¿Qué son exactamente los trastornos mentales? La respuesta a esta pregunta es importante porque informa la manera en la que los investigadores explican los trastornos, la forma en la que el público responde a las personas que los experimentan y cómo deberíamos desarrollar sus tratamientos.
A pesar de la importancia de esta pregunta, hay poco consenso sobre la respuesta. Algunos sostienen que los trastornos mentales son enfermedades cerebrales. Otros argumentan que son construcciones sociales que se utilizan para medicalizar comportamientos aberrantes. Algunos piensan que son respuestas conductuales evolutivamente adaptativas que ya no funcionan para nosotros en un contexto moderno. Y hay quienes piensan que son errores o sesgos en nuestra "codificación" cognitiva. Sin embargo, están quienes creen que sólo son respuestas normales a situaciones terribles.
Cuando comencé mi formación como psicólogo clínico, me incomodaba estar expuesto a estos entendimientos radicalmente distintos sobre lo que son exactamente los trastornos mentales, y por qué podrían o no contar como un trastorno o una disfunción. Entonces, cuando me embarqué en mi investigación de doctorado, decidí buscar algo de claridad en torno a este concepto que es el pilar fundacional de la psiquiatría, la psicología clínica y gran parte de nuestro discurso sobre la salud mental.
Mi observación inicial fue que lo que consideramos como un trastorno mental está íntimamente relacionado con cómo pensamos que funcionan el cuerpo humano y la mente, en un sentido general. Por ejemplo, es más probable que un biólogo celular adopte la opinión de que los trastornos mentales son enfermedades cerebrales, en comparación con un sociólogo, que podría ver todo el concepto de trastornos mentales como una construcción social. La comprensión de cómo funcionan los humanos influye en la comprensión de lo que significa que los humanos sean "disfuncionales". En un ejemplo tonto, si nos metiéramos en una máquina del tiempo, visitáramos a René Descartes y le preguntáramos qué son los trastornos mentales, podríamos suponer que su respuesta se basaría en su comprensión dualista de la mente y el cuerpo. Tal vez sugeriría que los trastornos mentales son corrupciones del alma, o algún tipo de falla mecánica en el alma que se comunica a través de la glándula pineal.

Ilustración: Raquel Moreno
Esta observación apunta a algunas preguntas interesantes: ¿podrían ciertos marcos del funcionamiento humano ser mejores que otros para ayudarnos a pensar sobre el trastorno mental? ¿Una visión más útil del funcionamiento humano podría producir una comprensión más rica del trastorno mental? Al reducir el foco de mi investigación, estas preguntas me llevaron a una posición conocida como "enactivismo encarnado".
El enactivismo encarnado es una postura cada vez más popular en la filosofía de la mente y las ciencias cognitivas. Es una postura "biológica" en el sentido que reconoce los procesos fisiológicos vitales en la búsqueda de la comprensión del comportamiento humano, pero le da el mismo valor al significado personal y a las escalas de explicación interpersonal. De esta manera, no es reduccionista ni ignora la importancia de nuestra encarnación como criaturas biológicas. Es esta amplitud de perspectiva la que inicialmente llamó mi atención sobre el enactivismo encarnado como un marco del funcionamiento humano desde el cual considerar el trastorno mental. El enactivismo encarnado entiende las diversas escalas de explicación que son relevantes para comprender el comportamiento humano como diferentes aspectos de un mismo todo dinámico: un organismo en relación con su mundo.
Para desglosarlo un poco más, el enactivismo encarnado ve la mente como encarnada, incrustada y enactiva. "Encarnado" se refiere a la idea de que la mente es completamente material, incluido no sólo el cerebro, sino el sistema cerebro-cuerpo. No somos únicamente cerebros que conducen nuestros esqueletos como coches, sino que nuestro "yo" está constituido por todo nuestro cuerpo. "Incrustado" se refiere a la idea de que estamos muy conectados, de forma bidireccional, con el mundo que nos rodea, y que esta conexión tiene una influencia enorme en nuestro comportamiento. Vivimos en un entorno tanto físico como sociocultural. Con el tiempo, ambos dan forma a este mundo y nosotros somos moldeados por él. Por último, "enactivo" se refiere a la idea de que los significados que experimentamos se realizan mediante nuestra función inherente de ser organismos que luchan. No sólo vemos el mundo que nos rodea como hechos áridos, sino que experimentamos el mundo como si tuviera un significado inmanente. Este significado no está ahí afuera en el mundo, ni tampoco lo construimos nosotros, sino que se refiere a la relación real entre el estado del mundo y nuestro objetivo de seguir viviendo. El mundo tiene significado para nosotros.
El enactivismo encarnado nos empuja a pensar en el cerebro, el cuerpo y el medio ambiente actuando en conjunto como un sistema complejo. Esta amplia perspectiva se alinea con una clara evidencia de que, cuando se trata de trastorno mental, todo, desde los genes hasta la cultura, parece jugar un papel importante. Cada vez más parece que el trastorno mental podría no estar definido por una sola desviación o esencia biológica (como un desequilibrio de sustancias químicas en el cerebro); más bien, los trastornos mentales parecen estar compuestos por redes de mecanismos que abarcan el sistema cerebro-cuerpo-entorno y que juntos mantienen el compromiso con la conducta desadaptativa.
Junto a esta perspectiva abarcadora, el enactivismo encarnado tiene una comprensión particular de los valores y la normatividad. Los ve como cosas reales en el mundo, que existen para los organismos a través de su relación necesaria con el medio ambiente. Esto tiene el potencial de abordar una división que existe actualmente entre aquellos que ven los trastornos mentales como definidos por normas y valores (denominados "evaluativistas") y aquellos que ven los trastornos mentales como fenómenos definidos naturalmente (conocidos como "objetivistas"). Desde el punto de vista de un enactivista encarnado, los trastornos mentales son tanto naturales como normativos: son patrones de comportamiento, pensamiento y emoción que están en conflicto con el modo de funcionamiento de una persona en el mundo.
Un dilema en particular destaca la utilidad de ver el trastorno mental a través del lente del enactivismo encarnado —para el que existe un apoyo creciente. Los trastornos mentales se pueden considerar mejor como redes de mecanismos, en lugar de enfermedades con esencias claramente definidas. Sin embargo, a pesar de estar afectados por factores que abarcan el cerebro, el cuerpo y el medio ambiente, todavía vemos patrones aparentemente reconocibles de angustia y disfunción, como la depresión y la ansiedad, en lugar de una mezcla de problemas idiosincráticos en la vida. ¿Por qué sucede esto? El enactivismo incorporado sugiere la posibilidad de que estos patrones de pensamientos, comportamientos y emociones representen "tendencias pegajosas" en el sistema cerebro-cuerpo-entorno humano.
"Pegajoso" es mi forma de describir el concepto de un atractor: en matemáticas, es un estado en el que un sistema tiende a caer y permanecer a pesar de las diferentes condiciones iniciales. Para decirlo en un lenguaje más sencillo, los trastornos mentales pueden ser patrones de pensamiento, comportamiento y emoción en los que el sistema humano cerebro-cuerpo-entorno tiende a caer, y estos patrones son difíciles de cambiar porque se mantienen por sí mismos.
La depresión es depresión en parte porque es un patrón de pensamiento, comportamiento y emoción en el que el sistema cerebro-cuerpo-entorno humano tiende a caer y atorarse. Desde esta perspectiva, los trastornos mentales son patrones borrosos pero reales en el mundo que se pueden descubrir, y no sobre los cuales se puede decidir. Lo más importante, sin embargo, es que esto significa que son cosas que podemos intentar explicar.
Para comprender un poco más este concepto, imagínate sosteniendo un recipiente del tamaño de un arenero para gatos con ambas manos. El suelo de este contenedor tiene la forma de un pequeño paisaje con colinas y valles. Ahora imagina que colocas una canica en el recipiente y mueves tus manos para que la canica ruede sobre el paisaje. Observa cómo la canica se atasca en los valles y rebota en las colinas; cómo a veces cae en patrones o pistas particulares a través del paisaje. En esta analogía, la canica que se encuentra en diferentes lugares del recipiente representa diferentes estados en los que una persona puede estar y la forma del paisaje representa las influencias combinadas —que van desde los productos químicos hasta la cultura— que afectan el comportamiento de una persona. En la esquina superior izquierda hay un valle particularmente profundo que representa la depresión o algún otro trastorno mental. Si la canica se atasca en este valle, tienes que inclinar y agitar el recipiente para que la canica se mueva de allí. Mientras la canica está atascada en el valle, sólo puede moverse hacia atrás y hacia adelante, atorada en el mismo patrón de comportamiento. Así, la depresión es "pegajosa".
Si vamos a explicar la depresión (u otro trastorno mental) desde este punto de vista, lo que debemos comprender es la red de factores que dieron forma y mantienen este valle. Necesitamos entender cómo esta red se constituye de tal manera que mantiene este patrón de comportamientos, pensamientos y emociones, a pesar de ser desadaptativo para la persona afectada.
Ciertamente no estoy afirmando que una perspectiva enactiva encarnada sea la última palabra sobre la naturaleza del trastorno mental. Más bien, creo que representa una respuesta viable a la pregunta “¿Qué son los trastornos mentales?” y una que me ha ayudado a encontrar claridad mientras continúo mi formación en psicología clínica. Si las ciencias de la psicopatología van a progresar, debemos seguir haciéndonos esta pregunta y refinando nuestras respuestas.
Kristopher Nielsenis
Estudiante del Doctorado en psicología en la Universidad Victoria en Wellington, Nueva Zelanda.
Este artículo fue publicado originalmente en la revista Aeon el 4 de mayo de 2020 con el título “Think of mental disorders as the mind’s ‘sticky tendencies’”.
Traducción de Eugenia Rodríguez
![]()