Saber qué dice el silencio: las lenguas de señas hoy

La comunidad sorda en México enfrenta impedimentos de acceso todo el tiempo. Sin embargo, como ya adelantaba Susana Gómez en otro texto, esto ha empeorado con el coronavirus. El uso del cubrebocas, por ejemplo, silencia a las personas que usan lengua de señas. A continuación una reflexión sobre los problemas que trae consigo el desconocimiento generalizado de estas lenguas.

México tiene una gran riqueza lingüística. A principios de este siglo se reconoció a las lenguas originarias como lenguas nacionales, al mismo nivel que el español, y la Lengua de Señas Mexicana (LSM) forma parte del patrimonio lingüístico nacional desde el 2005. Sin embargo, aún persisten los prejuicios en torno a la segunda, y hay quienes incluso niegan su estatus de lengua natural. Es urgente cambiar esta situación, sobre todo de cara a la crisis sanitaria causada por el nuevo coronavirus, que recrudeció la situación de vulnerabilidad en la que viven los usuarios de las lenguas minoritarias.

Entre otras cosas, la pandemia reveló el estado de marginación de estos idiomas, y con ello el pobre o nulo acceso a la información y a la salud que tienen los miembros de las comunidades indígenas y de las comunidades sordas. Habría que agregar que en el caso de los sordos, la situación se agrava, pues la sociedad fonocéntrica ha ignorado durante siglos y de manera sistemática a aquellos que no escuchan y que usan una lengua de modalidad visogestual; a veces incluso buscando eliminar esta diversidad mediante la promoción de aditamentos para escuchar y con ello lograr que estas personas “hablen”.

Ilustración: José María Martínez

El tema del cubrebocas nos sirve como metáfora para abordar la condición de marginalidad de las personas que integran la comunidad sorda, la invisibilidad de su lengua y de su cultura. Habría que reconocer que mucho antes de la llegada del covid-19 hemos mantenido nuestra “sana distancia”con las personas sordas. No obstante, el uso (necesario) del cubrebocas es una evidencia más del trato desigual que por mucho tiempo se ha dado los sordos en tanto no se considera cómo funciona su lengua. En la expresión de las lenguas visogestuales además de usar las manos, también se emplea el movimiento simultáneo del cuerpo, la cabeza, o los gestos que se realizan con alguna parte del rostro.1 Estos son  elementos fundamentales en la gramática de este tipo de lenguas. Fruncir la nariz, inflar o sumir las mejillas, el redondear o distender los labios, abrir la boca desmesuradamente, o incluso enseñar la lengua, aportan significados precisos al mensaje que se produce. Se utilizan en la formación de palabras, en la sintaxis, y en la pragmática del discurso de cualquier lengua de señas. La demanda del uso del cubrebocas como medida sanitaria interfiere directamente en la comunicación diaria de las personas sordas y, también, en la de aquellos que se apoyan en la lectura labio facial para comprender los textos orales que se emiten.

Algunos dirán que este es un asunto de fácil resolución, tan simple como promover el uso de las caretas, o confeccionar cubrebocas con un material transparente. Pero no es así. El problema de comunicación al que se enfrentan los miembros de la comunidad sorda (CS) trasciende por mucho el empleo del cubrebocas. El gran obstáculo es el desconocimiento y la persistencia de los prejuicios en torno a la lenguas visogestuales, que impiden tomar decisiones con respecto a ellas.

La comunidad sorda ha sorteado —no con pocas dificultades— la realización de actividades de la vida cotidiana que demandan del intercambio comunicativo con los hablantes-oyentes. Es un hecho que la gran mayoría de los sordos asisten y conviven en diferentes espacios con personas oyentes que no conocen la LS. Y, por lo tanto, la convivencia entre ambas partes implica un esfuerzo conjunto para desplegar sus habilidades lingüísticas, sociocognitivas, y de empatía. Es probable que aún sin un mínimo conocimiento de la LS, las más de las veces se haya podido establecer una comunicación eficaz entre sordos y oyentes  debido a los factores enunciados, pero, cuando el tema que los convoca atañe a la salud, no basta con intuir o entender a medias los mensajes que se intercambian. Imaginemos la angustia de un sordo que usa la lengua de señas y requiere de ser atendido de manera urgente. Desde su llegada al hospital el diálogo se da en forma oral. Quizá pueda expresar que es sordo, pero, y ¿luego?. Hay una cadena de eventos comunicativos, desde la solicitud de la consulta, un ir y venir de preguntas para describir los síntomas, entender el diagnóstico, seguir las recomendaciones del médico, hasta llegar al momento de surtir la receta. Es muy probable que intente leer los labios y así reconocer algunas palabras, o que trate de comunicarse a través de la escritura. Hará un esfuerzo con resultados frustrantes y volverá a experimentar ese sentimiento que lo ha acompañado desde niño, esa sensación de ser ajeno al mundo que le rodea.

Se ha demostrado que en la atención a la salud en general hay un trato desigual u omiso para los sordos señantes.2 La pandemia no hizo más que agudizar su situación. No es de extrañar que el presidente de la Federación Mundial de Sordos (WFD), Josep J. Murray, hiciera un llamado urgente a que las asociaciones de sordos de cada país demandaran a sus gobiernos el acceso oportuno a la información sobre la pandemia de covid-19, en la lengua de señas de cada comunidad.3 Esta demanda incluía no sólo la interpretación del contenido transmitido en los noticieros, sino los mensajes ofrecidos por distintas instancias del sector salud y las comparecencias ofrecidas por especialistas de distintos ámbitos.

Al tratar de atender esta petición en México se puso en evidencia la situación de los intérpretes de lengua de señas mexicana: desde el número reducido de estos profesionales, hasta la falta de competencia de algunos de ellos. Es lamentable que haya personas que ostenten ser intérpretes (ILS) sin tener la preparación adecuada, y se cobijen en el hecho de que sólo existe la posibilidad de tomar cursos ante la falta de una oferta universitaria que regule su formación.  Hay una urgencia real de contar con estos profesionales. Por lo tanto, habría que preguntarnos por qué no se ha impulsado la creación de una carrera universitaria de intérpretes en lengua de señas mexicana. Dónde queda el respeto a la lengua y a la cultura de la comunidad sorda si no se discute la importancia de formar a los ILS con el mismo grado de exigencia académica que se le pide a los intérpretes de lenguas orales.

Por otra parte, cabe destacar que la responsabilidad de hacer llegar la información de manera veraz y oportuna a la comunidad sorda no es exclusiva de los intérpretes. De hecho, las asociaciones de personas sordas además de demandar el derecho al acceso a la información en LSM, también han propugnado por un trabajo colaborativo con algunos intérpretes para solventar los retos de traducir e interpretar discursos con un alto contenido informativo, como es el caso al referirse a la pandemia de covid-19.  Sin duda, el liderazgo de varios miembros de la comunidad sorda nos permite observar que estamos en un momento en el que la comunidad está asumiendo la responsabilidad sobre su propia lengua. No se concretan en ser meros receptores del discurso que es interpretado, sino que hay una discusión amplia sobre la forma y el contenido del mensaje que es interpretado en la LS. En ese sentido, resulta indispensable tener en cuenta la heterogeneidad sociolingüística de los miembros de la CS: no todos tienen la misma competencia lingüística en la LSM, ni el mismo capital cultural y educativo, lo cual repercute en la comprensión del mensaje que se interpreta, sobre todo si se trata de temas especializados como, por ejemplo, la epidemiología. Esto está en sintonía con una de las recomendaciones enunciadas en conjunto por la WFD y la Asociación Mundial de Intérpretes de Lengua de Señas (WASLI) el 19 de marzo de 2020, sobre impulsar la participación de las personas sordas en los procesos para informar sobre el nuevo coronavirus.4 Seguir este consejo implicaría reconocer la capacidad de organización y autonomía de las asociaciones de sordos, y su pertinencia para atender las necesidades de sus miembros.

En un contexto como el que estamos viviendo, acceder a la información es vital. La inclusión del cuadro del intérpreteen el reporte diario sobre el covid-19, que se ofrece por televisión abierta, es lo menos que se podía esperar. Me gustaría pensar que los oyentes que asistimos a esa cita cotidiana, no sólo hemos comprendido la relevancia del uso de la LSM, sino también hemos atestiguado el valor de poder mantenernos informados a partir del uso de nuestra propia lengua. Atendamos a esta nueva oportunidad de reflexionar sobre la diversidad lingüística de México. No queda más que abrir bien los ojos, todo está a la vista.

 

Miroslava Cruz-Aldrete
Universidad Autónoma del Estado de Morelos.


1 Los movimientos realizados con la cara, la cabeza y el cuerpo se denominan rasgos no manuales. Cruz-Aldrete, M. 2008. Gramática de la Lengua de Señas Mexicana. Tesis de doctorado. Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios. El Colegio de México.

2 Alan Edmond, Matthew Ridd, Hilary Sutherland, Lorna Allsop, Andrew Alexander, y Jim Kyle (2015), en “The current health of the signing Deaf community in the UK compared with the general population a cross sectional study”, hacen referencia a las condiciones de marginalidad de un gran sector de la población sorda adulta para acceder a la atención médica, y a la información sobre el cuidado de la salud.

3 Para una mayor información se sugiere visitar la página de internet de la WFD.

4Directrices para proporcionar acceso a la información de salud pública en lenguas de señas nacionales durante la pandemia del coronavirus”.

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Publicado en: Voltear a ver

5 comentarios en “Saber qué dice el silencio: las lenguas de señas hoy

  1. Excelente artículo y extraordinario espacio de reflexión y sobretodo de visibilización del tema de discapacitados. Me encantaría participar, soy una mujer con discapacidad motora y vivo en Oaxaca.

  2. Excelente artículo de la Dra. Cruz-Aldrete. La pandemia ha afectado en muchos aspectos de su vida a la comunidad sorda. El necesario “quédate en casa” también les ha perjudicado en forma particular. Muchos sordos vienen de familias donde son los únicos sordos y los únicos que señan. Se ven obligados a formar su propia comunidad con otros sordos. En los lugares donde tienen servicios para ellos como la escuela, sus profesores, compañeros forman parte de su comunidad. El quedarse en casa los aísla…
    Nuevamente gracias a Nexos y a Miroslava por hacer divulgación científica sobre este importante tema.

  3. Gracias por su gran apoyo a personas sordas tengo un hijo sordo y creo q sin sigue faltando mucha información gracias

  4. El i interés por las necesidades de esta población es de importancia para mucha gente. En lo personal estoy muy interesada en aprender este lenguaje no hay manera ef aprenderlo realmente en forma y por línea el plan es muy malo.

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