Los mensajes para informar sobre la pandemia no consideraron en un principio a las personas sordas; tampoco los centros de atención covid o la información sobre violencia de género. La SEP difundió contenido educativo en lengua de señas, pero de Argentina. Como es costumbre, el acceso para la comunidad sorda en México ha venido de su propia mano.
A Erik por enseñarme a resistir.
La lengua de señas mexicana (LSM) se reconoció como idioma oficial el 10 de junio del año 2005. Esto marcó un hito en la historia de la comunidad sorda en México, que hasta entonces tenía como su principal reconocimiento la creación de la Escuela Nacional de Sordomudos por decreto del presidente Benito Juárez, el 28 de noviembre de 1867.1 Aunque ésta se transformó y dejó de existir como un espacio adecuado para la enseñanza y socialización de la lengua de señas, la institución continúa siendo uno de los marcadores más importantes en la memoria histórica de la comunidad sorda. Es ahí en donde se ancla su conformación como una comunidad lingüística que desde hace más de cien años resiste ocupando espacios, luchando por salvaguardar su lengua y la exigencia de sus derechos.
Fue gracias al trabajo de algunos individuos y a la apropiación de espacios, principalmente deportivos y religiosos, que la lengua de señas se difundió y la comunidad sorda se afianzó. Esto se volvió el contrapeso al modelo médico imperante que le impedía a las personas sordas la posibilidad de comunicarse en una lengua apropiada a su condición. Terapias oralistas que entre sus estrategias incluían —y siguen incluyendo, sujetarle las manos a niñas y niños e ignorarlos cuando señan para obligarlos a que hablen español.
La ratificación de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad se convirtió en la esperanza de que el modelo social de la discapacidad poco a poco se viera materializado, y proporcionó un instrumento para exigir que así fuera. En este documento se reconoce a las lenguas de señas como formas de comunicación, pero sobre todo y lo más importante, se reconoce que representan la identidad cultural y lingüística de las personas sordas.2 Sin embargo, si bien es cierto que por impulso de la sociedad civil, y cierta voluntad política, el marco legal se ha ido transformando y se ha incrementado a fin de que se plasmen los derechos de las personas sordas, los legisladores y tomadores de decisiones de organismos gubernamentales no se han aventurado a innovar y saldar sus deudas con una comunidad lingüística que ha sido minorizada.

Ilustración: Belén García Monroy
Por otro lado, a pesar de que los esfuerzos entre la sociedad civil, los líderes y las personas que forman parte de la comunidad sorda no siempre son armónicos ni coordinados, la aparición de espacios como las redes sociales, así como las puertas que ha abierto el sector privado, han visibilizado a la LSM. Atrás quedó aquel noticiero de la década de los ochenta con la única intérprete sorda de la industria, Perla Moctezuma. La suma de esfuerzos y compromisos a lo largo de los últimos años le han dado al recuadro de interpretación, aunque no siempre en un tamaño adecuado, un espacio en la pantalla.3
Las buenas prácticas y los avances en materia de acceso a la información, sin embargo, no han sido suficientes para el acceso a servicios y el ejercicio de derechos. La pandemia ha resaltado esta falta de continuidad en la cadena de accesibilidad; mientras el gobierno federal daba un gran ejemplo incorporando el servicio de interpretación en las conferencias matutinas, esta acción que no fue replicada en las comunicaciones vespertinas dedicadas a informar a la población sobre la situación del coronavirus en nuestro país. Desde los primeros mensajes de febrero se prendieron las alertas: personas sordas que obtenían información de sus pares de otros países por medio de las redes sociales comenzaron a llenar el vacío de información en LSM y a transmitir las medidas de prevención más apremiantes.
La información en LSM llegaría sólo a fuerza de la vía legal. Erik Arellano y Cecilia Guillén promovieron un amparo para que el gobierno federal y el de la Ciudad de México garantizaran el acceso a la información, exponiendo de una manera contundente los derechos de una comunidad lingüística que estaba siendo violentada al negársele información vital para salvaguardar su vida y la de sus familias.4 Gracias a este recurso, las conferencias del 17 y 18 de marzo fueron las primeras que contaron con interpretación.
En el amparo no sólo se exigía el derecho a la información, sino la necesidad de que los centros hospitalarios covid atendieran a personas sordas en su lengua, con intérpretes certificados, una acción que a la fecha no se ha concretado. Para salir del compromiso, el Gobierno de Ciudad de México respondió con una lista de centros de salud que cuentan con personal competente en lengua de señas, pero no pasó mucho tiempo para que algunas personas fueran a comprobar la inexistencia de lo difundido.
Para quienes nos encontramos en constante convivencia con personas sordas señantes, es evidente que uno o dos cursos no bastan para mantener una comunicación compleja y fluida. Ser intérprete requiere de formación específica. Preocupa que el gobierno de la ciudad escatime en la importancia de incluir a personas competentes en LSM en servicios de salud. Por otro lado, además de las conferencias vespertinas, el subsecretario Hugo López-Gatell y servidores públicos de otras secretarías han difundido información sobre acciones o mensajes relacionados con la pandemia que no son accesibles. En la página de la Secretaría de Salud, en la sección con información accesible, apenas tres videos y otros recursos más sobre la “heroína Susana Distancia” cuentan con interpretación, y la sección para niñas y niños padece de lo mismo. Como dice Carolina Galeana, es como si al repartir información a las personas sordas, se les repartieran libros rotos.
El reconocimiento de una lengua y de sus hablantes, así como los avances en materia de acceso a la información, son apenas el primer eslabón de una cadena que debe forjarse continuamente. La incorporación de LSM en conferencias no ha llevado a que el resto de las acciones que se han implementado para atender a la población durante la pandemia incluyan a personas sordas. Los servicios de atención médica, de emergencias, de apoyo psicológico y de atención se brindan vía telefónica, la Secretaria de Educación Pública —a falta de una estrategia para atender al alumnado con discapacidad auditiva—, difundió videos que con traducción a lengua de señas, pero de Argentina, lo que desató nuevamente la indignación de la comunidad. Finalmente, la difusión sobre violencia de género y las estrategias para erradicarla no han alcanzado a las mujeres sordas.
Esto ha sido subsanado por la comunidad, una vez más. Haciendo uso de la tecnología, organizaciones de la sociedad civil han salido al paso para poner a disposición de las personas sordas el servicio de interpretación de manera gratuita por videollamada5 y la infancia sorda encontró un espacio de entretenimiento y de lectura en LSM en redes sociales, información sobre covid-19 en LSM.6 Además, comenzaron a proliferar distintos cursos de lengua de señas y las personas sordas se convirtieron en agentes activos para incentivar a sus pares a prevenirse. Han surgido grupos de Facebook para debatir y socializar la problemática actual —así como la epidemia que siempre ha afectado a las personas sordas: la exclusión—, y las denuncias sobre la falta de intérpretes calificados se condensaron en el hashtag #unmejorserviciodeintérpretelsm.
Los vacíos en salud, justicia y educación en tiempos de pandemia de covid-19 no han acentuado la exclusión en la que viven las personas sordas. Nos han recordado la complicidad de los gobiernos en su condición de vulnerabilidad, la deuda pendiente con una comunidad a la que se le siguen imponiendo barreras, leyes que no logran ponerse en práctica, acciones gubernamentales que son remiendos. El colectivo de personas sordas al que en la práctica se sigue dejando atrás encuentra todos los días su fortaleza, y su resistencia, en su lengua.
Susana Gómez
Activista por los derechos de las personas con discapacidad. Cofundadora de CoPeSoR-Coalición de las Personas Sordas A. C.
1 Cada 28 de noviembre la comunidad sorda mexicana conmemora esta fecha de muy diversas formas.
2 En México además de la LSM se hablan otras lenguas de señas como la Lengua de Señas Maya Yucateca y algunas otras a las que se les han denominado lenguas de señas emergentes, creadas por los usuarios sordos y sus familiares bilingües. Ver: Oliver Le Guen, El habla de la mano. La Lengua de Señas Maya Yucateca y sus señantes.
3 La ley federal de telecomunicaciones en el artículo 17, sobre lineamientos generales sobre la defensa de las audiencias establece, entre otras especificaciones, que el recuadro debe ocupar al menos una sexta parte de la pantalla en la parte inferior derecha.
4 Fundadores de Coalición de Personas Sordas A.C. y En Primera Persona A.C. respectivamente.
5 La Asociación de intérpretes y traductores de Lengua de señas en la República Mexicana A. C. publicó un listado de números telefónicos con los que intérpretes de diferentes estados brindan servicio de interpretación de manera voluntaria.
6 Páginas de facebook del Ippliap, Seña y verbo teatro de sordos, Aprendiendo LSM, EN traducción, interpretación y accesibilidad son solo algunos ejemplos de los espacios virtuales que llenaron los vacíos y abrieron el diálogo en torno a covid-19 en LSM.
Que vergonzosa la ignorancia del Sr. Esteban Moctezuma.
Que grato encontrar éstos reportajes que visibilizan a la cominidad sorda.