Se acercan las vacaciones y con ellas la posibilidad de dormir más. Sin embargo, la pandemia ha dejado tras de sí a una enorme cantidad de insomnes. Karen Villeda nos recuerda algunas de las reflexiones y estrategias de Charles Dickens para lidiar con esta condición.
“Y todo eso me hace pensar en que quizá el Gran Maestro
que lo sabía todo debió haber llamado sueños
a las locuras de la cordura diaria,
puesto que llamó sueño a la muerte de la vida diaria”.
—Charles Dickens, Paseos nocturnos
No soy una persona nocturna. Desde pequeña, mi madre me inculcó una serie de hábitos para tener una buena higiene del sueño (y, claro, pararme tempranísimo para iniciar puntualmente los deberes del día). Así que me desvelo poco. Corrijo: me desvelaba poco… hasta que llegó la pandemia. Antes, podía contar mis desvelos anuales con los dedos de una sola mano. Es un fastidio no poder conciliar el sueño. Me emociona dormir y lo que conlleva este preciado acto: los rituales del sueño y los sueños, por ejemplo. Mis horarios para realizar estas actividades han dejado de ser regulares. Empecé con dificultades para permanecer dormida en el verano del año pasado. Empeoró, poco a poco, con el transcurso del tiempo. Las horas de la noche se convirtieron en mis aliadas de manera obligada y las ojeras se normalizaron bajo mis ojos. Y, al momento en que estoy escribiendo esto, puedo pasarme sin dormir una o dos noches por semana. Según internet, padezco algo que está entre el insomnio agudo y el insomnio crónico.
El insomnio es un trastorno más común de lo que pensamos: al menos una vez en la vida, dormiremos poco o no podremos hacerlo. Las causas son diversas: estrés, duelo, ansiedad, dolor. En 2016, se estimaba que lo padecía del diez al 30% de la población mundial y la Universidad Nacional Autónoma de México sugiere que el 30% de la población mexicana es insomne. Con la crisis por el coronavirus se desató el "covidsomnio" (covid-somnia, en inglés) y las tasas de prevalencia aumentaron significativamente. Yo soy uno de esos números. En este tormento personal, me he resignado a ser una novata insomne y aceptar las consecuencias, entre ellas, el mal humor y la poca concentración. Sin embargo, el insomnio puede ocasionar graves problemas y es importante tomarlo en serio.
Para pasar el rato (y el trago amargo), me dedico a releer algunos pasajes de mis libros favoritos de adolescencia como Grandes esperanzas de Charles Dickens (1812–1870) a la luz de la lámpara y con mi gato al costado (a quien envidio su capacidad para el reposo). El escritor británico padecía de insomnio antes de que este trastorno del sueño fuera llamado oficialmente como tal, aunque las primeras descripciones del malestar datan de tiempo atrás. De hecho, los antiguos egipcios recomendaban beber una mezcla que contenía lechuga silvestre por sus propiedades sedantes; construyeron templos del sueño y en los Papiros Chester Beatty se encuentra un manual de interpretación onírica.
Hay una amplia variedad en la “automedicación” de Dickens para poder dormir. Algunos de sus remedios podrían parecer disparatados para los más escépticos, como colocar la cabecera de la cama mirando hacia el norte,1 pues el “magnetismo animal” era una popular pseudociencia en la época victoriana. Para combatir el insomnio, el escritor se dedicó a dar paseos por todo Londres, como lo cuenta en Paseos nocturnos:
Hace algunos años padecí un insomnio pasajero, atribuible a una impresión dolorosa, y ese insomnio me obligó a salir a pasear por las calles durante toda la noche y por espacio de varias noches. Esa molestia habría tardado mucho tiempo en curarse si hubiese permanecido desmayadamente en cama; pero la dominé muy pronto, gracias al brioso tratamiento de volver a levantarme en cuanto me acostaba, saliendo a la calle para no regresar a casa hasta la salida del sol y completamente rendido de cansancio.2

Charles Dickens en su estudio, pintura de William Powell Frith
Iconografía del dormir
A Dickens le interesaban el sueño y los sueños. En su obra expresa sus indagaciones. Incluso, hay una patología cuyo nombre fue acuñado gracias a un personaje incidental de Los papeles póstumos del Club Pickwick. Joe, “un muchacho maravillosamente gordo” y sirviente del señor Wardle, amigo del protagonista Samuel Pickwick, padece de una sintomatología caracterizada inicialmente “por periodos de obstrucción parcial o total de la vía aérea superior que se presentan de manera repetitiva mientras (…) duerme”. Esta hipersomnolencia está ligada con la obesidad.3 En el capítulo LIV de la primera novela de Dickens, aparece una descripción clínica del síndrome de Pickwick o de hipoventilación del obeso (SHO):
El objeto que se presentó a los ojos del asombrado pasante, fue un muchacho (…) vestido de criado, y muy derecho sobre el felpudo, pero con los ojos cerrados como si durmiera. Él nunca había visto un muchacho tan gordo, ni dentro ni fuera de una barraca ambulante; y ello, unido al sosiego y reposo de su aspecto, tan absolutamente diferente de lo que se podía haber esperado de modo razonable en quien infligía tales golpes, le llenó de asombro.
El portentoso muchacho no contestó ni una palabra; pero asintió una vez con la cabeza y, a juicio del pasante, pareció roncar débilmente.
—¿De dónde viene? —preguntó el pasante.
El muchacho no hizo ni un signo. Respiró pesadamente, pero en todos los demás aspectos siguió inmóvil.
El pasante repitió tres veces la pregunta y, al no recibir respuesta, se disponía a cerrar la puerta, cuando el muchacho abrió los ojos de repente, parpadeó varias veces, estornudó una vez y levantó la mano como para reanudar los golpes de aldabón. Al encontrar abierta la puerta, miró a su alrededor con asombro, y por fin fijó los ojos en la cara del señor Lowten.
—¿Por qué demonios llama de esta manera?— preguntó el pasante irritado.
—¿De qué manera?— dijo el muchacho con voz lenta y adormilada.
—Pues como cuarenta cocheros de punto— contestó el pasante.
—Porque el amo dijo que no dejara de llamar hasta que abrieran la puerta, no me fuera a quedar dormido— dijo el muchacho.4
Más allá del ensueño
Además del inventario del medio dormir y del sopor, Dickens ahondó en la parálisis del sueño, las alucinaciones hipnagógicas5 y otros trastornos del sueño en Canción de Navidady Oliver Twist. El detestable Ebenezer Scrooge, “que en su insaciable codicia extorsionaba, tergiversaba, usurpaba, rebañaba y arrebataba”, es visitado por varios fantasmas y él mismo no sabe si se trata de una serie de sueños vívidos o de una espantosa verdad. La aparición de Jacob Marley, su antiguo socio, impide que el célebre tacaño se pueda despertar del “suplicio de todas aquellas sombras” que buscaban, “mezclarse en las cosas mundanales para hacer algún bien, pero no podían”. En medio de la angustia surge la confusión temporal:
Fue una noche muy larga, si es que todo esto se cumplió en una noche: Scrooge lo dudó porque a su juicio habían sido condensadas muchas Navidades en el tiempo que estuvo con el aparecido. Sucedía una cosa extraña y era que mientras Scrooge conservaba incólumes sus formas exteriores, el espíritu se hacía más viejo; visiblemente más viejo.
Dickens también plantea la disrupción del tiempo provocada por la parálisis del sueño en su segunda novela. En el capítulo XXXIII, Oliver Twist sufre un episodio de esta afección y el autor hace un pequeño tratado al respecto:
Hay un tipo de sueño que nos invade a veces y que, aunque mantiene prisionero al cuerpo, no libera a la mente de la conciencia de las cosas que la rodean, y le permite divagar a su gusto. Si a una pesadez abrumadora, a una aniquilación de las fuerzas y a una incapacidad total para controlar nuestros pensamientos o dirigir nuestros movimientos se le puede llamar sueño, de eso se trata; sin embargo, tenemos conciencia de todo lo que nos está sucediendo y, aun cuando soñamos, las palabras que se están pronunciando de verdad, o los sonidos que existen realmente en ese momento, se integran con sorprendente facilidad en nuestras visiones, hasta que la realidad y la imaginación se funden de una forma tan extraña que después es prácticamente imposible disociarlas. Pero éste no es el fenómeno más impactante propio de semejante estado. Es un hecho probado que, aunque nuestros sentidos del tacto y de la vista en ese momento estén muertos, nuestros pensamientos mientras dormimos y las imágenes que pasan ante nosotros se verán influidos, materialmente, por la mera presencia silenciosa de algunos objetos externos que quizá no estuvieran cerca cuando cerramos los ojos y de cuya proximidad no éramos conscientes al estar despiertos.6
A medio dormir
La atemporalidad determinada por estos “casi sueños” delatan obsesiones como las del héroe de Grandes esperanzas. Pip, un “buen muchacho, impetuoso e indeciso, atrevido y tímido, pronto en la acción y en el ensueño”, suele mezclar fantasía con hechos a lo largo del libro:
Una figura toda vestida de blanco amarillento y que sólo llevaba un zapato; y estaba colgada de tal manera que pude ver que los desvaídos encajes eran como de papel de estraza, que el rostro era el de la señorita Havisham (…) El horror ante aquella figura y el terror de tener la certeza de que no se hallaba allí un instante antes, me hizo primero huir de ella y después hacia ella. Y mi pánico aumentó al descubrir que había desaparecido”.7 Esta narrativa doble, lo protege del mundo hasta que las ilusiones se rompen y, hacia el final, a Pip no le queda más que aceptar que “sufrí mucho, perdí la razón (…) confundía existencias imposibles con mi propia identidad.8
Estos dos mundos, el consciente y el imaginado, se funden frecuentemente en lo que escribió Dickens.
Durante sus noches en vela, el escritor se topaba con seres que también se adueñaron de la noche y los inmortalizó en sus novelas. Peter Ackroyd, el biógrafo de Dickens, estima que el autor de David Copperfield caminaba unos diecinueve kilómetros algunas noches: “De ese modo gradualmente acelerado, hasta alcanzar una gran rapidez, llegaba el día, y al fin me sentía cansado y lograba conciliar el sueño. (…) Yo, de haberlo querido, sabía perfectamente en qué lugares podía encontrar al vicio y la desgracia en todas sus formas; pero el vicio y la desgracia se ocultaban a la vista, y (…) disponía de millas y millas de calles en las que podía ir y venir solitaria y a su gusto. Y eso era lo que yo hacía”.9
Yo no me atrevería a caminar sola por esta ciudad, así que no me queda más que seguir como “la pobrecilla medio loca” de Casa desolada cuyas noches “resultan largas, pues duermo poco y pienso mucho”. Espero que pronto se reinstaure en mi dormitorio la democracia del sueño (porque, a decir de Dickens, ¿no son, acaso, los cuerdos y los locos iguales por la noche cuando los cuerdos ensueñan?). Al menos me consuela saber que uno de mis personajes favoritos de la literatura universal, Pip, también sufría de insomnio al “pensar tanto en el hombre extraño que me apuntaba con el fusil invisible (…) Traté de engatusar al sueño (…) y desperté chillando”).10
Karen Villeda
Escritora y editora. Autora de Anna y Hans, (Fondo de Cultura Económica, 2021). En su página web POETronica dialoga con poesía y multimedia.
Bibliografía
Dickens, C. Canción de Navidad, traducción de Nuria Salinas Villar, Penguin Clásicos, Madrid, 2018.
Dickens, C. Grandes esperanzas, edición de Pilar Hidalgo, Cátedra Letras Universales, Madrid, 1997.
Dickens, C.. Los papeles póstumos del Club Pickwick, traducción de José María Valverde, Penguin Clásicos, Madird, 2016.
Dickens, C. Oliver Twist, Barcelona, Alba Editorial, Clásica Maior, 2000.
Dickens, C. Paseos nocturnos, Serie Great Ideas 25, Taurus, Madrid, 2013.
1 El feng shui lo considera como el mejor punto cardinal para dormir.
2 Dickens, C. Paseos nocturnos, Serie Great Ideas 25, Taurus, Madrid. 2013, p. 7
3 También es conocido como síndrome cardiorrespiratorio del obeso.
4 Dickens, C. Los papeles póstumos del Club Pickwick, traducción de José María Valverde, Penguin Clásicos, 2016.
5 Son pseusoalucionaciones que se producen en el tránsito de la vigilia al sueño, donde la persona puede escuchar voces inexistentes, ver imágenes irreales e incluso sentir que alguien más lo está tocando.
6 Dickens, C. Oliver Twist. Alba Editorial, Clásica Maior, 2000.
7 Dickens, C. Grandes esperanzas, edición de Pilar Hidalgo, Cátedra Letras Universales, Madrid, 1997, p. 118.
8 Ibidem, p. 454.
9 Charles Dickens. Paseos nocturnos, Serie Great Ideas 25, Taurus, Madrid, 2013, p. 23.
10 Ibidem, p. 131. En esta edición aparece “me produjo insomnio”, pero el original del inglés no hace mención alguna de este término: “I had sadly broken sleep when I got to bed, through thinking of the strange man taking aim at me with his invisible gun, and of the guiltily coarse and common thing it was, to be on secret terms of conspiracy with convicts – a feature in my low career that I had previously forgotten. I was haunted by the file too. A dread possessed me that when I least expected it, the file would reappear. I coaxed myself to sleep by thinking of Miss Havisham’s, next Wednesday; and in my sleep I saw the file coming at me out of a door, without seeing who held it, and I screamed myself awake”.