México los motivos para la legalización van mucho más allá de las razones médicas enlistadas anteriormente, y que aún se discuten diversos puntos débiles del actual proyecto de ley. En el centro del debate están por ejemplo el impacto político de combatir el mercado negro, los derechos de los agricultores y consumidores de cannabis. Este artículo busca acercar al lector a una perspectiva científica de la despenalización del cannabis, sin quitar peso a los aspectos sociopolíticos, esperando que se entienda la legalización como un primer paso esencial para que el uso y abuso de cannabis se vuelva un asunto a tratar desde la ciencia y la salud pública, en vez de quedar relegado al viciado sistema de justicia penal del país.

 

Fernanda Pérez-Gay Juárez
Médica por la UNAM, Doctora en Neurociencias por la Universidad de McGill. Investigadora en neurociencia cognitiva y divulgadora de la ciencia, sus artículos científicos han sido publicados en revistas indexadas y sus relatos y textos de divulgación en medios mexicanos y canadienses.

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Salud mental, Voltear a ver

Un comentario en “La ciencia del cannabis frente a la despenalización

Comentarios cerrados