Los problemas ecológicos del planeta sin duda afectan la salud de los seres humanos: la más reciente advertencia es la pandemia de covid-19. Con la nueva serie “El cuerpo ante la crisis ambiental”, los blogs Crisis Ambiental y (Dis)capacidades exploran las consecuencias de esta desestimada relación.
Luego de pasar por un aborto a los 23 años, Andrea empezó a reflexionar sobre la maternidad. “Al momento de cuestionarme si quería o no ser madre en el futuro, apareció el tema del cambio climático, que desde entonces ha influido en mi decisión de ejercer o no mi maternidad y también en qué momento hacerlo”, cuenta. Dos años después, la idea de ser madre en un mundo atravesado por una crisis climática y ambiental le ha ocasionado a Andrea ansiedad, tristeza, decepción y frustración, lo que se suma a un diagnóstico de depresión con síntomas de ansiedad que recibió en abril de este año a causa de otras preocupaciones.
Sus síntomas son compatibles con la ecoansiedad, una condición definida en 2017 por la Asociación Americana de Psicología (APA, en inglés) como un miedo crónico a la devastación ambiental y, según el diccionario de Oxford, como una preocupación o aprehensión por los daños actuales y futuros al medio ambiente causados por la actividad humana y el cambio climático. Si bien esta es una condición que afecta a hombres y mujeres, la APA indica que las mujeres podrían ser más propensas a sufrir impactos en su salud mental debido a la crisis ambiental, lo mismo que los niños, los adultos mayores y los indígenas dado que se trata de colectivos a los que el cambio climático afecta más, pues cuentan con menos recursos materiales y financieros para enfrentarla, realizan las labores de cuidado, sufren otros tipos violencia y dependen más de los recursos naturales. Entre las mujeres esto se relaciona directamente con sus decisiones de planificación familiar.
A pesar de la previsible degradación ambiental y el hecho de que en varias partes del mundo se empiezan a organizar movimientos como #Nofuturenochildren (“sin futuro no hay hijos”), la ecoansiedad no es aún un tema prioritario para la salud pública.

Ilustración: Raquel Moreno
¿Cómo afecta la ecoansiedad a las mujeres en México?
Los problemas psíquicos que se asocian al cambio climático están afectando a varias personas alrededor del mundo. En Estados Unidos, el 68 % de 2017 adultos encuestados por la APA en 2019 dijo que sintió al menos un poco de ecoansiedad. En México es difícil saber cuántas personas tienen ansiedad por los efectos del cambio climático, pues hasta ahora no hay estudios ni registros sobre esta afectación.
Para indagar un poco más en la relación entre la perspectiva del cambio climático y la maternidad, entre el 21 de octubre y el 11 de noviembre de 2021 realicé una encuesta a más de cien mujeres mexicanas, de 18 años en adelante, que sintieran que la ansiedad relacionada a los efectos ambientales o climáticos hubiera afectado en su decisión de ser madres. Contestaron 105 mujeres de 24 estados de la república, principalmente de la Ciudad de México, Jalisco, Nuevo León, Estado de México y Puebla.
La mayoría de las participantes tenía de 18 a 29 años (78 % de participantes) y el resto 30 a 39 años (24 %). Casi el total de las mujeres encuestadas, el 96 %, es decir 101, considera que el cambio climático ya ha afectado su vida. Pero, ¿cómo y qué tanto?
La encuesta se proponía saber si dicho impacto había alcanzado algo tan profundo como la decisión de ejercer la maternidad. Cuando se les preguntó esto, el 23 % de las mujeres respondió que el cambio climático es el principal factor que las ha conducido a no querer tener hijos, mientras que el 55 % afirmó que es una de las razones. Es decir que, para el 78 % de las encuestadas, el cambio climático efectivamente se pone sobre la mesa al momento de pensar en tener hijos.
Algunas de estas mujeres ya manifiestan estar teniendo síntomas de ecoansiedad, como deprimirse al pensar que sus hijos tengan que experimentar los impactos del cambio climático (24 % de las mujeres consultadas), o sentir ansiedad al preguntarse qué les va a pasar a sus hijos en el futuro (20 %). Además, el 6 % incluso reporta afectaciones fisiológicas que se relacionan con la ecoansiedad. Entre ellas, problemas estomacales, incontinencia, insomnio, dolor muscular o dolor de cabeza.
Las afectaciones del cambio climático en la salud mental son parte de un proceso que comienza con la preocupación de ver un planeta contaminado y dañado, y asumir una responsabilidad individual en la conservación o deterioro del mismo. Esto genera estrés, el cual provoca dos acciones neurológicas comunes: atacar o huir, según explica en entrevista María Elena Medina Mora, doctora en psicología social y directora de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Cuando no se puede hacer ninguna de las dos, surge la ansiedad que podría convertirse en depresión si la sensación de impotencia no se controla. La investigadora menciona que, además de esos efectos a nivel psicológico, también se producen cambios bioquímicos, lo que puede conducir a que las personas requieran farmacoterapia.
Banderas rojas
Desde abril de 2021, Andrea fue diagnosticada con depresión y ansiedad a causa de la pandemia, problemas económicos y la preocupación por la inseguridad y la contaminación. Tuvo dificultades de sueño, dolor corporal y de cabeza, y desarrolló bruxismo (rechinamiento de dientes involuntario). Pasó de recibir terapias psicológicas a que le recetaran un medicamento para la depresión, que continúa tomando.
“La psicóloga y la psiquiatra me explicaron que yo había pasado por diferentes episodios de depresión y ansiedad y que mi cerebro no era capaz de disgregar suficiente serotonina [sustancia presente en el intestino, sangre y cerebro que actúa como neurotransmisor], por lo que me recetaron Sertralina”, comparte. Si bien los fármacos le han ayudado a disminuir sus niveles de ansiedad y depresión, así como a mejorar su concentración y sueño, Andrea sigue sintiéndose mal y se siente responsable por el futuro de las siguientes generaciones, incluyendo sus posibles hijos. Esta es una preocupación que comparte con su pareja, quien también tiene síntomas de ansiedad.
En la encuesta, muchas jóvenes mostraron interés por saber cuáles son las señales a las que tienen que estar atentas para reconocer síntomas o episodios más severos de esta afección. Expertas entrevistadas para este reportaje coinciden en que, si la ansiedad y estrés les impide vivir normalmente, entonces se debería considerar como un signo de alerta.
“Todas tenemos tristezas y preocupaciones y está bien, pero en el momento en que eso afecte tu capacidad de actuar, de tomar decisiones, de ser productivo, de dormir bien ––o si sienten un nudo en la garganta todo el tiempo, palpitaciones, si les cuesta trabajo respirar, si interfiere con su funcionamiento y actividades diarias–– tienen que pedir ayuda”, señala Medina Mora, también experta en epidemiología y factores psicosociales de la salud mental. Por su parte, Alice Poma, investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM, explica que “las emociones negativas respecto al medio ambiente pueden llevar a la paralización, a la inacción o a estados de ánimos muy profundos como la depresión. Ahí se entra en la patologización y en la necesidad de acudir a un psicólogo que pueda ayudar a la persona; pero hay un mundo antes de ese nivel, que es en el que está la mayoría”.
¿No tener hijos ayudará a salvar el planeta? De la huella de carbono al movimiento No-Mother
A pesar de que las jóvenes mexicanas encuestadas se sienten preocupadas por el cambio climático, la mayoría sabe muy poco o nada sobre qué es la ecoansiedad (83 %), y una tercera parte nunca ha tenido formación o capacitación en temas ambientales (27 %). Pese a ello, creen que la decisión de no tener hijos efectivamente podría mejorar el medio ambiente.
En México, la ecoansiedad ha provocado que las mujeres piensen en adoptar (18 % de las mujeres encuestadas) o definitivamente decidan no tener hijos (24 %). Incluso, aunque no se incluyó como una pregunta dentro de la encuesta, algunas jóvenes mencionaron que la preocupación por el ambiente y el cambio climático influyó en su elección de interrumpir embarazos pasados.
“En 2019 tuve que ir a abortar a la Ciudad de México y no sólo el cambio climático fue una de las principales razones por las que había decidido previamente no continuar con el embarazo. Mi cita tuvo lugar durante los días de la contingencia ambiental, lo que me complicó el viaje a la ciudad pues no podía ni circular. Esto sólo me hizo reafirmar mi decisión al darme cuenta de que no quería que mis hijos sufrieran las consecuencias del cambio climático, cuando yo ya las estoy viviendo”, se lee en uno de los comentarios de Yael, una joven que contestó la encuesta.
Las preocupaciones por el futuro ambiental del planeta han escalado al punto de detonar movimientos sociales a nivel mundial. En 2019, en Canadá surgió un movimiento conocido como #Nofuturenochildren, en el que mujeres jóvenes se comprometieron a no tener hijos a menos de que su gobierno tome acciones robustas con respecto al cambio climático. Las jóvenes canadienses están sintiendo ansiedad por tener hijos en un mundo incierto. Ya comienzan a ver algunos impactos del cambio climático, como los fuertes incendios forestales, ondas de calor o el derretimiento de glaciares cercanos, que “también son un problema para su futuro. Algunas no lo han visto directamente, pero las mujeres del noroeste global saben que el cambio climático ya está llegando”, menciona Kathryn Stone, quien terminó sus estudios de posgrado en la Universidad de Dalhousie, en Canadá, con una investigación sobre los impactos del cambio climático en la salud mental de mujeres jóvenes.
También la organización BirthStrike, originada en 2018 en Reino Unido, surgió para hacer pública la intención de muchas mujeres de no tener hijos debido a la “severidad de la crisis ecológica”.
Atender el problema de raíz
Las expertas coinciden en que, a nivel psicológico, las mujeres pueden empezar a controlar su ansiedad por identificar qué emociones sienten y comenzar a dialogar con amistades, familiares o incluso en terapias grupales o individuales. Si los niveles de ansiedad y depresión son manejables, es posible realizar actividades que permitan distraerse y estar mejor física y mentalmente. “Hay una serie de alternativas que te permiten bajar ese nivel de estrés como aprender a respirar, hacer yoga, ejercitarse… Salir de eso va a depender de los recursos internos que tienes, motivación para el cambio, autoestima elevada, haber aprendido a ser una persona resiliente”, aconseja Medina Mora.
Cuando el malestar aumenta y se presentan las señales de alerta, sugieren recurrir a especialistas para obtener atención profesional. La experta reconoce que no hay espacios de atención psicológica en todos los centros de salud y que hacen falta profesionales de la psicología especializados para atender la ecoansiedad. Tras los problemas mentales que produjo la pandemia, hubo un incremento de profesionales de la psicología, pero esto no ha sido suficiente. Sólo en algunos centros de salud de la República mexicana es posible encontrar equipos de atención psicológica.
Por su parte, la investigadora canadiense Kathryn Stone sugiere que “la mejor forma de reducir la ansiedad es actuar”. Ella compartió lo que ha escuchado en palabras de Ayana Elizabeth Johson, una bióloga marina de Estados Unidos: es importante hacer algo que la gente ame y que sea necesario para la comunidad. “¿Vas a ser diseñador gráfico? Está bien, pues el movimiento climático necesita diseñadores gráficos”, indica.
También se puede actuar desde lo colectivo, pues la ecoansiedad afecta a mujeres que podrían tener en común inquietudes, dudas e incluso soluciones. “Cada una experimenta una respuesta emocional diferente al recibir información sobre el cambio climático. Desde un enfoque sociológico no creemos que las emociones sean positivas o negativas en sí; el dolor puede paralizar si está vinculado con resignación, pero también puede movilizar si la gente se une y lo ve como una emoción compartida, ahí es donde se pueden superar esas emociones incómodas”, afirma Alice Poma, quien también es doctora en Ciencias Sociales Aplicadas al Medio Ambiente por la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. La investigadora aconseja crear grupos de ayuda autogestionados por mujeres, como ocurrió durante el movimiento feminista en los años sesenta en donde las mujeres organizaban grupos de discusión y sesiones de terapia colectiva para empoderar a otras ante el patriarcado.
Pero más allá de hacer cambios individuales o asistir a terapias grupales, atender la raíz de la ecoansiedad implica profundos cambios en las acciones y políticas de las grandes industrias, empresas y gobiernos, que son los principales responsables de la crisis climática. Como dice Andrea: “Actualmente, el cambio climático y los problemas ambientales son mi mayor preocupación con respecto a si voy a tener hijos y cómo va a ser el futuro para ellos y para mí, yo no sé si van a tener agua potable en su adolescencia o adultez. Es lo que más me abruma porque al final del día es en donde tengo menor injerencia, pues hay una falta de interés y omisión de los políticos para fiscalizar a ciertas empresas que contaminan”.
En México, las políticas climáticas son consideradas como “altamente insuficientes” por la plataforma Climate Action Tracker, debido a que se prevé un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global por la construcción de refinerías y porque se carece de metas más ambiciosas en los compromisos de reducción de emisiones (Contribución Determinada a nivel Nacional, o NDC en inglés) de país. A ello se suman las reformas impulsadas en diciembre de 2021 para que las instituciones ambientales como el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático o el Instituto Mexicanos de Tecnología del Agua se incorporen a la Secretaría del Medio Ambiente y a la Comisión Nacional del Agua, respectivamente, lo que ha sido considerado como un “desmantelamiento del sector ambiental” de acuerdo con varias organizaciones de la sociedad civil. A decir de éstas, esto afecta las capacidades del país para generar investigación técnica y científica para apoyar la toma de decisiones gubernamentales y la gestión de recursos hídricos.
Mientras tanto, de 151 empresas que operan en el país, sólo el 23 % tienen metas públicas de reducción de emisiones, según refiere un análisis hecho por WWF. Y de las compañías de petróleo, gas y carbón, la mexicana Pemex ocupa el noveno lugar en el mundo en la emisión de carbón y metano que contribuyen al cambio climático.
Industrias, empresas, gobiernos y hasta ONGs dedicadas al control poblacional han intentado responsabilizar a las mujeres por el cambio climático, basados en una narrativa de la sobrepoblación, que se originó con la tesis de Malthus de 1789. Esta perspectiva históricamente ha permitido al norte global y a las élites eludir su responsabilidad ante el cambio climático para depositarla en quienes son menos culpables: las mujeres del sur global. El feminismo nos ayuda a deconstruir esas grandes narrativas al hurgar en las estructuras del poder para transformarlo en realidades más justas y solidarias y evitar que el cambio climático reproduzca el racismo y la “maternofobia”, explicó Ana De Luca, doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM, durante una ponencia en el Programa de Investigación en Cambio Climático.
“Lo que yo podría contaminar al comprar un pantalón de mezclilla o al tener un hijo es mínimo comparado con lo que contaminan miles de compañías. Yo lo veo como una injusticia social y me abruma mucho”, dice Andrea.
Lejos de ser un simple síntoma, la ecoansiedad es un padecimiento que puede requerir atención profesional, como le sucedió a Andrea. Mientras en el país hay mujeres que piensan o renuncian al sueño de ser madres debido a esta afectación y se enfrentan a obstáculos como la falta de información o el poco acceso a terapias, la solución de fondo requeriría cambios profundos en los diversos sectores de la sociedad, que atiendan de raíz los factores que desencadenan el cambio climático tanto en nuestro país como a nivel internacional.
Yanine Quiroz
Periodista especializada en medio ambiente y cambio climático e integrante de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia.
Otros textos de esta serie:
“La integridad ecológica en la salud y el bienestar” de Enrique Martínez Meyer.
“Cuerpos y desastres naturales: las personas con discapacidad” de Alejandra Donají Núñez.
“Los efectos de la actividad minera en la salud de los mexicanos” de Marlene Cortez-Lugo, Urinda Álamo-Hernández y David Hernández-Bonilla.
“El calentamiento global y la salud” de Patricia Mussali Galante.
“La crisis ambiental y las intoxicaciones alimentarias: el caso de la ciguatera” de Erick J. Núñez-Vázquez y Antonio Almazán-Becerril.
“Ni los parques ni la salud son para todos” de Cristina Ayala-Azcárraga y Marcelo Canteiro.
“Territorios sanos: una ecología de cuerpos, mentes y ecosistemas” de Ximena González Grandón.
Anexo
Recomendaciones para manejar la ansiedad:
De acuerdo con la psicóloga María Elena Medina Mora, los diferentes niveles de malestar mental suelen requerir distintos tipos de acción. Te compartimos una recopilación de recomendaciones que nos compartieron las expertas y que recabamos de otros sitios de atención a la salud.
Para quienes tienen ánimo decaído o se sienten tristes:
• Grupos de apoyo a mujeres en esa situación. ¿Conoces la Línea de Atención Emocional para Mujeres en Crisis? Se describen como una “red de psicólogas y terapeutas feministas que brindan atención en crisis de manera gratuita a mujeres, así como terapia psicológica con cuota sorora”. Esta es su página en Facebook.
• Tener conversaciones, terapias colectivas. Muchas veces se requieren pocas citas, en las que una pueda decir: “esta es mi realidad, esto es lo que quiero”.
• Ejercicio o deportes para bajar ansiedad
• Aprender a respirar. Consulta el tutorial que ofrece el INPRF.
• Yoga
• Técnicas de activación emocional
• Meditación
• Técnicas para identificar emociones. En ocasiones no somos conscientes de las emociones, si las identificas puedes encontrar una solución.
• Platicar con amistades.
Malestar medio, ansiedad y dificultad para tomar decisiones y paralizada por el estrés:
• Buscar centro de salud con atención psicológica
• Atención telefónica como parte de un servicio gratuito que brinda la Facultad de Psicología de la UNAM. De lunes a viernes, de 8 a 18 horas: 55 5025 0855.
• Buscar psicoterapia en centros de salud privados
• Atención plena o mindfulness. Se busca poner atención plena en el ahora, en lugar de estar pensando en cosas negativas, eso ayuda a disminuir el nivel de estrés y concentrarte en lo que es importante. ¿Qué estoy sintiendo ahora y por qué estoy sintiendo esto? Consulta el material del INPRF.
• Orientación Médica Telefónica a aseguradas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), 800 2222 668 opción 4, de lunes a viernes de 8 a 20 horas. Psiquiatras y psicólogos te brindarán acompañamiento y técnicas de relajación durante crisis.
Si hay malestar emocional mayor:
• Servicios especializados en Hospitales Generales de Zona del país
• Consulta externa en el Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente. Consulta su página y sus números: Ciudad de México, 55 4160 5372, interior de la República: 55 4160 3282.
• Buscar un diagnóstico especializado para recibir farmacoterapia
• El Seguro Social cuenta con Hospitales de Psiquiatría en Ciudad de México
• Hospital de Psiquiatría con Unidad de Medicina Familiar (UMF) No. 10. Calz. de Tlalpan 949, Niños Héroes, Benito Juárez, 03440 Ciudad de México, CDMX. Teléfono: 55 5579 6122.
• Hospital de Psiquiatría Morelos. Calz. San Juan de Aragón 311, DM Nacional, San Pedro el Chico, Gustavo A. Madero, 07480. Teléfono: 55 5577 7292.
¿Cómo contribuir a tener un planeta sostenible?
• Tener estilos de vida diferente como producir o consumir comida local, usar menos el coche, andar en bici, disminuir consumo de carne, cambiar a dietas vegetarianas o veganas
• Brindarles educación o consciencia ambiental a sus hijes o futuros hijes
• Acercarse a movimientos sociales o al activismo
• Crear imaginario donde podamos vivir en el mundo sin destruirlo, desde el arte, por ejemplo
• Construir grupos de autoayuda autogestionados, para que las mujeres compartan con otras sus emociones sobre el cambio climático
Estoy de acuerdo en que, al poner el acento en la población, se deja de poner el acento en cómo producimos y consumimos. Sólo no hay que olvidar que la emergencia climática es sólo uno de varios problemas ambientales que hay que atender, y hay que hacerlo de modo equilibrado. No necesariamente todo lo que se propone como solución realmente lo es.
Este tema permite poner el acento en la manera que se enseñan valores actualmente. Se pide que las personas «sientan» lo que aprenden, pues se considera que una acción sin sentimientos no es genuina. Hay varios problemas en esta idea: ¿que pasa si la persona deja de sentir, debe dejar de actuar? ¿que pasa si la persona no es capaz de controlar sus emociones y sufre ataques de ansiedad?
Representa un enorme desgaste «sentir» todo el tiempo. Los numerosos cursos de «sensibilización» deberían enfocarse también en dar herramientas para manejar mejor las emociones, y evitar tanto ataques de ansiedad como reacciones viscerales ante quienes no comparten las misma ideas.