No todo el lenguaje es voz. El audismo como forma de discriminación

Se ha construido una idea del lenguaje que premia la voz como forma primordial de la comunicación humana, lo que ha impedido ver otras formas de ser en el mundo. Este texto es una continuación a “La batalla entre la voz y el gesto”.

A mediados del siglo pasado, cuando la Seña se reconoció como lengua en sí misma, dueña de un sistema sintáctico, semántico y gramatical propio, se originó un movimiento de protesta en contra del llamado “audiocentrismo”. Es decir, en contra de la concepción que reduce el lenguaje a una función cognitiva realizada por un canal vocal-auditivo considerado, a su vez, como el medio idóneo y superior de comunicación frente a otras formas de aprehensión e interacción expresiva.

Ilustración: Estelí Meza

Uno de los primeros eventos de este movimiento data de 1977, cuando Tom Humphries acuña el término “audismo” —audism en inglés— para comprender la forma en que la supuesta superioridad de la voz fomenta diferentes actitudes perjudiciales hacia la Seña y quienes la usan. A través de este concepto Humphries busca describir el sesgo y prejuicio de los oyentes contra los sordos; una especie de sinónimo de sexismo para las mujeres que ayudara a la comunidad sorda a definir las experiencias discriminatorias y excluyentes a las que se ve expuesta.1

Harlan Lane, inspirado por el trabajo del filósofo francés Michel Foucault, y en especial en su concepto de "biopoder" que denuncia diversas técnicas de subyugación y control de los cuerpos, amplía la definición. Lane refiere al audismo institucional y lo define como un mecanismo de opresión sistemático reproducido en diferentes campos como la ciencia, la medicina y la educación. En uno de los ejemplos no exentos de polémica expuestos en The Mask of Benevolence (La Máscara de la Benevolencia, 1992), argumenta que la medicalización de la sordera en ocasiones beneficia más a los médicos y fabricantes de prótesis (audífonos, implantes cocleares, etc.) que a los niños sordos, generando así una serie de prácticas discriminatorias hacia la lengua sorda —en la que incluye a la educación bilingüe— y a los aportes de la diversidad cultural. Para Lane existe una “forma auditiva de dominar, reestructurar y ejercer autoridad sobre la comunidad de sordos” que implícitamente trata la sordera de manera perjudicial para este grupo.2 En éste y en otros trabajos más recientes insiste en que es necesario modificar el enfoque del discurso sobre la sordera para virar del centrado en la exclusión y la discriminación física, hacia uno que refiera a una minoría cultural con un ethos propio. Lane pugna por evidenciar el audismo institucional que generalmente es difícil detectar, pues tiende a esconderse detrás de prácticas supuestamente guiadas por el sentido común pero cuyo fundamento es condescendiente, e insta a trabajar en la validación incondicional de las distintas maneras sordas de ser y de estar en el mundo sin someterlas a controles sociales disciplinarios que implícitamente perpetúen la defensa de la voz con respecto a otras formas de comunicación.3

Además del audismo individual e institucional existe, como sugiere H-Dirksen L. Bauman, el audismo metafísico que, a partir de premisas filosóficas, da sustento a conclusiones fisiológicas que han sido parte integral de nociones discriminatorias sobre lo que significa ser persona.4 La lista de ejemplos es muy extensa, pero basta citar tres casos. En su Historia de los animales, Aristóteles afirma que tanto los animales como los seres humanos tienen voz, sólo que estos últimos, a diferencia de los primeros, cuentan con una phonē semantike, es decir, una voz a través de la cual se puede crear un discurso expresivo, coherente y racional. Esta posibilidad de vocalizar conceptos, dice el filósofo, no existe en los animales, que sólo pueden producir signos de dolor y de placer. Se trata, pues, de una locución i-lógica y a-semántica característica también de los niños —el término latino infans refiere a alguien sin (in) voz (fans), un ser incapaz de expresarse— y de las personas sordas quienes, continúa Aristóteles, pueden hacer sonidos vocales pero no pueden hablar.5 No muy lejos de aquí está la interpretación de Emmanuel Kant quien, en su Antropología en el sentido pragmático (1796-1797), sostiene que, al no tener acceso al habla, las personas que nacen siendo sordas “nunca pueden llegar a nada más que a un análogo de la razón”.6 Un eco de ambas posiciones está presente en el trabajo de Johann Gottfried von Herder, Ideas para la filosofía de la historia de la humanidad (1784-1791), en donde el filósofo sostiene que las personas sordas están condenadas a permanecer “como niños o animales humanos” y que, al carecer de palabras para organizar su experiencia, no tienen ninguna posibilidad de salir de su “estado brutal” y llegar a ser capaces de una humanidad o moralidad ordinaria.7

El grave problema de estas concepciones no es que el lenguaje se considere uno de los atributos clave del ser humano, sino que se limite a su actualización oral. Esto es lo que, en efecto, conduce al audismo. Para desarticular esta tendencia, Bauman deconstruye concepciones que alimentan el supuesto estatus natural u originario de la voz con el fin de que ésta pueda ser vista, no como la única, sino como una de las muchas modalidades de actualización del lenguaje humano.8 Sólo así, dice Bauman, podremos dejar de operar dentro de la nefasta fórmula humano-lenguaje-habla que silenciosamente ha (mal)informado las categorías fijadas por los supuestos límites de nuestra existencia y que lamentablemente sigue determinando, como lo ha hecho desde la antigüedad, “la porosa línea entre lo humano y lo no humano, entre lo civilizado y lo salvaje”.9

El referente principal de Bauman es el filósofo francés Jacques Derrida quien, en su libro De la gramatología (1967), ofrece una crítica al privilegio que la cultura de Occidente le ha dado a la voz. La voz, dice Derrida, se ha concebido desde la antigüedad como el medio idóneo a través del cual se dota de significado a cualquier experiencia humana en el mundo y, por lo tanto, también como fundamento de la racionalidad. Esta concepción se ha consolidado a través de un sinfín de maniobras retóricas y metafísicas que asumen que existe un vínculo natural e inmediato entre el sentido de una expresión pensada y su vocalización.10 La (supuesta) inmediatez entre estas dos dimensiones ha permitido creer a lo largo de varios siglos que hay un vínculo íntimo, de proximidad absoluta, entre el ser de las cosas y la voz. El fonocentrismo, como llama Derrida a esta tendencia, vendría entonces a darle forma a un sistema de pensamiento que pretende alcanzar y defender a toda costa la idea de la voz como fuente de todo significado, valor y verdad. Frente a este paradigma Derrida sitúa la archi-escritura, una nueva forma de aproximarse al lenguaje como un sistema compuesto por diversos registros de ideas y de relaciones que constituyen cualquier acto de significación de la experiencia humana; inscripciones, como él las llama, que incluyen formas “antiguas” o “literales”, como la notación pictográfica, jeroglífica, ideográfica, fonética y alfabética, pero también otros estilos “ajenos al orden de la voz”, como la coreografía, la cinematografía, la escritura musical, pictórica y escultórica.11 Bauman añade a esta larga lista de estrategias para aprehender el mundo la Seña, que sitúa la expresión en el cuerpo y sus movimientos, rompiendo así la cadena fonocéntrica de voz-sentido-ser. La Seña, dice Bauman, “exilia la voz del cuerpo, del sentido y del ser” y con ello sabotea el sistema metafísico que ha producido la idea audiocentrista del mundo.12

Haciendo eco de la labor conceptual de Bauman, en los últimos años se ha sugerido un giro hacia lo que en el contexto anglosajón se conoce como las Epistemologías Sordas (Deaf epistemologies). Se trata de líneas alternativas de cognición y teorización que toman como eje las formas de estar y de percibir el mundo por parte de la comunidad sorda para, desde ahí, proporcionar una crítica que muestre la forma en que el audismo enmarca e influye en la producción de conocimiento.13 En la Universidad de Gallaudet en Washington, esta iniciativa se ha llevado al terreno práctico en varias disciplinas. Tal es el caso de la arquitectura y el diseño que, a través del movimiento denominado DeafSpace (“EspacioSordo”), han buscado desafiar concepciones audiocéntricas que impactan directamente en la forma en que se imagina, construye y vive el espacio.14

DeafSpace presta especial atención a elementos como la disposición de los espacios así como a la necesidad de mantener despejado el campo visual de los señantes, quienes necesitan un espacio adecuado entre ellos, normalmente mayor que el utilizado en una conversación oral, para percibir sus movimientos y expresiones faciales. Asimismo, para respetar la aguda sensibilidad que las personas sordas tienen a las señales visuales y táctiles, DeafSpace fomenta un minucioso trabajo en el diseño de iluminación. Los estudiosos afirman que las personas sordas emplean la vista de manera diferente a como lo hacen las personas oyentes y por ello es necesario evitar entornos con poca iluminación que puedan interrumpir la comunicación visual o provocar fatiga ocular. La acústica es también un elemento clave de esta escuela que promueve la reducción de las reverberaciones acústicas y otras fuentes de ruido que pueden distraer y afectar de diversas maneras —a veces incluso provocar dolor— a las personas sordas, especialmente a las que utilizan dispositivos de ayuda como audífonos o implantes cocleares para mejorar su percepción del sonido.15

Si el mundo en el que vivimos hoy estuviera diseñado desde una perspectiva sorda habría edificios con menos paredes, más ventanas y habitaciones curvilíneas. Los trabajos proyectados y edificados por DeafSpace han ofrecido valiosas ideas sobre la interrelación de los sentidos, las formas en que construimos el entorno físico y la identidad cultural que se crea en torno al mismo.16 El énfasis que varias de las corrientes de las llamadas Epistemologías Sordas han puesto en la arquitectura muestra la estrecha relación existente entre las construcciones físicas y las mentales. O, para frasearlo distinto, ha descubierto múltiples estrategias a través de las cuales inducir cambios ontológicos, es decir, de la forma en que definimos a los seres, incluidos a los seres humanos, y epistemológicos; de la forma en que conocemos todo aquello que nos rodea, a través de la materialidad.

Es vital reconocer las múltiples formas en las que la Seña puede desafiar el paradigma audiocéntrico que ha dominado nuestra concepción del mundo por siglos. Quizá la más relevante, aunque no la única, sea la que busca imperiosamente romper la identificación del lenguaje con la voz. Una identificación que parece olvidarse es la distinción entre lenguaje y lengua. Donde el primer término refiere a una capacidad única de la especie humana para comunicarse a través de signos, cualesquiera que sean estos, en nuestro intento por aprehender el mundo. Un patrimonio compartido por los seres humanos del cual derivan las lenguas, es decir, las diferentes modalidades o tipos a través de los cuales se manifiesta esta capacidad. Lenguas variadas, de carácter histórico y cultural, entre las que se incluyen tanto las producidas oralmente como aquellas creadas por medios visuo-espaciales o manuales. Para decirlo pronto, es vital reconocer que el lenguaje va más allá de la voz. El audismo muestra que hemos vivido bajo una concepción del lenguaje no sólo limitada e incorrecta, sino también altamente discriminatoria y opresora. El estudio de la Seña invita a romper esta milenaria asociación y, al mismo tiempo, promover acercamientos plurilingües a lo real a través de los cuales se fomenten nuevas y diversas formas de percibir, interactuar e imaginar el espacio y el tiempo, de hacer uso de nuestros sentidos y, finalmente, de sentir y disfrutar nuestros cuerpos.

 

Ainhoa Suárez Gómez
Historiadora por la UNAM y doctorante en filosofía por la Universidad de Kingston, Londres, donde investiga sobre el silencio, el lenguaje y el cuerpo. Alimenta el blog Cartografía íntima.

 

Bibliografía

Aristotle, The Complete Works of Aristotle. The Revised Oxford Translation, ed., Jonathan Barnes, Vol. 1 & 2, Princeton University Press, Princeton, 1984.

Bauman, H-Dirksen L., “Audism: Exploring the Metaphysics of Oppression”, Journal of Deaf Studies and Deaf Education 9 núm. 2, 2004, pp. 239-246.

Bauman, H-Dirksen L. y Joseph J. Murray (eds.), Deaf Gain. Raising the Stakes for Human Diversity, University of Minnesota Press, Minneapolis, 2014.

Davis, L. J. (ed.), The Disability Studies Reader, 2da ed., Routledge, New York, 2006.

Derrida, J. Of Grammatology, trad. Gayatri Chakravorty Spivak, The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1977.

De Clerck, G. “Deaf Epistemologies as a Critique and Alternative to the Practice of Science: An Anthropological Perspective”, American Annals of the Deaf 154, núm, 5, 2010, pp. 435-446.

Von Herder, J. G. Outlines of a Philosophy of the History of Man, Luke Handford, London, 1803.

Humphries, T. “Communicating Across Cultures (Deaf/Hearing) and Language Learning”, Ph.D. Dissertation, Union Graduate School, Cincinnati, 1977.

Kant, I. Anthropology, History, and Education, Cambridge University Press, Cambridge, 2007.

Lane, H. Masks of benevolence: Disabling the Deaf Community, Alfred Knopf, New York, 1992.

DeafSpace: What’s That?”.

DeafSpace Documentary”.


1 Humphries, T. “Communicating Across Cultures (Deaf/Hearing) and Language Learning”, Ph.D. Dissertation, Union Graduate School, Cincinnati, 1977, p. 11.

2 Lane, H. Masks of benevolence: Disabling the Deaf Community, Alfred Knopf, New York, 1992, p. 43.

3 “Deaf Gain. An Introduction”, Bauman H-Dirksen L. y Joseph J. Murray (eds.), Deaf Gain. Raising the Stakes for Human Diversity, University of Minnesota Press, Minneapolis, 2014., XV.

4 Violé O’Neill, Y. Speech and Speech Disorders in Western Thought Before 1600, Greenwood Press: Westport, 1980, p. 3.

5 Aristotle, History of Animals, in Aristotle, The Complete Works of Aristotle. The Revised Oxford Translation, ed., Jonathan Barnes, Vol. 1 & 2, Princeton University Press, Princeton, 1984, 535a13-536b8.

6 Kant, I.“Anthropology from a pragmatic point of view”, Anthropology, History, and Education, Cambridge University Press, Cambridge, 2007, §18.

7 Von Herder, J. G. Outlines of a Philosophy of the History of Man, Luke Handford, London, 1803. Vol. 1, Book IX, pp. 419-420.

8 H-Dirksen L. Bauman, “Audism: Exploring the Metaphysics of Oppression”, Journal of Deaf Studies and Deaf Education 9, núm. 2, 2004, p. 243.

9 Bauman, H-Dirksen L. “Audism: Exploring the Metaphysics of Oppression”, 243.

10 Derrida, J. Of Grammatology, trad. Gayatri Chakravorty Spivak, The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1977, p. 12.

11 Derrida, J. Of Grammatology, trad. Gayatri Chakravorty Spivak, The Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1977, pp. 7-10.

12 Bauman, H-Dirksen L. “Toward a Poetics of Vision, Space, and the Body: Sign Language and Literary Theory”, Lennard J. Davis (ed.), The Disability Studies Reader, 2da. ed., Routledge, New York, 2006, p. 356.

13 De Clerck, G. “Deaf Epistemologies as a Critique and Alternative to the Practice of Science: An Anthropological Perspective”, p. 442. Véase también: Holcomb T. K. “Deaf Epistemology: The Deaf Way of Knowing” ; y Hauser, P. C., et al. “Deaf Epistemology: Deafhood and Deafness”, American Annals of the Deaf, 154(5), 2010, pp. 471-478 y pp. 486-492, respectivamente.

14DeafSpace: What’s That?”, DeafSpace.

15DeafSpace: What’s That?”, DeafSpace.

16 Véase “DeafSpace Documentary”, YouTube. 7 junio de 2018.

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