Psicodélicos y psiquiatría: modificar la visión de uno mismo

Hace tiempo que los psicodélicos son investigados en su utilidad para tratar algunos trastornos del ánimo. Este texto se centra en la capacidad que tienen estas sustancias para influir en la autopercepción, los mecanismos mediante los cuales lo hacen y las últimas investigaciones al respecto. 

“Y, ¿qué he hecho con mi cuerpo y mente hasta ahora? ¿Qué puedo hacer de hoy en adelante? No imaginé en ningún momento que la nueva vida se habría de presentar despejada de obstáculos, más cómoda o más fácil. Pero el mundo ha tenido un pequeño cambio. Ese cambio es el mío”.

Ilustración: Guillermo Préstegui

El pasaje anterior, tomado de una transcripción de un paciente del Dr. Salvador Roquet —psicoterapeuta mexicano pionero en el uso terapéutico de psicodélicos—, recalca un objetivo de suma importancia en el tratamiento psicológico de varias enfermedades mentales: que el paciente logre cambiar su relación consigo mismo y su forma de vincularse con otras personas y su ambiente. Este cambio en la autopercepción de los problemas personales es una de las bases de la terapia psicodélica (como también lo es de otras terapias psicológicas más convencionales) y está relacionado con ciertos efectos psicológicos positivos que estas sustancias facilitan cuando se combinan con una orientación psicológica.

Lograr este cambio de perspectiva es uno de los grandes retos en el tratamiento de los “desórdenes del distrés”, padecimientos en los que existe una constante experiencia de angustia, aflicción y estrés crónico.1 Se caracterizan por pensamientos negativos persistentes entre quienes constantemente reviven experiencias negativas del pasado o imaginan eventos negativos que podrían suceder al futuro, y quienes pueden desarrollar trastornos de depresión, ansiedad generalizada o estrés postraumático.

Crear un cambio de autopercepción que rompa con este ciclo de pensamientos negativos requiere, al menos en parte, de que la persona atraviese un proceso fisiológico que permita al cerebro adaptarse a las situaciones que el mundo presenta. Esta maleabilidad del cerebro ocurre a nivel celular a través de procesos conocidos como “plasticidad cerebral”. Incluye la capacidad del sistema nervioso de reorganizar sus conexiones sinápticas al fortalecer la conexión de neuronas y circuitos que están en constante uso, por ejemplo, o al debilitar la conexión de neuronas con poca estimulación. Otro proceso de plasticidad cerebral es la llamada neurogénesis, o generación de nuevas neuronas, la cual modula el aprendizaje de nuevas memorias incluso en la etapa adulta.2 Estos cambios plásticos en la estructura y función del cerebro facilitan un cambio en los patrones de pensamiento y conductas relacionadas con las experiencias de la vida. Aquellas personas cuyos procesos de plasticidad cerebral están afectados —como quienes sufren desórdenes del distrés— enfrentan dificultades para generar nuevas perspectivas, aprender, adaptarse y replantearse el mundo para responder a las problemáticas de la vida, lo cual a su vez provoca estrés y ansiedad.3

Así, no es sorprendente que, desde hace poco más de medio siglo, expertos en las ciencias de la salud hayan utilizado las sustancias coloquialmente conocidas como “psicodélicos” para facilitar un cambio de perspectiva en la psique. Aunque estos compuestos son ampliamente reconocidos por los efectos visuales que producen, lo que genera un mayor interés para la clínica son ciertos efectos mentales que inducen estas sustancias, tales como la introspección desde un estado de conciencia novedoso o la apertura a nuevas memorias: efectos mentales que se correlacionan con un cerebro plástico. En efecto, en la última década diversos investigadores han encontrado que los psicodélicos inducen procesos de plasticidad cerebral que ayudan a explicar los efectos terapéuticos de estas sustancias en el tratamiento de aflicciones mentales como la depresión, la ansiedad y el trastorno obsesivo compulsivo.4

Cuando se habla de psicodélicos es importante recordar que las formas en las que se clasifica a estos compuestos son variadas. Por ejemplo, se puede incluir dentro de la clasificación de psicodélicos a sustancias con las siguientes estructuras químicas: triptaminas (psilocibina, DMT), feniletilaminas (Mescalina, MDMA, 2-CB, DOM) y ergolinas (LSD). Por otro lado, otras sustancias pueden ser consideradas psicodélicas no por su estructura química, sino por sus efectos psicológicos: tal es el caso de los psicodélicos disociativos (ketamina, ibogaína). Debido a la gran variedad de compuestos psicodélicos y sus diferentes mecanismos de acción a nivel del cerebro, existen autores que agrupan estas sustancias bajo un nombre que recalque el mecanismo que tienen en común: facilitar la plasticidad cerebral y generar un cambio de conciencia a nivel de pensamientos, asociaciones y sensaciones. Bajo este argumento, se ha propuesto nombrar a estas sustancias como psicoplastógenos, del griego psyche (mente), plastos (moldear) y genesis (producir o generar).5

La plasticidad modulada por estos compuestos psicodélicos o psicoplastógenos ocurre en los circuitos neuronales que regulan la corteza prefrontal (la parte del cerebro involucrada en las funciones ejecutivas, tales como planeación, toma de decisiones, memoria a corto plazo y control emocional y del comportamiento) y el sistema límbico (una serie de estructuras neuronales relacionadas con las emociones y los recuerdos, tales como el hipocampo y la amígdala). En los desórdenes del distrés, estas estructuras cerebrales presentan deficiencias en los procesos de plasticidad. Por ejemplo, en la depresión, la corteza prefrontal tiene una conexión deficiente con el sistema límbico, lo cual provoca dificultades en el control de emociones. En el caso de la ansiedad generalizada, la amígdala cerebral (relacionada a memorias cargadas con experiencias emocionales, como miedos y ansiedades) presenta una mayor actividad y número de conexiones, lo que facilita la recurrencia de pensamientos negativos. Por último, el estrés crónico disminuye la neurogénesis del hipocampo, lo que dificulta integrar nuevos aprendizajes a la vida y limita a una persona a creencias viejas y fijas que pueden provocar ansiedades y obsesiones.6

Esta interacción entre los efectos psicodélicos y las estructuras cerebrales explica en parte los efectos terapéuticos de estos compuestos para el tratamiento de desórdenes del distrés. Existe evidencia de que estas sustancias facilitan la reversión de ciertas alteraciones en la neuroplasticidad asociadas a estos desórdenes, lo que ayuda al cerebro a recuperar su capacidad de crear nuevas asociaciones . Esta evidencia concuerda con lo que sabemos sobre las terapias convencionales para el tratamiento de desórdenes del distrés. El ejercicio, los medicamentos antidepresivos y la terapia psicológica también ayudan a revertir los déficits neuroplásticos, lo que lleva a  una disminución de los síntomas de estos desórdenes.7

Además, a nivel celular, los psicodélicos actúan por medio de receptores implicados en redes neuronales que resultan importantes para el tratamiento de desórdenes del distrés. Muchos psicodélicos (LSD, psilocibina, DMT) actúan principalmente por medio del sistema serotoninérgico, el mismo sistema sobre el que actúan las terapias farmacológicas convencionales para el tratamiento de estos desórdenes. Otros psicodélicos con acción terapéutica para los desórdenes del distrés actúan a través del sistema de glutamato (tal es el caso, por ejemplo, de la ketamina). Existe evidencia de que los psicodélicos que actúan por medio del sistema serotoninérgico también tienen efectos en el sistema glutamatérgico, lo que indica que este sistema a podría ser el común denominador que explica algunos efectos de estos fármacos, como la inducción de procesos de plasticidad de manera casi inmediata. En este punto, los psicodélicos difieren marcadamente de las terapias farmacológicas convencionales, las cuales no afectan la plasticidad sino hasta varias semanas después de iniciado el tratamiento.8

La cada vez más abundante evidencia del uso terapéutico de los psicodélicos ha impulsado una ola de investigación que busca llevar al público estas sustancias en el contexto de terapias psicológicas convencionales. Actualmente existen numerosas líneas de investigación que han generado resultados prometedores. Debido a los resultados favorables, varios países han aprobado la exploración clínica de los psicodélicos, esto con el objetivo de realizar estudios con poblaciones más grandes y en intervalos de tiempo mayores con el fin de observar efectos positivos y adversos a largo plazo. Este tipo de pruebas, conocidas como pruebas de Fase III, busca comprobar que los psicodélicos generan una mejor respuesta en los desórdenes del distrés y otros desórdenes mentales que los tratamientos farmacológicos actuales. Actualmente, investigadores en Estados Unidos y Europa realizan pruebas clínicas de Fase III para evaluar el  uso de psicodélicos contra la depresión (LSD, psilocibina, ketamina y DMT), ansiedad (LSD, psilocibina) y estrés postraumático (MDMA); así como para contrarrestar la adicción al alcohol (psilocibina, MDMA y ketamina), a la nicotina  (psilocibina) y a los opioides (ibogaína); además de para tratar la anorexia nerviosa (psilocibina) y los dolores de cabeza intensos conocidos como cefalea en racimos (LSD).9

Si estas pruebas obtienen buenos resultados, es posible que una agencia regulatoria —la FDA en Estados Unidos o la EMA en la Unión Europea— apruebe el uso comercial de psicodélicos para el tratamiento de estos padecimientos. Hasta la fecha, la FDA sólo ha aprobado el uso comercial de la ketamina en el tratamiento de adultos con depresión que no se han beneficiado de otros fármacos antidepresivos. Aunque la ketamina se convirtió en el primer psicodélico en recibir aprobación clínica —además de ser el primer tratamiento novedoso contra la depresión en 25 años— su uso sigue restringido a unas cuantas clínicas especializadas en Estados Unidos y Reino Unido. Adicionalmente, todavía se debe comprobar la seguridad de este fármaco con su uso prolongado, estudiar su potencial de abuso y establecer su eficacia como antidepresivo a través de estudios adicionales. Es probable que en un futuro próximo otros psicodélicos sean aprobados para usos clínicos, pero todavía queda un largo camino antes de que estas sustancias puedan ser accesibles en la terapia al público general en países como el nuestro.10

 

Santiago García Ríos
Biólogo egresado de la UNAM con formación en neurociencias.


1 Megan E. Renna et al., “Emotion Regulation Therapy and Its Potential Role in the Treatment of Chronic Stress-Related Pathology Across Disorder”, Chronic Stress, Thousand Oaks, California, 2020.

2 Katherine G. Akers et al., “Hippocampal neurogenesis regulates forgetting during adulthood and infancy”, Science, Nueva York, 2014.

3 Benjamin Todd Johnson, The Relationship Between Cognitive Flexibility, Coping, and Symptomatology in Psychotherapy, Tesis de Maestría, Marquette University, 2016.

4 Franz X. Vollenweider y Mark Kometer, “The neurobiology of psychedelic drugs: Implications for the treatment of mood disorders”, Nature Reviews Neuroscience, Londres, 2010.

5 Calvin Ly et al., “Psychedelics Promote Structural and Functional Neural Plasticity”, Cell Reports, 2018.

6 Chittaranjan Andrade y N. Sanjay Kumar Rao, “How antidepressant drugs act: A primer on neuroplasticity as the eventual mediator of antidepressant efficacy”, Indian Journal of Psychiatry, Bengala, 2010;  Alonso Martínez-Canabal et al., (2019). “Hippocampal neurogenesis regulates recovery of defensive responses by recruiting threat- and extinction-signalling brain networks”, Scientific Reports, 2019.

7 N. L. Mason et al., “Me, myself, bye: regional alterations in glutamate and the experience of ego dissolution with psilocybin”, Neuropsychopharmacology, 2020.

8 Peter Gasser et al., “LSD-assisted psychotherapy for anxiety associated with a life-threatening disease: A qualitative study of acute and sustained subjective effects”, Journal of Psychopharmacology, Oxford, 2015.

9 Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies (2021, Noviembre); Dorien Tatala, “Every Psychedelic Study currently going on in Europe”, ICPR, 25 de agosto de 2020.

10 Food and Drug Administration, “FDA approves new nasal spray medication for treatment-resistant depression; available only at a certified doctor’s office or clinic”, 5 de marzo de 2019; Emmarie Huetteman, “Caution Urged over Use of Fast-Acting Version of Ketamine for Depression”, NBC News,  11 de junio de 2019.

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Publicado en: Salud mental